11.6.06

UNO

Todo era desconocido. Todo. Los rótulos en francés y los anuncios en inglés por el altoparlante; los policías uniformados con cara de ex rebeldes africanos transpirando su furia acumulada, ya ni saben por qué ni saben cómo ni desde cuándo. Los miraba de reojo, por miedo, mientras pensaba si alguno de esos habría sido un tonton asesino... pero no, los números no dan -se decía- y al instante se distraía mirando los mosaicos del piso. Trataba a veces de buscar formas, de ver si con los mosaicos blancos, rojos y amarillos ya gastados por tantos pasos, se formaba alguna figura... pero no era posible saber. Había paredes que rompían las líneas... muchas paredes nuevas que cortaban las líneas de los mosaicos viejos. Aquí, ha cambiado todo menos el piso y el desorden. Mejor dicho, nada ha cambiado.

Había llegado horas antes. No hubo manera de coordinar los vuelos y fue a ella a quien le tocó esperar aquí y a él esperar en una escala de tres horas. Así que el mientras tanto ella lo pasaba leyendo historias tristes de su destino turístico. Cuando no estaba mirando el piso o viendo policías vestidos de militar, leía de esclavos y sufrimiento... y no podía evitar preguntarse ¿por qué él, el menos político de todos, había elegido este lugar? ¿De veras será el menos político o es que lo esconde para no decepcionarse? ¿No será que niega que en realidad le preocupa el mundo y le duele?

Porque un día, mientras hablaban, él le había dicho que viajaran. “Me encantaría viajar con alguien totalmente desconocido” le había dicho y ella, sin pensar, había respondido a una petición que en realidad, él nunca hizo: “vamos a Turquía”. Entonces hizo sus cálculos y no, Turquía era demasiado caro... Cuba... no era una opción si hablaban español... el lugar debía ser tan desconocido como ellos, algo exótico, un caos. Tenía que dejarlos a ambos sintiendo ¿qué estamos haciendo aquí? ¿qué somos nosotros, dos conjuntos separados de letras, en un país como éste? Así que habían decidido que sería aquí, que sería hoy, que sería así.

Y el vuelo llegaba a las cuatro y veintitrés y aún era las tres con diez. Se puso de pie para estirar la espalda y dudó de nuevo si él llegaría. Es tan miedoso -pensaba otra vez llenándose de huecos su estómago- si no aparece, ¿qué voy a hacer yo aquí?. No era un destino fácil para una mujer sola... si no se sentía segura ni dentro del aeropuerto, no quería pensar cómo estaría afuera. Habría salido a ver si se aterraba pero tantas maletas que cargar se lo impedían... no podía ni siquiera probar cómo se ve y se siente una mujer sola en un país extraño, que habla otro idioma y que está en guerra. No creo que sea capaz... aunque su miedo lo convenza, él no me dejaría sola aquí... decía de nuevo y eso la tranquilizaba. Pero inmediatamente, todo su plan se venía abajo cuando se preguntaba si en realidad lo conocía. Podía ser una historia de engaño y decepción... con título de novela de Jane Austen... y ella, la mujer fuerte y decidida no se derrumbaría pero tampoco volvería a creer.

Volvió a sentarse con las maletas a su lado, volvió a mirar el piso, volvió a mirar la gente que cambiaba de rostro pero no de actitud. Los blancos siempre con ojos de sorpresa, en una mezcla de temor y de superioridad que sólo da la ignorancia. Los negros, con ojos de desprecio y de odio, que sólo dan la historia repetida mil veces. Volvía a sus lecciones y así seguía leyendo de invasiones, de concesiones, de libertad al mejor estilo del mejor ilustrado. Seguía leyendo de dictadores y ladrones o mezclas perfectas de ambos y recordaba con su sonrisa alguna foto de la Madre Teresa con este cóctel ruin. Y entonces su mente saltaba agradeciendo, que ese libro de Hitchens le había hecho conocer a un gran amigo y que al menos eso le debe a la tal madre Calcuta que rima con palabras mayores y poco sublimes.

Eran las tres con treinta y nueve y el tiempo parecía eterno. Lo imaginaba sentado en el avión, nervioso y triste. Nervioso porque este era un paso monumental. Triste porque estaba nervioso. Siempre exigía de sí mismo lo más terrible, siempre quería ser un valiente y no le alcanzaba la tela. Era eso mismo lo que le encantaba de él, que fuera un hombre consciente de su falta, que fuera así, como un tierno niño asustado. Como un gatito abandonado que quiere caricias en su lomo pero se acerca desconfiado y luego huye. Quiere comerse el mundo y espera un tenedor adecuado. Ella en cambio, a veces come con la mano.

Eran las cuatro y dos minutos y el tiempo parecía eterno. Lo imaginaba sentado en su casa escribiéndole un correo de disculpa. Borraba y escribía, borraba y escribía, guardaba y escribía, borraba y lloraba. Lloraba y se encogía entre sus lágrimas. Cambiaba de canción y escuchaba “La moneda cayó por el lado de la soledad”... Lo imaginaba diciéndose: yo ni siquiera me atreví a tirar la moneda... de veras que soy un mierda no hay disculpa posible, mejor no escribo nada. Igual no va a querer hablarme nunca más. Y entonces lo ve cerrando su correo sin decir nada, sin decir nunca nada...

Eran las cuatro y treinta y dos y el vuelo AA803 había llegado. No había manera de saber si él venía en ese avión, no había manera. Sólo esperó, suspiró... y caminó a la salida para esperar su rostro. El sudor le bajaba por su cuello y ya en ese momento, ni recordaba aquella foto, ni recordaba aquella boca ni entendía muy bien cómo es que había llegado aquí.

7 comentarios:

Solentiname dijo...

Lo ve o no lo ve en la fila de migración? cuántas horas más espera? Me encantó-

Jen® dijo...

ouch. :(

Tonto Simón dijo...

Qué duro, pero qué buen post

Ana dijo...

Algunos se atreven a leerse el libro... a otros nos da miedo (fue lo único que pensé!)

Cianuro dijo...

creo que el futuro viaje (con o sin el) sera mucho mas fructifero ahora que ella ha reflexionado tanto respecto a lo que siente por el... ahora sabe bien lo que siente...

Humo en tus ojos dijo...

AAAAUUUUUUUUUU! YO sabía que me iba a dar SUSTO de la ANGUSTIA que me proyecta (o que le proyecto?)... por algo llevaba varios días de pasar por aquí sin leer más que el primer párrafo!

Sirena dijo...

Sole: No lo sabemos aún...
Jen: ¿Por?
Simón: ( )
Ana: ¡Por mí, me lo leo dos veces! (no sé de qué hablas pero yo sé que lo haría).
Cianuro: ¿sabe? ¿qué sabe? Bueno, veremos si sabe y si hay DOS.
Humo: ¿angustia? Naaaa... nervios bonitos.