5.8.06

El amor acaba, claro que acaba. El amor, cuando no se nutre de ese otro, de ese objeto donde depositamos las fantasías, las energías, las culpas, las caricias, las peleas, los orgasmos; simplemente se muere. Se muere y se transforma en abono para lo que vendrá. O sea permanece, pero ya muerto renace en otra cosa.

No es cierto que se muere de amor. Cuando el objeto no está, una se puede morir de culpa, de soledad, de melancolía pero no se puede morir de amor, porque el amor sólo existe en la presencia. El amor no resiste las distancias –las geográficas sí, yo hablo de otras distancias- porque no se alimenta más que de esa energía que emana de ese centro del cuerpo y llega a ese centro del otro cuerpo, llenando simultáneamente toda el alma y el mundo.

Una puede sentir que muere de tanto amar sin la respuesta. Se siente que una se muere de tristeza. Se puede morir por dentro de amar a alguien que se fue pero eso, después del tiempo ya no es amor, es amor muerto, es ese abono. El asunto es lo que hacemos con ese abono. Podemos alimentarnos nuestra vida y llenarla de poesía. Podemos preparar tierra para sembrar el maíz de otro amor. Podemos usarlo para creer de nuevo en el mundo, en sus jardines, en sus tormentas, en sus desgracias que únicamente son soportables porque después de ellas vienen las alegrías. Podemos hacer muchas cosas con lo que queda del amor, con esos restos de felicidad que poco a poco se pudren para formar de nuevo tierra fértil. Y, sí, podemos también usar ese abono para perdernos en rencores, recuerdos, ausencias y muchas culpas. Creeremos entonces que todo sigue siendo amor sin el objeto, porque toda nuestra energía estará puesta en alimentar a una carencia, un parásito, un tumor que crece y crece en nuestras piernas y poco a poco nos inmoviliza más.

Podemos creer que amamos un espacio vacío, porque creemos que éste está lleno de ese amor. Yo digo –no tienen que creerme- que eso es mentira. Yo digo que ese espacio está lleno de arrepentimientos, de fantasías, de lo que pudo haber sido y no sabremos jamás. Yo digo que el amor muere y lo queremos mantener respirando por él, dejando la energía circular de nuevo hacia adentro una y otra vez; dando vueltas y vueltas al recuerdo tergiversándolo y dándole nuevos significados idealizados.

No tienen que creerme, es una hipótesis no más. A mí me sirve para explicarme por qué se dice que si algo fue amor de verdad nunca se muere. Me sirve para explicarme que lo que hubo fue amor y que el amor sí se muere y no por eso, es menos verdadero. Tal vez incluso, lo sea más, porque el amor es bueno y nos hace bien. Permanecer, quedarse, aquietarse, o nada más transcurrir no puede ser consecuencia del amor. Al menos no lo es para mí.




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