5.3.07

Las oportunidades

Él leía sus poesías. Yo me preguntaba quién las había inspirado y confieso que quise estar en alguna de ellas. Leía muy despacio, como habla, como siente; sólo que esta vez, lo que muchas otras me había parecido aburrido y desapasionado, se convertía en una nueva manera de brillar. Nunca lo había visto tras ese cristal. Hubiera bastado que esa noche dijera algo, cualquier cosa, para cambiar la historia, pero él tenía otros planes. Nos lo perdimos. Es poco probable que ese cristal se aparezca pronto entre nosotros dos. Hay puertas mágicas que sólo se abren por una noche. Esta noche él va a tocar la puerta pero yo ya no estoy detrás.

1 comentario:

Quimera dijo...

Muy cierto. A veces esas puertas mágicas también se abren por un instante alguna tarde de lluvia.