30.10.06

Es como si el techo se cayera y yo fuera la única que se mantiene en pie y lo sostiene

dibujo



Fob 1.0

¿Comerse el mundo? ¿Están locos o qué?



...comerse el mundo... ¿cómo comerse el mundo?...
¿habrá que salir para hacer eso? ¿salir a dónde?
¿salir?



(dibujo de Daniela Fernández)


Obse 1.1


¡No, ahora sí voy a comerme el mundo!



pero me estoy preparando primero... es que no sé.
Primero voy a aprender italiano...


26.10.06

Vino con paracaídas al mar

No hay nada como una visita desafortunada, con maletas y todo, para recordarme que la vida algunas veces es cínica y me mira desde arriba mientras mueve sus hilos perversos...


"¿Qué voy a hacer por la noche?" -se preguntaba Sirena, mirando el atardecer que enrojecía esas montañas que todos los días adornan la ventana de su habitación. "¿Qué voy a leer?" -decía más precisamente, pues en su escritorio nuevo tiene libros nuevos y viejos para escribir su tesis de licenciatura. "¿Dónde me pongo a leer? ¿En la sala junto a mi alfombra nueva? ¿en el cuarto con su nueva distribución?" pensaba al mejor estilo de aquella ratoncita del cuento que se encontró una moneda y no sabía qué comprar de entre tantas cosas hermosas disponibles. En eso sonó el teléfono. Era la madre sirena, quien dijo tenebrosamente: "Sire, te estoy llamado desde tu mar, estoy aquí".

Entonces la noche se vino de un trazo, de esos que se hacen con pincel gordo y con pintura de aceite, borrando todos los tonos intermedios; la tierra se movió y Sirena comenzó a gritar exasperada: "Pero ¿usted está loca? ¿Por qué vino sin avisar? ¿quién la recogió en el aeropuerto? ¿Dónde está?" y la madre sirena, en un delirio paranoico -(la narradora omnisciente no cree exagerar con el diagnóstico)- dice que vino porque tiene que arreglar los asuntos que dejó sin concluir y que no avisó porque no le dio la gana y que está donde un familiar.

Después de escuchar esto, Sirena comenzó a fingir cual esfinge digna e indignada, estar muy ofendida. Eso le dijo a ella, pero yo que la conozco muy bien, comprendo e indiscretamente hago de conocimiento público, que lo que está es furiosa de que venga a arrebatarle su felicidad, a amenazar con destrozar su jardincito de nuevo. Sirena está asustada por la salud mental de la Sirena madre y por las consecuencias que este episodio tipo novela mexicana pueda tener en la suya propia. Sobre todo, porque las malas noticias nunca viene solitas: la visita inesperada ha amenazado con venir a quedarse en la cuevita submarina al mejor estilo buzo paracaidista. Sire, afortunada como es, respiró fuertemente, se estiró en su silla, comenzó a escuchar música y llamó a dos amigas ambulancias que ahora viven a dos puertas y a una de distancia y luego me dijo: "mejor avisamos que estaremos al borde de la crisis y que de pronto todos los planes han cambiado. Hasta nuevo aviso, estaremos otra vez, en el año pasado".

25.10.06

Le di vuelta al cuarto.

Eso siempre quiere decir algo.

Me siento como si ayer hubiera sido primero de enero. Me encanta quitar los árboles de navidad el primero de enero, para marcar lo que ya fue. Y como hace años no pongo árbol –con una excepción que no explicaré- me encanta ir a casas ajenas y ofrecerme a guardar cada bolita en su cajita, a quitar lucecitas con cuidado, a engavetar todos esos coloretes que hacen feliz a la gente al menos por dos meses. Me encanta la sensación de marcar un antes y un después.

No sé bien un antes y un después de qué cosa, pero me siento renovada como si fuera enero. Y a la vez me siento extraña porque no soy la misma que se fue. Estoy enmimismada (ja!!!) y entonces no soy la misma ni parezco la misma. Parezco menos dulce, menos ahí, menos mano extendida porque estoy aquí adentro acomodando las cosas. No sé si pasará o si ahora eso soy.

Y como desempolvé algunas cosas, voy a sacar a luz este cuentito que iba a pertenecer a un blog que ya no será. Es un cuentito que hicimos NuEz y Sirena cuando se nos ocurrió hacer un blog para niños y niñas, escribíamos cuentos entre los dos por el chat y decíamos que se iba a llamar rocamadour. El lema iba a decir: "en la mesa sí se habla, sí se ponen los coditos, sí se come con las manos, sí se ensucian los deditos".

Sirena says:

se tratará de un hilo que se prepara para la vida

Sirena says:

y quisiera que cosan con él vestidos de señoras muy importantes

Nux fulguris :: says:

que son hermosas lujosas y definitiBas


Y el cuento dice así:


Hiloberto ya casi cumplirá la edad en que le tocará salir a vivir fuera de la tienda de hilos... él está emocionado y dice a gritos: “cuando yo sea costura, quiero servirle a una gran señora y que cosan conmigo elegantes vestidos... quiero ir a fiestas lujosas y definitivas”. Se imagina moviéndose con el viento si le toca coser la cinta de un gran sombrero o se imagina orgulloso si coserá un traje de alto ejecutivo: “yo voy a escuchar cosas importantes en reuniones importantes, oh sí”.

¡Qué aburrido eres Hiloberto!”, le dice Hilina. "Yo en cambio quiero ser hilo que cosa una gran vela para viajar por todo el mundo en un barco. Quiero perderme con el ventarrón y escapar de los hombros de mi dueña... hundirme en los mares imposibles de los viajes lujosos y quiero ser alga marina, alimento de peces y no aburrida alegría entre gentes pomposas y elegantes, enfadosas, inútiles y desgastantes”.




¿alguien vio a estos "cuatro gatos" en los periódicos de hoy?

¡Después se preguntan "¿cuál prensa vendida?"!

Para quienes no fueron a las marchas porque no se sienten cómod@s o no es su estilo, este viernes hay otra actividad en la Plaza de la Cultura:

El Bloque Verde (grupos ambientalistas) convoca para este viernes 27, a las 4 p.m. en la Plaza de la Cultura a un batukada y volanteo

24.10.06

Este poema lo firmaba un tal "Rosario de la Cerda". Así lo quiso Neruda en 1951, tal vez porque dudaba si era siempre él mismo quien escribía sus versos. Pienso yo, qué diablos será eso que llamamos "ser nosotros mismos" pero en fin...


"Explicación

Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.

Por otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.

¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en 1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.

No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.

Entrego, pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.

Pablo Neruda
Isla Negra, noviembre de 1963"

EL MONTE Y EL RÍO

En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.

Ven conmigo.

La noche al monte sube.
El hambre baja al río.

Ven conmigo.

Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.

Ven conmigo.

No sé, pero me llaman
y me dicen: "Sufrimos".

Ven conmigo.

Y me dicen: "Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,

con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo".

Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.
El libro completito está aquí

24 de octubre (fotos Grettel Montero)






















23 de octubre (foto ANEP)


22.10.06

Me preguntan por qué voy mañana a las calles. Me preguntan si eso sirve para algo y si no seré yo muy ingenua. Yo respondo, que cuando un gobierno es arrogante como el nuestro, alguien debe ir a decirle que aquí no hay emperadores, sino representantes.

Ya lo he dicho antes: cuando una es una simple ciudadana "mortal" y no pertenece a las cúpulas de poder que se reparten las ganancias, no puede llamar por teléfono a su diputado o diputada, tiene que ir a gritarle afuera de su oficina que recuerde el mandato que se le dio. Cuando la gente quiere mostrar su poder frente al estado, sólo puede hacerlo en la calle, en protesta, en grupo y ese poder se mide por cuánta gente se haya unido a la marcha.

Les digo, que es absurdo que mucha gente vaya a salir mañana a reclamar mis derechos y yo me quede en casita limándome las uñas. Lo menos que puedo hacer y debo hacer, es ser parte de ese grupo que va a plantarse frente al gobierno a recordarle a los que viven a costas nuestras, que no queremos ese modelo de país que nos imponen, que no queremos ser tan sólo una maquila tecnológica, que no queremos depender de un único mercado que es de los más injustos del mundo, que no queremos un desarrollo para unos pocos y la miseria para unos muchos, que no nos tragamos las mentiras que nos cuentan y que estamos dispuestos y dispuestas a pelear hasta el final.

Así al menos -si es que el TLC se aprueba en la asamblea- no caerá sobre mis espaldas haberme quedado sentada diciendo: “el orden público”, “el derecho a la libre circulación”, “qué atropello, qué barbaridad”, “¿y mis derechos qué?”. El que piense que su derecho a ir al trabajo es más importante que cualquier protesta callejera, seguramente no ha comprendido que no es sólo una protesta callejera. Sería bueno que se ponga a leer el TLC.

19.10.06


Las dos hemos engordado, pero ella está enorme. Siento que no la vi crecer. Apenas la encontré en mi camino quería chinearla, pero ella estaba algo extrañada. La vi jugar con el perrito vecino. Eso nunca lo había visto antes. Se sientan a la par como si fueran dos gatos.

Subimos a la casa y pasó lo del viaje anterior: Simona tenía hambre pero no quería comer. Quería estar siempre conmigo, así que nuevamente tuve que sentarme en el piso junto a su plato, para que comiera y no se fuera a seguirme por la casa. Después se tiró al piso a jugar y se durmió en mi cama. Cuando regreso de viaje le permito esos caprichos. Normalmente duerme fuera de mi cuarto.

La casa está impecable y ordenada. No hay sensación mejor que regresar -después de varios días de nomadismo y de estar lejos, de días de no tener momentos de soledad- a una casa donde todo está donde lo dejé. Por eso desempaco de una vez, aunque sea tarde y esté cansada. Así, voy ordenando mi mente y mis emociones importadas y poco a poco recupero mi espacio, mi cama, mi almohada.

Las nuevas cosas, esta vez son extrañas. No hay artesanías por montones esta vez, al menos no como la lista aquella. Lo que me traigo son objetos que dejan de ser objetos para convertirse en fetiches, recuerdos, qué sé yo. Una camiseta negra, una gorra ajena, una cartera guatemalteca: todos regalos del quetzal. Una postal de Sandino, otra con el “Poema de Amor”, un billete que sirve para el trueque, y un bolso que intenta reponer el que hace meses me robaron.

Y traigo un buen desorden. Unas ganas enormes de los vientos de diciembre. Una urgencia por seguir con la tesis y a la vez una imposibilidad de concentrarme. Una pereza gigante de llegar a la U y a la vez, la sensatez que me dice que hay que hacerlo. Una voz que me llama por teléfono y me dice que seguimos, aunque no estemos. Una emoción aderezada con temor esperando lo que vendrá este lunes. Una certeza de que muchas cosas han cambiado y ya no hay tiempo que perder. Una sensación de que ya no vivo aquí aunque aquí viva. Es como ver el mundo con otros ojos y tener el futuro en las manos. Toca tomarlo con cuidado y no dejar que se escurra entre mis dedos. Sólo eso.

15.10.06

Recuerdos flash I

Tardes de sábado, 1985:


con


Para un Mejor Amor (Roque Dalton)

"El sexo es una categoría política."
Kate Mills

Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.

Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el fin del mes).

Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.

Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.
Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no de su sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

De regreso a casa

el miedo es una raya que separa el mundo
el miedo es una casa donde nadie va
el miedo es como un lazo que se aprieta en nudo
el miedo es una fuerza que me impide andar
(Miedo, Pedro Guerra)

Vos ya sabías que todo es parcial
que no hay mapa que enseñe a viajar
que es el alma quien debe cantar
Que sólo un tonto se pone a correr
cuando la lluvia le besa los pies

(Si no oigo a mi corazón, Pedro Aznar)


La maleta traía muchos planes por delante. Trajo muchas consignas y muchas medidas de seguridad. Hay una que exige no enamorarse más para no poner en peligro los planes a futuro. Hay una que dice que cuando haya permiso de enamorarse, la posición política es un ingrediente fundamental de la receta; una receta condimentada por el compromiso, la madurez, una actitud de adulto y una vida relativamente estructurada.

Las maletas llevan sensaciones y deseos. Hay planes que van en contra de esos deseos. Hay mucho miedo. Hay pereza de luchar. Hay temor a equivocarse de nuevo. De todo hay en mis maletas de regreso a casa.

13.10.06

Confesiones de los caprichos de una pequeño burguesa

Una pequeña servilleta puede hacer la diferencia entre la desesperación y la paz. Por ejemplo, ir en el bus hacia Panajachel, sentir hambre y comprar una tortilla con pollo, que no es más que una pieza de pollo frito entre dos tortillas gruesas servido todo en una delicada bolsa plástica. Las manos, después de comer eso quedan envueltas en un graserío del carajo y una pequeña burguesa vuelve a ver a su compañero de viaje con cara de “esto es el fin del mundo”. Él le regresa su cara de “¿y ahora cómo nos abrazamos?” hasta que la señora del asiento de enfrente, ante semejante caos y crisis existencial, extiende su mano con dos servilletas... En ese momento, todo el universo volvía a estar en su lugar.

La misma pequeño burguesa –a quien el compañero de viaje prefiere llamar “melindrosa”- entra a todos los restaurantes de Panajachel para fijarse si hay máquina de café. Tiene una semana de tomar el peor café del mundo (es peor que el de Panamá, ahí disculpen los chapines y panameños) y ya necesita un capuchino, aunque sea de mala calidad. Con su taza de café en la mano, el mundo de nuevo tiene sentido.

La susodicha caprichosa, pasa por una taquería en Antigua y tiene el antojo de comerse un taco de pollo. Pasa todos los días al frente hasta que el último día le dice a todos: “si quieren siguen, yo voy a ir por mi taco”. El famoso taco resulta ser pura cebolla –la pequeña burguesa no come cebolla, aunque cocina con cebolla (WTF????)- y la “melindrosa” entonces no se lo come y se lo da a un amigo. Nadie entiende que el placer estaba en pedir el taco, en ESA taquería, en ESA ciudad... el antojo es el conjunto, no sólo el comerse el taco.

¿Vergüenza? ¿Culpa? Pues sí, a veces... pero no hago nada con negar que eso es parte de mí.

11.10.06

Esto no es un homenaje

Hace un tiempo, Ixiptla y yo conversábamos sobre esa generación de señores y señoras costarricenses que aún escriben en los periódicos, que son brillantes, que han estado en la política pero no son despreciables políticos, que ahora son analistas de la situación del país y a quienes consultábamos siempre como se consulta a los abuelos. Nos preguntábamos dónde están esos futuros y futuras Hilda Chen-Apuy, esos Alberto Cañas, esos Enrique Obregón, ese Rodrigo Madrigal Nieto... y nos lamentábamos pensando que cuando ellos mueran, algo de patria va a morir porque algunas de esas personas han sido el bastón que en los momentos difíciles, sostienen nuestro país aunque sea con palabras sabias.

Hoy, según me cuenta un correo de mi hermana –no sé cómo adivinó que esa noticia no quería leerla del periódico- murió don Rodrigo.

Don Rodrigo era de esos caballeros que ya no existen. De esos señores que se conocen la historia de un país, con todo y sus chismes intimísimos y la contaba porque había estado ahí... Don Rodrigo era todo amabilidad y dulzura. Don Rodrigo era –y si alguien dice lo contrario que no me cuente para no saber nunca- de esas personas intachables.

Y no quiero decir que fue canciller y no sé ni qué otras cosas que van a decir los periódicos de mañana. Ningún periódico va a decir que don Rodrigo es el verdadero gestor de una paz en Centroamérica, ni va a decir nadie que don Rodrigo siempre estaba dispuesto a sentarse a tomar un café con quien quisiera escucharle. Yo sólo sé que hemos perdido a un Señor de los de verdad, de los que ya casi no quedan y que eso me llena el alma de una tristeza inexplicable. Que alguien vaya al entierro a ver si encuentra entre la concurrencia, a la nueva generación de Rodrigos, Hildas, Enriques, Albertos, Alicias, Joaquínes, Cármenes...

9.10.06

Te ex-traido mucho

Cuando me digo a mí misma que odio las fronteras y en el momento se me salen las lágrimas, no me refiero únicamente a que odio los pasaportes, los impuestos de salida y a los empleados aduaneros patanes. Tampoco me refiero solamente a que me hace sentir mal, que por mi nacionalidad yo haga fila entre los “no-centroamericanos”; ni a que me cobren de más, a que se rían de mis “errrres” o a que me digan gringa.

Cuando me subí al taxi y me dije que odio las fronteras, me refería también y sobre todo, a esa frontera que no se mide en kilómetros (aunque también odio esa). Me refería a esa frontera que hay entre lo que la gente cree que soy y lo que la gente cree que sos. Peor aún, detesto la frontera que yo misma he interpuesto –a la fuerza pero no se justifica- entre la niña buena que a veces soy y la mujer que está luchando por tomar el poder.

Detesto esa frontera que separa tu mundo del mío y que no está en tu país ni está en mi tierra.

Así que no sé bien cómo llevar este debate entre estar triste porque te fuiste ante mis ojos y pediste: “mejor no digamos nada” y estar pensando si será mejor así porque sería muy complicado pelearme con mis prejuicios y destruir ante todo ese sueño que un día se construyeron para mí.

Hasta ahora, la pelea la va ganando la tristeza, porque (o pero) ha pasado apenas una hora y me hacen falta tus brazos, tos ojos y tu cabello negro.

Ayer

El sol se cuela por los pocos espacios que quedan entre las hojas de palma. Hace un calor que no abraza, más bien estruja la garganta, como el cacique que se toman las señoras en esta fiesta de domingo.

Celebramos dos cosas, supuestamente: el cumpleaños de K y la despedida de una joven muchacha, a quien su esposo llevará “de mojada” hacia la tierra prometida. Ella tiene a su hijo en los brazos y no podemos dejar de pensar que esto no se celebra, se sufre. Pero nada de eso piensan los que se alegran, esperando que el mundo abra sus puertas a esa joven familia.

Da lo mismo. En el fogón, se cocina la sopa de gallina con ayote, loroco, papas y huevo duro. En el comal, la señora de la casa hace y hace tortillas pero no las palmea; ella las rota con movimientos que aunque intentamos, no podemos imitar. Así, entre las tortillas gruesas, perfectas e idénticas, se cuelan dos o tres muy delgaditas y deformes que son las obras nuestras.

Como protagonistas tenemos guitarrón, guitarras, bajo, acordeón y palo de agua. El grupo toca corridos con letras muy graciosas o letras muy tristes. Indistintamente, todo bailamos; unos descalzos y con sombreros, otros en tennis o con sandalias; unos con tragos de más, otros con tragos de menos, pero en común, la gozadera y las carcajadas.

Y así sigue la fiesta hasta que baja el sol, se acaba el guaro, se aleja el grupo y salimos de Apopa hacia San Salvador.

7.10.06


Algunos vivimos por la esperanza de que otro mundo es posible. Ella, en cambio, vivió ese mundo posible e imperfecto hasta que se desplomó. Entonces, no tiene esperanza pero nos dice que ha valido la pena.

6.10.06

Un 7 de octubre

Estoy sentada en la sala de un aeropuerto y de pronto la fecha me hace mirar en el pasado. Si tuviera más tiempo revisaría los archivos de este blog para mirarme de lejos; aunque es probable que empezara a llorar, nada más porque recuerdo cuánto dolía y la huella siempre queda en el alma, aunque ya sea sólo polvo de lo que fue.

Si voy hacia atrás, unos 366 días, veo una mujer derrotada, desgarrada, destruida. Si veo con los ojos de la mirada ajena, miro otras cosas: desempleada, “sin ambiciones” por preferir una casita en el campo que un condominio en zonas rosas, demandante, demasiado exigente, demasiado fuerte, demasiado política.

Si vuelvo a mi mirada, lo que miro es una mujer que decidió renunciar a su trabajo, porque para ella es más importante estar satisfecha que poder comprar cosas y pagar gimnasios. Miro a alguien a quien le daba temor buscar trabajo porque nunca le ha gustado vender su tiempo a otros y en eso, es cuidadosa. Hace un año, esa mujer estaba rodeada por unos brazos que le daban caricias y estaba escuchando palabras huecas que inocentemente le decía alguien que las creía también. A veces mentimos sin saber que mentimos, eso lo sé. Hace un año, esos brazos dejaron a una mujer que los amaba y la mujer, que era yo, quedó por algún tiempo desvalida, creyendo que llegaba el fin del mundo.

Hoy, la otra mujer que soy, camina bajo esa misma piel que aquellas manos acariciaron alguna vez. Ahora está sentada en la sala de espera de un aeropuerto, mirando hacia atrás en el tiempo y preguntándose dónde estaría si no se hubieran ido las palabras que mentían sin saber que mentían. Seguramente no estaría aquí, viviendo dulces experiencias, trabajando haciendo cosas muy hermosas, comprometida mucho más con la vida y la política, con que es posible construir otro mundo y otras realidades. Seguramente no sería esta que soy: la que dice tranquilamente “no tengo penas que callar pero me tomo igual un trago y digo salud con la sonrisa en los labios”.


Brindo. Nada más. Si tuviera más tiempo, este post estaría mejor escrito, pero se va mi avión hacia mi país preferido y ahora, no tengo tiempo.

4.10.06

malditos géneros literarios

El plan inicial era de una noche. Después fuimos un fin de semana a volar sobre el lago . Ahora, planeamos un día más en el país preferido y de pronto el plan se ha ampliado a dos días. Después de eso no sabemos o más bien, no queremos saber. Es que seguramente después de eso no hay nada más que extrañarse y contar un día, después de algunos años, cómo un encuentro casual terminó siendo un cuentito corto y hermoso. Yo quisiera que fuera una novela.