29.12.05

A mi querido vecino

De pronto de mi boca comenzaron a salir frases estúpidas como: “las cosas pasan por algo” y “tal vez fue mejor así para él”. Quería decirte, que me duele saber que estás pasando por esto, que ante la muerte no hay palabras que calmen y que me siento impotente ante tu sufrimiento. Pero no pude.
Lo hago ahora, si te sirve de algo.




27.12.05

Recolectando el 2005

Creo que es momento de contar esta historia:
Cuando tenía 5 años y estaba en primer grado (un año adelantada, porque ya sabía recortar y pintar) un compañero siempre esperaba junto a la puerta hasta que yo llegara, para abrirme la puerta amablemente. A mí, el gesto me gustaba y lo conté a mi familia. Su respuesta fue una burla –al menos eso entendí yo- y las consiguientes frases: “ay, le gusta “car´e banano” (así le decían al pobre rubiecito)”. Yo, aprendiendo a vivir, seguramente pensé que era vergonzoso que a una le gustara un chiquillo y me enfrasqué eternamente en ocultar toda futura atracción. Así, de adolescente, vivía “enamorada” siempre de lejos, o de muy cerca pero a escondidas. Después, le entraba a relaciones tipo amig-ovios para que nadie se enterara jamás de que había un real interés y así siempre parecía estar en total control de la situación. Más adelante, di un gran paso pero a medias ¿Por qué cuento esta larga historieta traumática infantil y sus consecuencias? Ya se irá comprendiendo.

El año pasado, mi canasta de deseos de año nuevo decía lo siguiente: “... han llegado a develarse las más grandes esperanzas, de que este año que sigue, comenzando bien terminará bien y me hará bien. Así que uno de los deseos de año nuevo es ser más valiente, para sumergirme en sus brazos y ceder al encanto...” En el 2005, fui valiente, me sumergí, aposté todo... misión cumplida a pesar de sus resultados dolorosos. Termino el año con una herida honda que aún sangra de vez en cuando, pero no me arrepiento. Este año, superé el trauma infantil. No hubo nadie en este mundo, absolutamente nadie que no supiera que me había enamorado locamente y tampoco hubo nadie que no supiera después que me habían roto el corazón (me lo patearon, sí, ajá). Y no me arrepiento y lo agradezco a la vida, aunque a veces hasta a mí me suene a mentira si lo leo entre las lágrimas.

Había más propósitos en mi lista y puedo decir que los he cumplido, al menos de forma modesta. El mundo no es más justo, pero yo busco mover un poquito las palancas para que lo sea, aunque sea en pequeño.

He seguido mis proyectos y tengo claros mis planes a futuro, que son lo bastante flexibles además, para moverme entre irme con una beca a España, irme a vivir a Liberia, hacer maestría en San José o seguir planes para El Salvador, pasando por dar clases... tantos caminos me llevarían al mismo lugar donde quiero estar dentro de algunos años.

Solamente hay un propósito que es proyecto arrastrado para el 2006: volver a cantar. No he hecho aún mi lista de deseos, hasta ahora, sólo he hecho un recuento de lo cumplido. Y bueno, no será de deseos, sino de metas... de nada sirve desear si no hacemos lo necesario.

Sin temor a equivocarme, este año ha sido el mejor de toda mi vida. Amor, éxito, claridad, crecimiento, dolor, conocimiento, paz, trabajo, proyectos, mis amig@s, felicidad en mi familia, sentir el alma y aprender a escucharme, pasión, entrega... todo eso condimentó mis días y acompañó mis noches. Vida, cosmos, dios o lo que seas: ¡gracias!

PD: La foto la salvé hace tiempo
bajo el nombre Felipe Rojas.
No encontré la fuente.


25.12.05

No es cierto que hay sólo un paso...

Cuando odio,
Sé por qué odio.

No es así en el amor.

Cuando odio
Odio solamente de un modo
Compacto, negro,
Avasallador.

No es así en el amor.

Cuando amo, múltiple y paciente
Parezco un constructor
(Roque Dalton, Amor y odio)

Fantasmas de odio han atacado desde ayer. Fantasmas negros, insolentes y crueles. Imágenes de odio han cruzado mi mente y se han instalado, quietas, al acecho, esperando el momento indicado. Se han activado con las notas que salen de la radio. Se han activado hoy al despertar sin desayuno. Me han atacado ayer mientras un viejo cantaba, mientras un niño vendía melcochas. Fantasmas amargos andan dándome luchas. Algunas las he ganado y otras las pierdo ahora.

Cuando odio sé por qué odio... sé perfectamente por qué odio hoy. Prefería llevar el amor dentro.

22.12.05

Mudando

Siempre hay cosas buenas del desorden de la mudanza. Hoy, por ejemplo, encontré un cuaderno viejo, donde guardaba frases cautivantes de mis libros, artículos recortados del periódico, grafittis que veía en alguna calle, la lista de cuadros que más me gustaron del Louvre, y algunas raras palabras por buscar en el diccionario: borborigmos, catoborix, cosmología eugénica (¿tendrá algo que ver con la eugenesia?), enantiodromia, teúrgico, hierograma... (¿Dónde p... habré leído esas?) y está la palabra Intersticio, la cual ahora da nombre a este blog .

En mi cuaderno, encontré cosas como ésta:

“Estoy tan solo, amor, que a mi cuarto
sólo sube, peldaño tras peldaño,
la vieja escalera que traquea”
(Juan Manuel Roca)

Y encontré que la sección Recolectando, había nacido en versión no virtual:

“las flores del kiosco... nadie te cobra por olerlas aún.
En pleno bulevar, una mamá cambia los pañales a su hijo.
Una pareja de viejos ve hacia arriba y se lamenta: la pizarra que por años les ha dado las noticias ahora dice “nos trasladamos”
Un ciego abre los oídos de la avenida central sonando su trompeta. Cuando toca cuatro notas del torito se oye gritería y silbidos”

Creo que el cuaderno dejó de actualizarse una vez que apareció la Internet como hábito... las últimas noticias son del 2001. Las frases de los libros desaparecen a partir del inicio de carrera (el tiempo de lectura se agota en cuatrimestres). Las palabras han dejado de hacerse complicadas o será que yo me he creído entenderlas todas. Los poemas seguramente se subliman aquí. Seguramente este blog lo ha sustituido, pero es más lindo el cuaderno, debo decirlo y repetirlo.

Ya veremos qué otros tesoros voy empacando en las cajas, mientras llegamos ellas y yo a nuestro nuevo mar... pronto tendré mi primer cuevita de soltera.

18.12.05

Es casi como entrar a una librería de película, de esas con un mostrador empolvado y un señor detrás, dando la bienvenida. Y no es que este lugar esté empolvado. Tampoco huele a libro viejo (ese sabroso olor inconfundible que se desprende de las páginas amarillentas, contando historias de cada antiguo dueño). El parecido, tal vez se debe nada más, a que este lugar tiene más de 80 años de estar en San José, y frente a sus ventanas babeaban de deseo nuestras abuelas y bisabuelas: es el Bazar Murano, al sur del Colegio de Señoritas. Tal vez hasta mi mamá, paseó por sus ventanas de la mano de algún liceísta enamorado...

Entramos y caímos de antojo frente a tantos cristales italianos, azulejos pintados, platones para pizza, cafeteras de espresso. Apuntábamos en la lista imaginaria de regalos: para mi hermana: esta flor de vitral; para mi abuela, este azulejo pintado a mano; para mi amiga: esta perfumera de vidrio; para su novio: este molino de café o ¿este juego de copas fosforescentes? Porque hay desde lo que alguien llamaría kitsch, hasta lo más actual. Desde un reloj de pie de dos millones hasta un adorno para escritorio de abogado (léase la balanza justiciera) de tres mil pesos. Todo aderezado por doña Gina, quien sacaba la parentela de mi amigo y nos contaba cómo era el barrio hace tantísimos años.
Fue ella quien casi, casi, solicitó este post: “¡Cuéntenle a la gente joven que aquí estamos!” nos dijo, con toda la
conciencia de quien sabe de malls y otros horribles lugares, donde nos llenamos de mercancías y nos perdemos de un pedacito de Italia en San José. Yo, cumplo con su petición y aquí les dejo el anuncio:

Bazar Murano
Importadores de la famosa cristalería
MURANO DE VENECIA
Tel. 221 3971. Del Colegio de Señoritas 175 al sur.

15.12.05

Llegó el verano hasta su orilla

Me dice que el verano ha llegado. Hay paz, hay aire, hay sol. Me dice que el proceso va cerrando y que es por eso que hoy tiene estos recuerdos. Yo, desconfío pero entiendo que va aumentando su conciencia de las cosas...

Me dice que hubo señales de que moría. Recuerda una noche con él. Jeff Buckley era el gran protagonista. Lo escuchaban juntos pero muy separados. Hoy se pregunta ¿qué cosas pasarían por su cabeza? Por la de ella, era plenitud, felicidad y ciertas dudas acerca de aquella lejanía. Por la de él, quizás una búsqueda frustrada de palabras. Quizá una justificación para abrir la puerta y decir: “que te vaya bien”.

Hubo señales, pero siempre, una ceguera temporal ataca las almas que levitan enamoradas. Señales como cuchillos regresan hoy: pelearse los minutos con un juego de guerra. Sentirse sin lugar frente a aquella pantalla y bombardeos.

Moría desde hacía un mes... quizás más. ¿Moría o había nacido muerto? Tal vez así era. Tal vez se predecía el final fatal en discusiones encontradas de visiones de mundo. Comprar un queso en lechería o supermercado, podía despertar las más profundas grietas entre sus seres, que entonces -se suponía- eran uno.

¿Demasiadas expectativas que llenar? ¿Demasiadas exigencias de ser a su medida? ¿Eran de ella esas exigencias o eran suyas? Su medida es estrecha en realidad. Sus exigencias son pocas pero profundas y hay telas que no alcanzan. Las exigencias de él son muchas y enredadas, si no se trabaja en eso, le costará la vida.

Me cuenta que ha llegado el verano, pero hoy le dio por darse cuenta que sí, que sí moría mientras ella levitaba, y quiso decirlo de nuevo: es una pena, pero era inevitable. Había sido predicho desde el día uno, cuando escribió que caerían... que el tedio se encargaría de destruir el sueño... que los cantos nunca salen como nacen.

11.12.05

Lo que quiero para navidad



PD: Este es un poema a dúo. Tal vez mejoren los que haga yo cuando me llegue de regalo una cajita de Magnetic Poetry... Creo que entonces, postearé en mi refri y no aquí.



10.12.05

Apenas comenzamos...

De toda el alma desbordada de emociones, sólo he tomado este fragmento para decirlo. Hoy, vale por todos los días de trabajo y burocracia. Hoy, habernos asociado tiene todo el sentido...
- Me parece que no querés entrar... ¿es así?
- Qué vergüenza que todos vean mi camiseta sucia
- Contame ¿por qué andás tan sucio? (tierra en la cara, la camiseta, los pantalones; enormes gotas de sudor llenan su frente)
- Es que andaba trabajando con mi tío, vendiendo verduras
- ¿Y eso te da vergüenza? (al propio haciéndome la idiota)
- No, es que ando sucio
- ¿Te ganaste una beca verdad? (cambiándole de tema, aunque en realidad, ni tanto)
- Sí, estoy muy contento.
- ¿Y vas perder la beca para que no te vean sucio?
- No.
- ¿Qué tal si nos ponemos cerquita de la puerta? Así podemos oír sin entrar.
- Está bien.
- Aquí para que no nos vean. Yo te abro la ventana, talvez podás oír mejor (y él se pone entonces, a escuchar historias de madres orgullosas, de madres que día a día hacen milagros)

Pasan unos minutos y al final lo veo entrar. Con su cabeza baja, con su pena, con la camisa sucia. Entra a escuchar que estamos todos aquí para entregar estas becas; que el año entrante para que sigan en la escuela, contribuiremos con un dinero y los útiles y que además, vamos a darles apoyo con tutorías y otras actividades. Se acerca al grupo, cabeza baja y me sonríe. Le digo que nos veremos en febrero. Él dice que le parece bien.

"I see the role of the artist as being similar to that of the philosopher in Plato's cave. The people chained to their seats watching shifting shadows play across the wall are voiceless because they do not have the tools with which to speak. It is the role of the artist to break free of those chains, confront the truths that lie outside the cave walls, and bring these truths to those still bound inside the cave"
(Wafaa Bilal, pintor).

8.12.05

¡Me niego!

Cuando alguien dijo “quiero viajar, voy a renunciar a mi trabajo” y después dijo: “Qué lindo barrio, me gustaría alquilar aquí.... ¿cuánto pagan?” escuché: “estoy perdido, no tengo un plan de vida, estoy huyendo”... Y en estos días, no sé por qué, ando una especie de gabacha invisible, una escucha aguda que se ha vuelto bastante incómoda. Me he visto a mí misma engabachada en un bar, con mis amigas. Me he visto engabachada –y así lo dije- cuando un nuevo conocido, una agradable compañía, termina con lagrimitas que brotan de sus ojos al escuchar de mi boca una verdad que es suya y que yo sólo apalabro ¿Y qué derecho tengo? ¿Y por qué hago esto? ¿De dónde sale esta gabacha que marca “eso que no soy yo”?

No todo el mundo está buscando un orden de ideas, no todo el mundo está buscando tener claro su mapa, no todos quieren escuchar esa verdades devueltas sin tapujos. Tienen todo el derecho. Y yo, ahora quiero quitarme esta gabacha simbólica que se ha vuelto molesta para mí, que me permite ver con rayos x y me hace –compulsivamente- devolver una luz que no han pedido.

Pero además esta gabacha es una farsa. El médico usa una gabacha para aclarar que no es él quien está enfermo, y usar gabacha es como decir que todo lo tengo resuelto. Nada más lejos. Estoy volando conmigo, estoy descubriendo cosas que nunca antes tuve claras para mí, pero es un proceso inacabable, por fortuna.

He aprendido la escucha que permite entrelíneas. Ahora tengo que aprender a cambiar de oídos de vez en cuando, a usar un lente menos profundo. Es algo así como cuando aprendí a cantar... la técnica se aprende para dejarla botada en algún lado, una vez que te dejaste lo que sirve. Voy en esa búsqueda. Voy a quitarme la gabacha antes que sea una maldición. Cuando se baila no se piensa... y a veces quiero bailar.

2.12.05

Merecer la vida...

Hace ya varios días, ella se sentó a escucharme, y entonces fuimos dos muchachas que conversaban sobre penas de amor, sobre esperanzas y pérdidas. Al lado nuestro, en otra silla, se sentaron sus ochenta y tantos años: un saco de años, que ella no lleva a cuestas, porque esta señora no ha llevado nada a cuestas. Ella ha ido por la vida y ha subido las cuestas, pero eso es otra cosa.

Yo, como siempre, pedí que ella sacara su canasta de recuerdos, la invité a pararse al borde del camino a verse, a asomarse hacia atrás, a saborearse de nuevo esos momentos. Me dijo entonces: “Yo, puedo morirme tranquila, porque sé que he amado profundamente... de todas las cosas de las que puedo sentirme orgullosa esa es la más importante... porque mi vida ha sido como he querido... quise ser profesional y lo fui, quise tener hijos y los tuve, a pesar de haberlos criado sola... yo he vivido esta vida con todo lo que ha traído y he amado, lo que se llama amar”.

Después, la oí lamentarse. Ella sentía que no había nada que pudiera decirme, que no hay palabras para esa enfermedad del alma. Entonces –dijo- lo que puedo ofrecerte es escucharte y abrazarte”... Y yo, que a veces no me puedo explicar, intenté transmitirle a mi manera que sí hay palabras para estos casos: esas palabras de quien ha honrado la vida, al no pararse a ver el tiempo pasar; palabras que vienen de quien ha sabido sumergirse y flotar, de quien ha cometido errores y hoy sabe cuáles fueron; palabras de una mujer, que en “aquellas épocas” alfabetizaba gente en las montañas, combatía con palabras y creía en su lucha; palabras de una mujer que se atrevió a estudiar y se atrevió a divorciarse cuando era prohibido. Ý sobre todo, le agradecí esas palabras de una mujer que siempre supo buscar su felicidad y hoy, sabe estar sola, porque se acompaña con ella misma y así se basta.

Es bueno visitar el pasado, cuando hay lugares hermosos para pasear. Espero abue, ver para atrás a tu edad y que el paisaje sea algo parecido.


1.12.05

De maldiciones y consuelos

En medio del cuatrimestre decembrino -el cual, por las fiestas, se hace quince días más corto- una intoxicación estomacal, trató de frenarme el paso. Fue imposible. Porque los trabajos en grupo no esperan y no perdonan. Después, fue esta gripe del demonio que aún hoy cargo, con tos, jarabe, fiebre y debilidad. Tampoco pudo. Al menos no ha podido. Y ya sé que el cuerpo pide a gritos un descanso, pero ahora, no se puede. Pienso: Por lo menos este es el último cuatrimestre de fin de año de mi vida. Después vendrán quizás otros formatos, en otros mundos ¿Quién sabe?

Y en medio de mis carreras, debo hacer favores a una amiga. “¡Le falta el timbre señorita!” “¿Timbre? Nadie me dijo que trajera un timbre de cien colones...” (Yo, ingenua, tratando de despertar la lástima de una funcionaria pública. Imposible). Así que cruzo la calle hacia “El Libro Azul” y sólo cargo billetes de cinco mil. Entro y le digo al vendedor: “Tengo que comprarle un libro, para cambiar el billete... ¿tiene algo de...?” Y en medio de miles de libros con mucha basura entres sus letras, encuentro dos joyitas por 2200 ambos. En menos de tres minutos salgo feliz, con dos libros nuevos y mi timbre de cien.

Semáforo en Barrio Dent (de la Embajada chilena hacia el norte). La señora de la esquina me ofrece espantosas carteritas y le digo: “no, gracias”. Entonces ella, con su rabia más acumulada empieza a decirme: “¡Oh vieja hijueputa... Ojalá se estrelle... que se estrelle!” y yo, en medio de mi cólera –la cual, extrañamente fue débil- pienso: el problema es de ella. ¿Cómo será su vida? ¿Por qué me lo reclama a mí? ¿Serán ciertas las maldiciones, harán daño? No, a mi no... ¿A mí por qué? Y así, se me ocurre respirar y soltar la mala vibra...

En resumen, recolecto carreras, cansancio y pequeños momentos de luz en estos días. Y escribo a la carrera (como muestra la espantosa redacción en ¡Se salvó el país!) porque al menos, me doy ese respiro de sentir qué está pasando por mi mente mientras corro, en mi burbuja, por estas calles de vientos navideños y de ferias de arte. Sí, este fin de semana, lléguenle a La Plaza Roosevelt: hay feria de arte y ¡este año no llueve!

Artista: Hernán Arévalo
Técnica: Serigrafía
Título: Gallo con Jaula
Año: 1998