19.10.06


Las dos hemos engordado, pero ella está enorme. Siento que no la vi crecer. Apenas la encontré en mi camino quería chinearla, pero ella estaba algo extrañada. La vi jugar con el perrito vecino. Eso nunca lo había visto antes. Se sientan a la par como si fueran dos gatos.

Subimos a la casa y pasó lo del viaje anterior: Simona tenía hambre pero no quería comer. Quería estar siempre conmigo, así que nuevamente tuve que sentarme en el piso junto a su plato, para que comiera y no se fuera a seguirme por la casa. Después se tiró al piso a jugar y se durmió en mi cama. Cuando regreso de viaje le permito esos caprichos. Normalmente duerme fuera de mi cuarto.

La casa está impecable y ordenada. No hay sensación mejor que regresar -después de varios días de nomadismo y de estar lejos, de días de no tener momentos de soledad- a una casa donde todo está donde lo dejé. Por eso desempaco de una vez, aunque sea tarde y esté cansada. Así, voy ordenando mi mente y mis emociones importadas y poco a poco recupero mi espacio, mi cama, mi almohada.

Las nuevas cosas, esta vez son extrañas. No hay artesanías por montones esta vez, al menos no como la lista aquella. Lo que me traigo son objetos que dejan de ser objetos para convertirse en fetiches, recuerdos, qué sé yo. Una camiseta negra, una gorra ajena, una cartera guatemalteca: todos regalos del quetzal. Una postal de Sandino, otra con el “Poema de Amor”, un billete que sirve para el trueque, y un bolso que intenta reponer el que hace meses me robaron.

Y traigo un buen desorden. Unas ganas enormes de los vientos de diciembre. Una urgencia por seguir con la tesis y a la vez una imposibilidad de concentrarme. Una pereza gigante de llegar a la U y a la vez, la sensatez que me dice que hay que hacerlo. Una voz que me llama por teléfono y me dice que seguimos, aunque no estemos. Una emoción aderezada con temor esperando lo que vendrá este lunes. Una certeza de que muchas cosas han cambiado y ya no hay tiempo que perder. Una sensación de que ya no vivo aquí aunque aquí viva. Es como ver el mundo con otros ojos y tener el futuro en las manos. Toca tomarlo con cuidado y no dejar que se escurra entre mis dedos. Sólo eso.

10 comentarios:

Cerillo dijo...

Cuando regreso a casa de un viaje entro en casa ajena y aunque la reconozco y me tranquiliza hay un tiempo que estoy en casa de otro. La mente en estos momentos está agitada, se quedó sin casa.

maya dijo...

Lo mejor de regresar a casa después de los viajes... es saber que no importa donde vayas o x cuanto tiempo estes fuera... siempre hay un lugar al que podés regresar... es como un sentimiento de pertenencia...
Bienvenida!!!!

Humo en tus ojos dijo...

eeeeeeehhhhhh!!!
café caféééé!

Sergio dijo...

Los vinitos de verdad que nos esperan... vos mandás!

Sergio dijo...

Los vinitos de verdad que nos esperan... vos mandás!

Ana dijo...

Creo que hay tantas historias y tanto de que hablar que no terminaremos nunca.
Que lindo tenerte de regreso.
Mil abrazos!!!

eaton dijo...

que bueno sirena que regreso al mar...

Anónimo dijo...

Que bien que llego bien. Es raro eso, pero pasa, sentirse extraño en la propia casa, es cuestión de tiempo, ahorita se le pasa.
Ahí leí también tiene que pornese frenillos, no le voy a mentir, incomodan la primera semana, pero dejeme contarle que son menos tortura de lo que imagine, así que yo le echo porras cuando vaya a ir a ponerselos.
Y si no aunque no la conozco podemos ponernos de acuerdo y nos conocemos frente a un helado, flan o pure algo suavecito :P
yo invito

:D

C dijo...

Esperba ver la foto de Simona después del primer parrafo. ;-)

Pobre Simona que no la dejan dormir, como Federico, a los pies de su dueña. :-)

El desorden es una cuestión de perspectiva no más.

Estar sin estar, o vivir sin vivir aquí, es quizá otra forma de ser libre.

¡Suerte el lunes!

Anónimo dijo...

La Humareda alborotando el panal, y yo tan lejos que aunque avisen con tiempo creo que no llego para el café!

:_)

En fin, un abrazo, me alegro de que estés bien, de vuelta y desempacada; en mi caso confieso descaradamente que hay cosas que siguen en mi maleta... ¿negación?