Creo que es momento de contar esta historia:
Cuando tenía 5 años y estaba en primer grado (un año adelantada, porque ya sabía recortar y pintar) un compañero siempre esperaba junto a la puerta hasta que yo llegara, para abrirme la puerta amablemente. A mí, el gesto me gustaba y lo conté a mi familia. Su respuesta fue una burla –al menos eso entendí yo- y las consiguientes frases: “ay, le gusta “car´e banano” (así le decían al pobre rubiecito)”. Yo, aprendiendo a vivir, seguramente pensé que era vergonzoso que a una le gustara un chiquillo y me enfrasqué eternamente en ocultar toda futura atracción. Así, de adolescente, vivía “enamorada” siempre de lejos, o de muy cerca pero a escondidas. Después, le entraba a relaciones tipo amig-ovios para que nadie se enterara jamás de que había un real interés y así siempre parecía estar en total control de la situación. Más adelante, di un gran paso pero a medias ¿Por qué cuento esta larga historieta traumática infantil y sus consecuencias? Ya se irá comprendiendo.
El año pasado, mi canasta de deseos de año nuevo decía lo siguiente: “... han llegado a develarse las más grandes esperanzas, de que este año que sigue, comenzando bien terminará bien y me hará bien. Así que uno de los deseos de año nuevo es ser más valiente, para sumergirme en sus brazos y ceder al encanto...” En el 2005, fui valiente, me sumergí, aposté todo... misión cumplida a pesar de sus resultados dolorosos. Termino el año con una herida honda que aún sangra de vez en cuando, pero no me arrepiento. Este año, superé el trauma infantil. No hubo nadie en este mundo, absolutamente nadie que no supiera que me había enamorado locamente y tampoco hubo nadie que no supiera después que me habían roto el corazón (me lo patearon, sí, ajá). Y no me arrepiento y lo agradezco a la vida, aunque a veces hasta a mí me suene a mentira si lo leo entre las lágrimas.
Había más propósitos en mi lista y puedo decir que los he cumplido, al menos de forma modesta. El mundo no es más justo, pero yo busco mover un poquito las palancas para que lo sea, aunque sea en pequeño.
He seguido mis proyectos y tengo claros mis planes a futuro, que son lo bastante flexibles además, para moverme entre irme con una beca a España, irme a vivir a Liberia, hacer maestría en San José o seguir planes para El Salvador, pasando por dar clases... tantos caminos me llevarían al mismo lugar donde quiero estar dentro de algunos años.
Solamente hay un propósito que es proyecto arrastrado para el 2006: volver a cantar. No he hecho aún mi lista de deseos, hasta ahora, sólo he hecho un recuento de lo cumplido. Y bueno, no será de deseos, sino de metas... de nada sirve desear si no hacemos lo necesario.
Sin temor a equivocarme, este año ha sido el mejor de toda mi vida. Amor, éxito, claridad, crecimiento, dolor, conocimiento, paz, trabajo, proyectos, mis amig@s, felicidad en mi familia, sentir el alma y aprender a escucharme, pasión, entrega... todo eso condimentó mis días y acompañó mis noches. Vida, cosmos, dios o lo que seas: ¡gracias!
PD: La foto la salvé hace tiempo
bajo el nombre Felipe Rojas.
No encontré la fuente.