20.7.07

fecha de caducidad

El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros
(Stephen Albert, El Jardín de Senderos que se Bifurcan
de Jorge Luis Borges)


Mirar hacia adelante es inútil. No existe adelante ni atrás. Lo que existen son recuerdos y añoranzas, ideas, representaciones, aromas que han perdido la fidelidad. Distorsiones. De eso vivimos, de distorsiones. De desenfoques, de cosas vistas con mala luz y escuchadas con mal sonido.

Lo que existe es hoy, mis actos y sus consecuencias. Mientras, mi cuerpo se estremece, siente náuseas y asimila el vacío que se completa con fantasmas. Es bueno darle una cachetada a los fantasmas, como diciendo “ya los vi, los veo de frente, ahora ¿con qué van a intentar atormentarme?” Se siente rico. Eso es el goce. Con que eso es. Sabe amargo.

Innumerables futuros. ¿innumerables o sólo dos? Dos futuros terminan siendo innumerables, porque el futuro de uno es el futuro de otros, de otras, de miles. Dos futuros juntos en uno. Dos futuros bifurcados. Un futuro aquí. Un futuro allá donde las calles son de piedra (y de desamor) y donde el sol quema las flores de izote. Un futuro aquí, en medio de las ruinas del imperio. Un futuro en cualquier otra parte. Dos futuros que son en realidad tres.

Un futuro que se cumplirá en poco más de dos meses y después sólo será una distorsión en el cuaderno de apuntes. Una distorsión que nos cambiará los futuros. Los senderos entonces se bifurcarán y nadie mirará hacia atrás.


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