8.1.07

Poetas de pacotilla

Dos veces -que recuerde- he creído encontrar poetas y han resultado ser un par de imbéciles. Que por qué hablo así de la gente pensarán. Algunos deben hablar así de mí y no me importa. ¿Cómo me recordarán mis compañeros de colegio? Los del primer año igual ni me recuerdan (o al menos eso espero). En fin... los dos poetas eran un par de idiotas... idiotas suena mejor ¿no? Ninguno mejor que el otro: uno en su estilo revolucionario de escritorio con mochila del Ché y pañuelo zapatista y el otro así tipo adolescente eterno con el cerebro adormecido por los efectos de las drogas. ¿Quién sabe? Tal vez siempre fue así y lo de las neuronas muertas es solo una excusa.

Hace muchos años, marcando un momento que llegamos a llamar “el año nuevo” un 17 de septiembre de... hmmmmm... ¿año 91? andábamos descubriendo un poco el mundo. Andábamos con la actitud de los viajeros, esperando la nada y a la vez, esperándolo todo. De pronto, se acerca el “poeta” y dice con gracia: “¿alguien ha visto pasar un mae* con pantaloneta azul y medias amarillas?”. Nosotras simplemente no aguantamos la risa y esa fue la puerta de entrada para él y todos sus amigos. Terminamos hablando, yéndonos a otro bar con esos desconocidos (en esos tiempos se valía aún ser arriesgadas... aún así eso nunca lo hicimos más); terminamos besándonos, saliendo como un día y hablando por teléfono un par de veces. Ya de día, por teléfono y con novia agresora en el paquete, el poeta se convirtió en un pobre diablo que escondía tras su guapura sus pocas luces y su voz de tonto tipo Keanu Reeves -de hecho se parece a él- en aquella peli de adolescentes que viajaban en el tiempo (Google debe saber cuál película, pero saberse ese nombre no puede ser cultura general así que no me interesa).

Muchos años después, el anteriormente conocido en estas tierras como “el valiente” y actualmente llamado sin cariño alguno “el tamagotchi” (es que él sólo por mensajitos de texto funciona bien), apareció con su ya conocido recurso de enviar un mensaje en blanco. A mi respuesta de: “llegó en blanco” me respondió: “es para que me hagas un espacio en tu agenda”. Ja. Como diría Roque Dalton (EL POETA DE VERDAD): pobrecito poeta que era yo (pobrecita caza mariposas que era yo), creí que había encontrado un poeta. Ahora creo firmemente como creo en pocas cosas, que esa debe ser una línea de alguna película de hollywood que probablemente he visto y ya olvidé. Y aunque se le haya ocurrido, la verdad sería por esa suerte de principiante que no volvió jamás y que ahora me hace sentir un poco, un poquitillo nada más, de verguenza.

Todo esto para decir que rigurosos estudios realizados por esta sirena indican que poetas, lo que tradicionalmente las mujeres concebimos como tales, son en realidad farsantes que saben frases bonitas; y que a veces, los poetas de veras nos parecen poquito. Los que más dicen frases creativas a las chicas, a veces terminan siendo los cruelmente recordados después con la frase célebre de Gabriela Acher: “el príncipe azul... destiñe”. Yo digo que el príncipe no ostenta de serlo. Ahí se lo pierden las que no saben ver por debajo de las palabras. ; )



* mae decimos en Costa Rica a hombre o mujer, algo así como decir “¿qué onda mano?” (¿qué hay mae?) o decir “¡hola tío! en cashtellano. Para algunos es pachuco (mal hablado, de gente mal educada) pero la verdad, todo el mundo dice mae.

4 comentarios:

maya dijo...

Hay Sire! Tenés toda la razón con eso de que los principes de verdad no ostentan serlo... me ha costado varios dolores de cabeza darme cuenta de eso...
Un abrazo...

Solentiname dijo...

y adémás de desteñir, mancha?

Buitre Desahuciado dijo...

Sí los poetas son un montón de pelotudos, yo por eso no lo soy, sólo escribo poesía. Jejeje

Ahora sí, hablando en serio, una cosa es ser poeta y al mismo tiempo ser humano -o sea propenso a la estupidez innata de esta especie, incluso en mayor medida que la norma. O a problemas psicológicos, pero eso es otra historia.

Y otra simplemente, es tener labia, una pinta acorde al personaje que se representa y saber manejar todo eso a su favor para deslumbrar. O como decimos en esta Encomienda de Costarrica, "ser un jugao".

Tal vez por ahí va eso del príncipe azul y además quijotizar a ese particular, yo la verdad, sé muy poco de eso, me interesan más los gigantes quenoquesonmolinos y las Dulcineas, no siempre del Toboso.

Humo en tus ojos dijo...

mmm... yo le diría a sole que sí, que mancha bastante, cada vez menos, hasta que un día una se los topa y los ve transparentes y feos. Acabo de ver uno, estaba tan espantoso como siempre lo fue.