6.3.07

Introducción

Yo, que soy lo que se llamaría “una mujer liberada” (lo que no sé es de qué porque mis manos tienen miles de amarras); crecí con un modelo de madre poetisa, artista y no con una madre ama de casa. Es un hecho que MADRE es la que hubo en los primeros años de vida porque yo no recuerdo a la que apareció después: mi madre artista renunció a todo eso para cuidar de sus hijos -ahora que leo creo que no lo hizo para cuidarnos, lo hizo para cuidar de ella misma, para cuidarse del mundo donde los hombres mienten y hacen astillas los corazones de las mujeres enamoradas- El punto es que se convirtió o nunca dejó de ser una mujer dependiente y ahora paga las consecuencias. ”Nunca hay que depender de un hombre mami” le digo yo, invirtiendo papeles, mientras pienso cómo la vida es dura y cómo a partir de una decisión se van tejiendo caminos o telarañas. Mi mamá se tejió una telaraña, porque es mujer dependiente en estos tiempos en que los hombres ya no quieren ser proveedores. Lo que pasa es que tampoco quieren ser amos de casa. Estamos en guerra ¿no es así? Cada quien se hace trincheras y reservas de dinero, de comida, de sentimientos, de palabras. En estos tiempos cuesta encontrar alguien que quiera compartir y me refiero a compartir de verdad. Todos queremos compartir momentos buenos pero muy pocos podemos sostener los momentos amargos. Compartir no es una palabra que se escriba con sonrisas implícitas, compartir implica muchas otras cosas de otros colores más opacos.

Esto se trata del por venir 8 de marzo, de mis dudas, de mis molestias con este tiempo que me tocó vivir. Es sólo que no logro decir lo que quiero decir.

1 comentario:

klept0 dijo...

Hola Sirena, tiempo sin leerte y me encuentro como siempre palabras que evocan por certeras: "...reservas de dinero, de comida, de sentimientos, de palabras." Esa es la peor de las guerras por tenerlas dentro de casa.

Saludos desde este lado del charco, Ö_Ö