14.12.06

Me traje esto pegado en el zapato... mientras corría como loca trabajando

Abía una vez... -

Por Miguel Ángel Chinchilla

Abía una vez (¿o fueron dos veces o quizá tres?) una H que como era muda nadie la escuchaba y a lo mejor por ello decidió suicidarse lanzándose en aquella sopa de letras con cebolla y perejil. Nadie entonces puso atención al “O” del poeta que sin la H más bien parecía un cero a la izquierda. La ojas de los árboles se volvieron mustias y el orror sin saber de ortografía continuaba orrorizando noche y día; el umo, las oras, ablar, acer, no volvieron a tener jamás el mismo significado, los ondureños culparon a los salvadoreños, los alcones enloquecidos derribaron edificios mientras la ormiga por la cigarra era engullida, las ipotecas de la deuda eterna no se cobraron, el igado dejo de ser tan visceral, los ombres se volvieron embras y viceversa, la onestidad, la onradez y la umildad abían perdido sentido desde acía mucho tiempo, Omero no sólo quedó ciego sino también mudo, oy se convirtió en antier, el uevo quiso repetir la gracejada de generalmente pero terminó estrellado, Saddam Ussein por la falta de H ya no fue aorcado y finalmente George Bus quiso abrir una empresa de transporte en el infierno pero no se lo permitieron y como castigo lo enviaron exiliado a una fábrica de alaridos donde ogaño comparte verdugo con Pinocet.

chinchilla miguel ángel
o tal vez
cincilla miguel ángel



Me lo traje mientras andaba por aquí (si revisan el sitio, lléguenle a las fotos hermosísimas de la galería y otros lados).



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Como omitimos a veces la importancia de las cosas importantes (valga la redundancia).
Ahora todo lo trivializamos.
Yo no quiero comer cocolates, por favor que la H me la dejen quedita!

Anónimo dijo...

Ahhh... eso le dolió a mis retinas, aunque es un texto hermoso... perdón, ermoso. Es orrible esto de leer sin las "h", en serio, que las dejen ahí quietecitas junto con la "ñ" y la "ll", nada de dos eles, es una ELLE! :-)

umo en tus ojos dijo...

es un cuento de lo más coqueto, tenés la suerte de que a tus zapatitos de breteadora se les puedan pegar estas cosas en el camino! (aunque por otro lado debiera decirte mentirosa, las sirenas no usan zapatos!)