26.6.06

DOS

Nada cabía en la maleta. Por más que estrujaba y reacomodaba, todos sus miedos e incomodidades brotaban de los cierres. Pesaban mucho: la maleta y él. Estaba inaguantable. En casa le preguntaban “pero a dónde, pero cómo, pero quién es” y él no respondía y sólo miraba con esos ojos de hoy-no-es-mi-día que tiene a veces y todos comprendían que era inútil seguir. Hoy no diría nada y mañana ya estaría en esa jungla donde el capricho lo llevaba. No era capricho, era el compromiso y también la curiosidad.

Casi olvidó sus pasajes... tres pasajes diferentes para volar a aquel lugar que un día habían convenido como en descuido, sin pensar demasiado qué tan difícil era llegar y sin poder después elegir otro. Así era ella, cuando se hacía a una idea era imposible transformarla, sobre todo si se trataba de esas fantasías. Él no se atrevió a sugerir otro destino. Sabía muy bien que tres minutos después de mencionado, ella ya estaba buscando en google la historia de ese lugar enigma.

Mientras abría la maleta nuevamente para guardar el cepillo de dientes, pensaba que era curioso cómo ella siempre quiere saberlo todo. Era curioso, encantador y molesto. A él le bastaba con lo leído en las noticias, aunque era cómodo saber que de todas formas, si el interés crecía, ya estaría ella para contarle. Le explicaría cómo fue eso de los esclavos liberados y cómo es eso del retorno a África como lugar sagrado no geográfico. Por ahora, se distraía pensando en esa noche... en el momento en que se vieran, en qué diría y cómo sería el beso posible y probable. Por un instante se veía paralizado. Al minuto siguiente se veía en un abrazo fuerte y sincero... al fin con brazos y con todo el cuerpo. Temblaba sólo pensando. Pensaba que temblaría aún más cuando llegara el momento.

Pocos segundos pasaban y dejaban certezas: todo era un loco plan, todo podía salir muy mal. Siempre había pensado: “está muy lejos para huir” pero ahora estaría cerca... Fue entonces que dijo en serio: ¿Y si huyo desde ahora? Cancelar los vuelos. Cancelar. Quedar en deuda eterna. Ahora mismo se sentiría como un perro pero pronto se le pasaría la sensación. Y además se ahorraría dinero.



7 comentarios:

tugocr dijo...

Bueno estaba pensando en hacer algo radical o en la economía?

Solentiname dijo...

Esto en entregas es como un embrujo vudu... lo captura a uno!

Trompetista de Falopio dijo...

Bravo, sirena. Vuelvo a su espacio y me encuentro con un gran post e íconos y cambios felices. Un abrazo.

Trompetista de Falopio dijo...

P.D- Me fascinan los íconos de sirenas.

Humo en tus ojos dijo...

:'( me quedé pensando en lo rentable que es romper un plantón... romper un corazoncito... si todo fuera de ahorrar dinero...

Ana dijo...

En el momento que se piensa en el dinero ya dejó no hay vuelta atrás, digo yo. Es que hay para cosas que el dinero no es razón (probablemente la totalidad de las que realmente importan)

Sirena dijo...

Tugo: ese es el punto... la economía se convierte en la excusa racional que acalla la locura.

Sole: ¡ah!!!!!! Pues sí.

Livi: Gracias por volver. En medio de tu ajetreo.

Humo: a veces ese es el argumento para todo... maldito capitalismo.

Ana: Yo digo eso también, no hay vuelta atrás.