1.2.19

Desolation Road

He estado escuchando puro José Alfredo. Pensé primero que era un poco ridículo tener una cabanga imaginaria por un enamoramiento imaginario, pero luego entendí que había varias acumuladas y este crush que hizo crash solo las sacó a la luz.

Mi artista regresó, como regresa siempre, sin saber cuánto tiempo se quedará. ¿Lo recuerdan? Está aquí y por todas partes de este blog. A los cincuenta, dijimos. Y esos cincuenta están cada vez más cerca así como nosotros estamos cada vez más lejos. De quien fue, no sé bien qué es lo que queda. Habría que hacer mucho trabajo raspando capas y capas de todas esas vidas que han pasado encima suyo y encima mío. Me da pereza. Me da miedo. Me da tristeza. La verdad no lo sé. Solo siento que de aquellos dos que un día prometieron vivir por fin un extraño sueño, no hay ni siquiera una foto.

También pasó que murió Benito. Murió de una forma horrible, que sin embargo parecía ser el único desenlace posible para esa vida. Nadie va a convencerme jamás de que eso no fue un suicidio en incómodas cuotas semanales. Y dolió, la verdad es que dolió. En ese momento, a eso le llamaba yo dolor. Sin embargo la vida tenía otros planes.

Creo que jamás hablé de él. Parte de este duelo tiene que ver con eso, con amar a una persona profundamente y descubrir la magnitud de ese amor en el momento de mirar su cuerpo dentro de un ataúd. Y algo se quebró aquí adentro, como no se había quebrado con el desamor de Shanlucid, como no se quebró cuando murió La Abue. Jamás he sentido un dolor tan absoluto, tan agujero negro, tan determinante. No he podido superarlo ni asimilarlo. ¿Es demasiado pronto? Tal vez. No parece haber ninguna salida posible que no sea dejar que mi pésima memoria lo desvanezca, que se me olvide su voz, la forma de su olor, el color de su pelo, su casa, sus manías, su café espresso con leche condensada. Yo lo amaba y ni siquiera sé de qué manera. No era un amor romántico ni sexual. Había una puerta de clóset entre los dos que lo hacía imposible. Pero alguna vez hablamos de adoptar un niño. ¿De verdad lo hablamos o lo imaginé? No lo recuerdo. Otra vez hablamos de cómo La Abue quería que me casara con él. La Abue lo amaba, eso creo. Ella tenía esa forma especial de sentir a la gente con toda el alma y si hubo alguna vez un alma hermosa dentro de un cuerpo de hombre en esta tierra, esa era la suya. Y de una falta así una jamás se recupera. La rodea, la evade, la disfraza, maquilla o a mi estilo, la olvida. Pero jamás se recupera porque es la falta que deja un amor imposible cuando es sin duda alguna verdaderamente imposible. Cuando la muerte se encargó de cerrar cualquier oportunidad.

Así que no es por ese crush que hoy escucho a José Alfredo. Canta, canta, canta palomita blanca mientras mi alma llora.

Obra de Jaime Pulido. Un regalo de Ana la del bosque y de Cianuro.

21.7.18

Chau

En el 2006 ya había escrito sobre la palabra ilunga:
Ilunga es una palabra del idioma tshiluba "que se habla en la región suroriental de la República Democrática del Congo..." ese país antes llamado Zaire... tierra de músicas hermosas y saqueos ancestrales de cobalto, diamantes y uranio.

Mil lingüistas decidieron hace algunos años, que traducir "ilunga" es tarea bien difícil. "Ilunga" significa una persona que está dispuesta a perdonar cualquier abuso la primera vez, a tolerarlo la segunda, pero nunca la tercera, reportó la BBC en el 2004. No sé si nacería en el Congo, para catalogar a los pillos que colonizaron y gobernaron el país. En ese caso, podríamos usarla pronto los ticos ¿no?" 

La he estado recordando una vez más, porque otra vez volví a dejar pasar una primera, una segunda y hasta una tercera. Y no es que sea yo una defensora a ultranza de eso que llamamos dignidad (la que no es en términos políticos no la comprendo bien) pero ya basta. Ya basta para ambos. Basta. Basta de engañarnos pensando en lo que cantaba Fito Páez. Sí, fue amor, fue amor pero lo quemamos, lo gastamos como Stick Boy y Match Girl, lo echamos a perder y aunque lo hemos intentado, no parece tener remedio. No importa cuánto odiés cuando digo jamás o nunca; lo echamos a perder y es mejor que de una puta vez lo reconozcamos.



Diez años de anestesiar un amor en un frasquito, de sacudirlo cuando termina un sexenio más, de volver a soplarle a las ilusiones, de que hagás planes y promesas que hoy, igual que hace seis años que hace diez, no quisiste cumplir. Basta.

Y sí, no importa cuantos años pasaron; así como estaba anestesiado el amor también estaba el dolor. Pero ya pasará. Y esta vez será distinto, porque la que venías a buscar tal vez ya ni siquiera exista. ¿Y si tu promesa incumplida era la última movida del borrador que sostenía en mi mano? Si supieras lo decisivo que era verte, tal vez, quién sabe, a lo mejor estarías aquí.



27.8.17

No sé si podría existir una relación amorosa significativa con alguien que no conozca este lugar.

Cassette en autoreversa


Lado A: Es un espejismo. Obvio que es mucho más fácil sentirte cercana a alguien que está lejos, aunque parezca absurdo. Es simplemente una cobardía, una incapacidad de conectarte con quienes tenés cerca, de abrirte.

Lado B: Nadie dijo que la gente querida tenía que estar en la misma ciudad, en el mismo país, ni en el mismo continente. No es cobardía, sencillamente las cosas son así. Es suficientemente difícil que un alma se conecte con otra como para esperar que además, vivan cerca. Mirá con el Panda. ¿Es que acaso eso no es una prueba de que las personas con las que mejor nos sentimos están en cualquier lugar?

Lado A: Pero ¿no te parece sospechoso que esas almas siempre estén en el mismo país? ¿no habíamos decidido ya que la búsqueda del drama se quedaría en las novelas? Tal vez deberías escribir más y deambular menos en esa alucinación que un día sí y otro también, te hace pensar que allá estarías mejor, que serías feliz.

Lado B: Fuck.

Lado A: Para empeorar. ¿No acaban de estar reunidos en el mismo espacio-tiempo? ¿Acaso a alguno de los dos se le ocurrió mover un dedo para acercarse y -por ejemplo- probar cómo era una caricia?

Lado B: Fuck you, I won't do what you tell me.

Lado A: Decime algo nuevo.

Wikimedia


11.8.17

And all that's to come

Hace unos días salí con mi amigo más cercano a cenar y a hablar de la vida. Me preguntó qué ondas con el personaje a quien llamaremos el-geek y yo mentí, aunque no lo sabía. "No está pasando nada", le dije. "Y si pasa ahí veremos, que no hay prisa", agregué.

Al día siguiente salí con mi amiga más cercana, quien mejor me conoce en todo el universo. Me preguntó por el-geek. Ya eso debería haberme hecho sospechar. A veces las amigas nos conocen mejor que nosotras mismas. Yo solo dije que sí, que es un bonito muchacho, que es dulce, que es inteligente y sensible. En fin, todas esas mamadas.

Hoy leí algo que se sintió en la tripa, ahí donde está el verdadero corazón. Y entonces supe que había mentido. Está pasando todo, pero solo en este lado oscuro de la luna. Allá en su pedacito de mundo a chorrocientos kilómetros de mi, está pasando algo que nada tiene que ver conmigo.

Nada nuevo, pues.

Así se ve el lado oscuro de la luna. La foto es de la NASA.