Dije que este blog da pena ajena... y más pena da que sea mío.
Cantina de Sirena
desahóguese o ahóguese aquí
24.1.12
18.10.11
La vejentud
Sería difícil ponernos al día. Son demasiadas cosas y a la vez, todo sigue exactamente igual. Un poco más cínica, más resistente a los golpes. Como vajilla de melamina, con algunas grietas pero nada grave.
Mis días de juventud han terminado, eso sí. Es decir, me declaro adulta. El otro día leía un reportaje sobre eso y me quedé pensando si el asunto de pasar de la adolescencia eterna a la adultez tiene que ver con el tener hijos (algo que explicaría por qué algunas personas no la alcanzan jamás y siguen viviendo en el hedonismo puro y delicioso, la verdad). Luego pensé que en mi caso, la llegada de mi sobrino tiene un poco ese efecto. Yo me siento responsable de alguien, tomo las decisiones pensando si eso podrá traerle estabilidad a él en el futuro, si con esa decisión me acerco un poco más a la tía que quiero ser. Es algo extraño. Quien no lo ha vivido, tal vez no entenderá.
Pero el paso a la adultez tiene que ver también con otras decisiones: se acabó la búsqueda del poeta, del guerrillero, del que piensa que alcanzar a duras penas el fin de mes y que le corten el celular de vez en cuando es cool y signo de rebeldía. Se acabó entonces, aquel terror a encontrarme de pronto sentada frente a un hombre serio, que usa corbata en su trabajo, que tiene responsabilidades, que supo definir qué quería y lo reinventa constantemente sin hacer saltos al vacío. Se acabó el terror al ingeniero (perdone usté, querido inge, pero así son mis rollos). Se terminó ese huequito en el estómago que me hacía creer que todas las historias tendrían que repetirse y que así como el alma artista de mi madre ha terminado por ser una grulla de origami que se dejó a medio doblar, así igualito algún ingeniero vampiro me robaría la mía.
Y apenas estaba yo descubriendo eso y sonriéndole a un ingeniero en específico, con una corbata en específico, con responsabilidades en específico y unos giros artísticos en el guión (que tampoco exageremos, algo de poeta debía tener)... cuando de pronto él dice:
"es que ese día no puedo, porque quedé de salir con una chica" (ouch)
y más tarde dice:
"pero por ejemplo, la chica con la que me estoy mensajeando..." (re-ouch)
"escribe todo en resumen. Me toma cuatro minutos entender los mensajes. Escribe como 600 palabras por minuto, porque no usa vocales y..." (plop)
-¿Cuantos años tiene? -dije yo
"20"- dijo él (mega-plop)
Y entonces no pude ver ni escuchar nada más, por el sonido de las medallas cayendo estrepitósamente bajo la mesa, sumado a la niebla que hacen los castillos en el aire cuando me explotan en la cara.
Recordé entonces, el asunto del espiral. De cómo podemos pensar que caminamos al lado de alguien sin saber que vamos en diferentes giros de la vida. Recordé aquella frase de mi mamá: "es que cuando usted va, yo ya vengo de vuelta" y comprendí a qué se refieren mis amigas con eso de que los hombres de nuestra edad quieren una de 20 y que el público meta está en los 40s ¿o 50s? (RE-MEGA-PLOP).
Y yo ya vengo de vuelta. En los últimos años he asaltado tantas cunas que corro peligro de ser demandada por madres indignadas, exnovias, amigas con esperanzas, instituciones de protección a la niñez, entre otras. Pero (que siempre hay uno) al parecer me harté demasiado tarde. Cuando ya se ha pasado a la adultez, comienza a enfrentarse una a las crisis de la mediana edad de las criaturas masculinas. Y estoy que me lleva el diablo.
Gracias.
2.10.10
What you see is what you get
Cuando estaba en la U, estudiábamos una etapa llamada "La Crisis de la Mediana Edad". Ya no recuerdo a qué edad pasaba eso según los libros pero sé que tampoco es la crisis de los 50 así que bien podría ser que nos toque ahora.
Digo "nos" como para no sentirme tan solita en este momento subjetivo de mirar hacia atrás y decir: todas las decisiones que he tomado me han traído al lugar en el que estoy. ¿Me arrepiento de algo? ¿Qué hubiera cambiado? ¿Cómo serían las cosas si...?
En general, me arrepiento de muy pocas cosas en la vida:
1. De haber estudiado psicología (las consecuencias de esa equivocada decisión las he logrado sortear bastante bien).
2. De no haberme amarrado a la puerta de la casa de la infancia para que no la vendieran (tal vez no hubiera evitado que la vendieran pero me hubieran llevado a terapia cuando era más joven y no me la pagaba yo).
3. De haber conocido Mérida, Yucatán. Por mucho, es el último lugar al que debí ir en aquel viaje de enamoramiento con México.
De ahí en más, no creo que cambiaría en mucho el rumbo de mi vida. Aunque algunos días (sobre todo ahora, cuando me enfrento una vez más a ese período de angustia que surge del ser "profesional independiente" que mejor haríamos en llamar "El Club de la Zozobra") me dé por desear tener un marido oldfashioned que pague todas mis cuentas y me permita excentricidades como escribir novelas y ser activista de software libre en lugar de gastar en salón de belleza, ropa y gimnasio.
Eso no existe. Entonces, aunque me pese en las espaldas el tener que cargar conmigo y no tener una casa de mamá donde ir a refugiarme del desempleo, soy una feliz mujer independiente, tal vez no autosuficiente pero al menos autogestionaria.
Y aquí es donde la otra voz, nos pregunta qué tiene que ver todo eso con no tener con quien compartir los gastos, el desayuno, los domingos lluviosos y en general, la vida. Esas son cosas que no sabemos respondernos. Esas decisiones que no son de carrera, tal vez habría que evaluarlas para no arrepentirse de lo que se echó a perder, sino de haber siquiera emprendido aquellas aventuras. Cuando se busca en la canasta equivocada no es posible esperar encontrar lo correcto.
Por otro lado, surge entonces una lista de personas a las que he dañado. Hasta hace poco, yo creía que nunca le había hecho daño a nadie, que todos los ingratos me habían tocado a mí y que era una pobre víctima. Y no. Uuuuhhh que no... Buscando en la canasta equivocada, he terminado exigiendo cosas que esas personas jamás podrían dar. Y en esa exigencia, les he dañado. Y lo he hecho en duplicado, porque además de hacer el daño he reclamado que la víctima soy yo. Éramos ambos, pero no tenía forma de saberlo hasta ahora.
Y no voy a editar. No me interesa que los párrafos no estén bien redactados o lleven un hilo conductor sensato. La otra tarde me senté con un amigo que hace tiempo no veía y me descubrí hablando de trabajo, de carrera, de viajes... y parecía tener una vida extremadamente excitante y exitosa. Hasta que llegamos a la pregunta sobre el amor y no me quedó más remedio que decir que no he tenido suerte. Y cuando ya una tiene que citar canciones comerciales de la radio, se ha llegado a un punto de inflexión. No sé si sirve de algo verlo, pero es todo lo que hasta ahora se me ocurre.
Tan tan.
Digo "nos" como para no sentirme tan solita en este momento subjetivo de mirar hacia atrás y decir: todas las decisiones que he tomado me han traído al lugar en el que estoy. ¿Me arrepiento de algo? ¿Qué hubiera cambiado? ¿Cómo serían las cosas si...?
En general, me arrepiento de muy pocas cosas en la vida:
1. De haber estudiado psicología (las consecuencias de esa equivocada decisión las he logrado sortear bastante bien).
2. De no haberme amarrado a la puerta de la casa de la infancia para que no la vendieran (tal vez no hubiera evitado que la vendieran pero me hubieran llevado a terapia cuando era más joven y no me la pagaba yo).
3. De haber conocido Mérida, Yucatán. Por mucho, es el último lugar al que debí ir en aquel viaje de enamoramiento con México.
De ahí en más, no creo que cambiaría en mucho el rumbo de mi vida. Aunque algunos días (sobre todo ahora, cuando me enfrento una vez más a ese período de angustia que surge del ser "profesional independiente" que mejor haríamos en llamar "El Club de la Zozobra") me dé por desear tener un marido oldfashioned que pague todas mis cuentas y me permita excentricidades como escribir novelas y ser activista de software libre en lugar de gastar en salón de belleza, ropa y gimnasio.
Eso no existe. Entonces, aunque me pese en las espaldas el tener que cargar conmigo y no tener una casa de mamá donde ir a refugiarme del desempleo, soy una feliz mujer independiente, tal vez no autosuficiente pero al menos autogestionaria.
Y aquí es donde la otra voz, nos pregunta qué tiene que ver todo eso con no tener con quien compartir los gastos, el desayuno, los domingos lluviosos y en general, la vida. Esas son cosas que no sabemos respondernos. Esas decisiones que no son de carrera, tal vez habría que evaluarlas para no arrepentirse de lo que se echó a perder, sino de haber siquiera emprendido aquellas aventuras. Cuando se busca en la canasta equivocada no es posible esperar encontrar lo correcto.
Por otro lado, surge entonces una lista de personas a las que he dañado. Hasta hace poco, yo creía que nunca le había hecho daño a nadie, que todos los ingratos me habían tocado a mí y que era una pobre víctima. Y no. Uuuuhhh que no... Buscando en la canasta equivocada, he terminado exigiendo cosas que esas personas jamás podrían dar. Y en esa exigencia, les he dañado. Y lo he hecho en duplicado, porque además de hacer el daño he reclamado que la víctima soy yo. Éramos ambos, pero no tenía forma de saberlo hasta ahora.
Y no voy a editar. No me interesa que los párrafos no estén bien redactados o lleven un hilo conductor sensato. La otra tarde me senté con un amigo que hace tiempo no veía y me descubrí hablando de trabajo, de carrera, de viajes... y parecía tener una vida extremadamente excitante y exitosa. Hasta que llegamos a la pregunta sobre el amor y no me quedó más remedio que decir que no he tenido suerte. Y cuando ya una tiene que citar canciones comerciales de la radio, se ha llegado a un punto de inflexión. No sé si sirve de algo verlo, pero es todo lo que hasta ahora se me ocurre.
Tan tan.
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