7.3.07

Estando ni ahí

Una mujer guarda con gran celo una cajita. La cierra bajo llave, con un candado grande. Nadie trata de abrirla, porque nadie la ve (o casi nadie).

Cada día, cuando está sola, la mujer da la vuelta a la caja, usa su llave y su secreto y la llena de cosas: flores, pañuelos llenos de lágrimas, pinturas de colores, pasteles de chocolate, copas de vino tinto, muchas tazas de café, algunos rencores, algunas penas, algunos soles y un frondoso jardín.

La caja por detrás siempre está abierta y los que están afuera pueden ver con toda calma lo que hay almacenado. Desde adentro, pocos son los que saben que existe la caja aunque muchos van a su habitación, leen los libros de su mesa de noche y miran por su ventana.

Ayer, alguien abrió la caja. Sin querer, ella dejó la llave “Lítost” ante los ojos de fuego. Sin querer, ella le dio el secreto código faltante.

Fue una cadena de errores tan perfectamente orientada que es difícil creer que no haya sido producto de un plan y sin embargo, fue un error. Hay más Lítost ahora, mucho más. Y están sus rastros.

¡Achará! (otra palabra a buscar en google)... tal vez no haya nada en la caja que no le hubiera dicho en algún amanecer, si él le hubiera preguntado.

La foto

1 comentario:

Humo en tus ojos dijo...

OH NOOOOO!!!! De veras encontraste sus rastros!!!
rayos y centellas desde adentro y afuera de las cajitas!!!!