25.2.07

pretexto

Detesto los cementerios... si vengo aquí es por Don Pepe le escuchamos decir. Nosotros, igual de extraños entre aquellas tumbas, salíamos del cementerio de La Lucha, donde está enterrado Don Pepe. La tumba no tiene mármol, no tiene cruces, no tiene nada que permita imaginar de quién era el cuerpo que yace ahí dentro ni lo que hubiera pasado si ese cuerpo hubiera muerto antes de tiempo o si no hubiera nacido.


A mí no me enseñaron a querer a Don Pepe. No sé por qué fue. Tal vez porque me tocó crecer en medio de la guerra fría (la de afuera y la de adentro) y no nos hablaban de historia que incluyera la palabra revolución entre los libros. En la escuela, Cuba no existía y Centroamérica era un lugar lejano donde la gente incivilizada se peleaba a balazos por cosas que nadie me explicaba. La palabra guerrillero me hacía meterme bajo la mesa y yo no podía llamar a nadie, porque no me enseñaron a querer a dios tampoco. En el colegio, a un profesor que nos habló de revolución francesa lo amonestaron por salirse del programa. Mi abuelo ni vivió suficiente para contarme cuando peleó en la guerra ni cómo hacía las bombas que colocaban en San José. Luego, mis amigos intelectuales decretaron que nuestra revolución había sido “un pleito entre hermanos” y entonces Don Pepe era sólo un viejo que hablaba mucho por la televisión y a quien todo el mundo -por misteriosas razones- le rendía tributo. Yo sabía que le debemos la abolición del ejército y muchas otras cosas, pero es que cuando nos cuentan sólo una parte de la historia, usualmente le quitan la más apasionante y la más interesante. O tal vez fue porque crecí con desconfianza, en la época del descontento, de los muros caídos, de los sueños rotos y me creí aquello de el cambio imposible, de los políticos comemierdastodossoniguales y no se me ocurrió que en nuestra historia patria podía haber personas trascendentales.

Don Pepe era bien jodido, no lo vamos a negar, pero la historia a veces -me atrevo a decir que siempre- requiere de hombres y mujeres locos, extraños y valientes. No es que crea que era un santo, ni un salvador, ni un milagro, pero estando frente a su tumba me puse a pensar qué sería este país si este hombre menudito, de discurso firme y transgresor, de ideas claras y decididas no hubiera tenido el ojo agudo para mirar que algo pasaba en Costa Rica y que se abriría una puerta para un gran cambio. Igual pregunto qué hubiera pasado en este país si Calderón Guardia no hubiera entendido que había que ceder y que todas las luchas obreras y campesinas tenían razón. O sea, no hablo de una figura contra la otra. Hablo de un proceso de cambio, de muerte y de renacimiento.

Por mucho tiempo, me ha chocado que se exalten las figuras de Don Pepe y Calderón Guardia, pero ahora creo que hay más de una razón al recordarlos. Aunque sus hijos hayan manchado sus apellidos y los partidos se hayan tragado sus postulados para no verlos más, hay una rica y hermosa historia que a algunos no conviene que recordemos mucho. Si todos supiéramos cuánto y qué es lo que debemos agradecer, tendríamos más valor para defender todo eso y no nos quedaríamos sentados mañana a las 11 de la mañana.

Hoy, sin planearlo, dejamos flores a Don Pepe. Me encantaría creer que estará mirando desde arriba, contento y con el puño cerrado mirando nuestra marcha, que no es fantasma y más bien será cara a cara.



Lo que dice en la tumba:


"Aquí, donde el viento y la neblina de la generosa montaña, acarician los árboles de ciprés...
Aquí, donde hace 62 años, entró a caballo un muchacho delgado y de mirada penetrante...
Aquí, donde ese muchacho empuñó la pala y el cuchillo, para que en las casas se comiera frijoles con manteca...
Aquí, donde largas horas de lectura a la luz de una candela, formaron su pensamiento y templaron su espíritu...
Aquí, donde ese hombre de naturaleza pacífica, trocó la herramienta por las armas, para salir a defender los valores más sagrados de la Patria...
Aquí donde algunos de los valientes costarricenses que formaron el Ejército de Liberación Nacional iniciaron la Marcha Fantasma, que llegó luego al gran triunfo de la Segunda República...

Aquí,... aquí vuelve Don Pepe...

Del hombre más grande que ha producido Costa Rica, se ha dicho, se puede decir, y se dirá mucho. Pero en este su querido terruño, nos acordamos que Don Pepe, entre muchas otras cosas, nos enseñó a tener pasión por el trabajo, como único medio de mejorar el nivel de vida del hombre. Por eso también, gracias Don Pepe!

Hoy, como trabajador, vuelve con sus compañeros.
Como campesino, vuelve a sus cabuyales y bosques de ciprés.
Como Lucheño, vuelve como siempre, y para siempre, a La Lucha Sin Fin.

Mariano Figueres Olsen/ La Lucha, 13 de junio de 1990"



5 comentarios:

Victor EM dijo...

A nosotros nos enseñaron que ser Revolucionario es malo, porque la revolución y la paz son antagónicas, pero yo creo que hay formas de formas de ser revolucionario y a veces hay como dice el himno que “la tosca herramienta en armas trocar” , otras veces hay que salir a la calle como mañana, no porque seamos unos inadaptados, engendro de terroristas, como nos quieren hacer ver… Yo creo en que decir NO, no siempre es ser negativo, más bien es una respuesta positiva a una acción, plan o componenda negativa y es mi derecho y más que derecho mi obligación como ciudadano, asistir a una marcha que reúne a ciudadanos y no a “algunos sindicalistas y estudiantes universitarios”, el mayor error que están teniendo es que nos estereotipan, como estereotiparon a Don Pepe y ya ves como terminó la historia…


Saludos Sirena!!!

Por cierto perdón, me emocioné y me extendí… casi hago un “post precarista”

roche dijo...

Segun sus Palabras, Don Pepe no esta viendo nada, ni juzagando nada, se murio y punto ahi quedo.

Pero yo me di a la tarea de leer cuanto libro y escritos tiene para tratar de entenderlo o mejor dicho, para incomprenderlo mas.

Sirena dijo...

Roche: ¿según mis palabras? ¿de veras? ¡Pues sabe usted más que yo al parecer!

Víctor: ¡sin pena! En este blog se aceptan comentarios extensos y hasta se publican a veces completitos como post... así que ¡cuidado! ¿Nos vimos ayer?

Victor EM dijo...

Pos si nos vimos! :o)

Buitre Desahuciado dijo...

Muy buen post, de parte de uno que apenas si supo algo de su vida en vida. Que la muerte no lo sorprendió tanto, no porque la sele iba para el mundial, sino porque a esa edad la muerte es una incomprensión imposible en la vida de uno.

Con el tiempo, es cierto, se aprende a querer o al menos a deslumbrarse de que él sea uno de los arquitectos de la Costarrica que ahora sus desheredados políticos quieren destrozar.