16.12.06

Cuando cambie de tiempo verbal


Miro a un anciano cruzando la calle. Corre, a su manera, despacito. Hace que corre, como si se viera obligado a hacer la mímica para justificar que un carro no lo arrolle. Es tal vez el mismo juego que hacemos todos cuando andamos de peatones. Cruzamos las calles con miedo, casi con culpa por estorbarle a los automóviles en su paso frenético. Cruzamos la calle en un acto de fe. Cualquier día, uno de esos trastornados, de esos que se transforman en monstruos cuando suben a esa máquina extensión de su cuerpo y de su personalidad, nos pasa por encima y nos borra. Pero siempre confiamos y desconfiamos. El anciano cruza despacio, a como puede. Yo me entristezco pensando qué puto mundo en que vivimos. Él camina como pidiendo disculpas y es probable que nosotros sintamos que nos las debe.

Ella y él están en la caja del supermercado. Pasan pañales para adulto, toallas sanitarias, protectores diarios, comida, otras cosas. A mí lo que me llama a mirar son los pañales. Él pone las cosas muy despacio. Saca poco a poco los atunes, las sopas. Todo sucede como en cámara lenta. Yo poco a poco me convierto en alguien que espera con calma a que termine. Pienso de nuevo en lo difícil de ser viejito en este puto mundo en que vivimos. Pienso hasta cuándo quiero llegar, en cuál cantidad de años quiero despedirme.

Ella está desde hace diez años sin poder caminar. Desde que él murió ya nada volvió a ser igual: ni la casa con su jardín lleno de margaritas, ni la pizarra donde jugamos de escuelita, ni la gran mesa donde servía a sus invitados, ni sus maravillosos brownies salidos de su cuaderno familiar, ni los discos de acetato, ni las vajillas que les dieron el día de la boda, ni la oficina de él con su sillón. El sábado cumplió 96 aunque ya no recuerda el año en que nació. Ya casi no recuerda nada. Igual estaba feliz con la fiesta, comiendo queque, helados y viendo a su familia. Entre todos los invitados sumábamos como 1000 años y éramos apenas 8 ó 10. En esos momentos pienso que vale la pena igual seguir, a pesar de enfermedades y años. Pero igual, cuando la veo en la cama. Cuando no le comprendo qué me dice. Cuando imagino cómo será no poder leer, escuchar música, conversar, discutir, enterarse del mundo afuera, enamorarse de nuevo, cantar y reír; no termino de entender qué la motiva a seguir. Tal vez no sabe que este es un puto mundo. Tal vez no lo sea.

A ella no le pesan los años. No sé si le pesan la verdad, no parece. Tampoco parece que haber perdido la vista, le pese demasiado. Para eso, llega él a leerle y a ayudarle a seguir en sus luchas. Igual que llega ella a escribir sus memorias, que esperamos, salgan pronto a contarse en las librerías y los cafés. ¡Cuántas memorias! Es algo así como saber vivir y saber rememorar.

La vejez -se supone- debería ser un momento en que volvés a ver hacia atrás y sonreís. Por eso cada paso del ahora debería ser jugoso. Hay un momento en la vida en que de alguna manera -ojalá no muy cruel y llena de amargura- nos hacemos un arqueo, una auditoría de lo que hicimos, dijimos o nos guardamos. Tal vez de eso depende tener una vejez dulce. Tal vez de eso se trata ser nieta: preguntar por el pasado, aunque las mismas historias se repitan mil veces. De pronto, estas visitas que algunos hacen una sóla vez al año, pueden llenarse de recuerdos, preguntas y de decirle a esos viejitos y viejitas: “¿ustedes cómo se conocieron?, ¿cuántos novios tuvo usted?, ¿cómo era su trabajo?, ¿dónde iba usted de vacaciones?”. Yo eso puedo hacerlo con ella, pero nunca pude hacerlo con la otra.





Cuando uno es joven puede decir como dice Drexler: "Y todo tiempo pasado es peor, no hay tiempo perdido peor, que el perdido en añorar". Pero hay un momento en que eso no es fácil de decir. Así que ¡a lo que vinimos! Hagamos buenos recuerdos.


Aquellos tiempos

Jorge Drexler

Era el tiempo del cambio,
el tiempo de la estampida,
el tiempo de la salida,
el tiempo de esta canción.

Era el tiempo de ver
el tiempo de otra manera,
y yo no sabía que era
el tiempo del corazón.

Era el tiempo
de cada cosa a su tiempo,
en tiempo de bossa,
o de candomblear.

Por esos tiempos yo andaba
siempre corto de tiempo
y nunca encontraba tiempo
en ningún lugar.

Cabe decir que es tiempo
de rememorar
los viejos tiempos,
aquella ciudad…
Aunque no se más
que para decir
que de tiempo en tiempo
conviene recordar:

Que todo tiempo pasado es peor,
no hay tiempo perdido peor,
que el perdido en añorar.

Era Mayo
del 68,
pero en Montevideo
del 83.

Era el tiempo
de la apertura,
tiempo de dictaduras
derrumbándose.

Eran tiempos
de revolcones,
manifestaciones:
yo empecé a fumar.

Y cuando fumaba
el tiempo pasaba más lento
y yo me sentaba
a verlo pasar,
a verlo pasar…

Cabe decir que es tiempo
de rememorar
aquellos tiempos,
la facultad…
Aunque no sea más
que para saber,
que el tiempo no suele
dar marcha atrás.

Y todo tiempo pasado es peor,
no hay tiempo perdido peor,
que el perdido en añorar.

PD: Un día, cuando sea valiente, voy a hacer huelga de hambre hasta que venga Drexler a cantarme al oído. Si funciona, seguiría Calamaro pero en México (para compartirlo).


11 comentarios:

Tonto Simón dijo...

Te debo una canción. La próxima semana será

Sirena dijo...

Tan lindo Simón. Ni lees y comentas de otra cosa... por eso y más.

Buitre Desahuciado dijo...

Mis respetos, señorita sirena, y gracias. Qué hermosa narración.

Lograste quitarle unas cuantas crispaciones al pavor que le tengo a envejecer.

maya dijo...

Hay Sire, no te imaginás como me ha llegado este post tuyo... no tenés idea...
Mi gigante ya no sabe quien soy... y ni siquiera nos reconoce... hace una semana nos dijeron que vive entre el 48 y el 75...
Un abrazo...
Y pd. me alegro que ya estas mejor... :p

Anónimo dijo...

Leyendote me surge una duda, mi miedo (pavor) a la vejez, se deberá a la angustia e incógnita ante lo que yo vaya a ser, o a lo que me hagan que soy (seré)????

....


Es que en serio no lo sé.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Corrección de mi comentario (o adhesión de palabra)

Leyendote me surge una duda, mi miedo (pavor) a la vejez, se deberá a la angustia e incógnita ante lo que yo vaya a ser, o a lo que me hagan SENTIR que soy (seré)????

julia dijo...

Yo creo que si vemos la vejez desde nuestra "juventud" la vemos distinta, pero habitándola, se acomoda uno a ella.
Creo que los mayores no se dan tanta cuenta que lo son, y cuando se comienzan a percatar la naturaleza es sabia y comienza la demencia senil o el Alzahimer.

Anónimo dijo...

mmm, Sirena...me recordaste muchas cosas! "Hablé" de eso en algún momento, por cierto y lo volveré a hacer, de cierto!

Yo creo que envejecer es crecer y así como después de niña te viste mujer, sin control temporal, luego no nos queda más que aceptar lo siguiente.

Envejecer no se trata de que te levantés una mañana y ya te veas al espejo con canas y arrugas, pues debés ganártelas antes!

Dejás de a poco la conciencia de querér ser joven por siempre y luego, sos un alma enriquecida.

Mucha luz

El poodle que nunca estuvo dijo...

Estoy en mi trabajo y no pude contener las lágrimas... por suerte tengo gripa y nadie nota que lloro. Me encantó tu post, mi familia está llena de "tesoros" que estarán cada vez menos tiempo con nosotros... mi miedo no es a envejecer (al menos no ahora) sino a perderlos a ellos, que ya se están yendo...

Sirena dijo...

Desahuciado: ¿Pavor a envejecer? ya sabés ¡a hacer buenos recuerdos! debería darnos pavor pasar la vida sin más... no envejecer ¿no creés?

Hola Maya, sí ya estoy mejor... gracias. Y bueno, tu gigante no te reconoce pero vos sí lo reconocés así que igual, dale un abrazo.

Hola Jaqui: ¿Qué es eso de lo que te hagan sentir que sos?... no entendí bien pero si comprendo algo es que vos tampoco estás clara ja ja... ¿y qué? nuestros miedos -ya sabés- lo son porque los vemos como ajenos... de pronto si los aceptáramos!

Julia: No creo que la demencia senil tenga que ver con una naturaleza que nos provoca negación de lo que somos. No había Alzheimer cuando vivíamos con la tierra bajo los pies. En todo caso, mi idea era todo lo contrario: no neguemos la vejez y démosle el espacio a los ancianos en nuestras vidas.

Haz de Luz: Eso es, querer ser joven por siempre ¿para qué si desperdiciamos la juventud? ¿para qué si de todas formas hay un momento para todo?

Poodle: ¡no leas blogs en el trabajo!!!! (mentira, todos lo hacemos). Espero que en estas épocas de más tiempo libre podás aprovechar algunos momentos con esos tesoros.

xtian dijo...

estupendo texto, me sacudiste las canillas.
yo creo no temerle a la muerte, pero a la vejez le temo sin duda.