28.10.07

Ciencia ¿ficción?


Aún recuerdo que me dio un escalofrío cuando vi en una tienda de souvenirs una lata que decía “Aire de París”. Poco tiempo después alguien me enseñó una cajita con arena de Tierra Santa... después leí sobre los bares de oxígeno... Nada de eso me quitó el sueño, porque no imaginaba lo que sucedía por detrás de todo eso.

Cuando Nietzche dijo que dios había muerto, también dijo que lo habíamos matado. A mí, en principio, la idea me sonaba bien... menor represión, menor castigo, más libertades y menos fronteras claramente parecen algo deseable. Tal vez debí pensarlo dos veces.

Una vez que dios muere, aparece otro dios: la ciencia. Entonces los seres humanos, pecando de ingenuos, confiamos en ese dios que trabajaba para el bienestar de todos, protegiéndonos de las enfermedades, de los embates de la naturaleza, disminuyendo la vulnerablidad inherente a nuestra especie.

Ya desde antes, la ilusión de la propiedad privada nos había preparado para lo que venía... por eso, cuando a alguien se le ocurrió bautizar a un cometa con el nombre de alguna persona, no nos pareció extraño... luego no nos pareció raro que se embotellara el agua y se le pusiera una marca además de la leyenda de “producido por”. Ahora, se supone que no debe parecernos raro que a un grano de maíz se le coloque una marca registrada bajo el supuesto de que una compañía lo inventó.

Estamos asistiendo al principio del fin de la vida. ¿Apocalíptico? Pues sí... Estamos permitiendo que algunas corporaciones le pongan patente a los recursos naturales usando mecanismos científicos complejos. El maíz es lo que es hoy, porque los campesinos durante miles de años han trabajado mejorándolo, transformándolo y permitiendo que otros campesinos adaptaran a sus tierras y climas todo ese conocimiento. Hoy, una compañía toma ese maíz, le hace un cambio mínimo (en muchos casos experimentando con nosotros como consumidores) y le pone una patente. Entonces, el campesino que toda su vida ha sembrado el maíz, ha mirado la luna, ha negociado con las lluvias y ha bailado con el sol, ahora debe pagar por la semilla, comprar fertilizantes especiales y debe cuidarse de no cometer el pecado ilegal de compartir con sus vecinos.

Y nosotros, nos hemos acostumbrado tan bien a eso de “esto es mío y no te lo presto” que estamos dispuestos a dejar pasar como el viento (al que pronto también querrán enlatar) la Ley de Obtenciones Vegetales, el Convenio UPOV-91, el Tratado de Budapest y todas esas infamias que nos quieren hacer creer que alguien puede declarar derechos de autor sobre los conocimientos ancestrales, que se pueden patentar formas de vida y muchas otros sinsentidos...

Tal vez algunos quieran esperar a que ese dios que matamos en nombre de la ciencia, se pronuncie con sus derechos de autor... porque si no es el mismo demonio el que está manejando las compañías monopolistas de este mundo, al menos, se le parece mucho a esa figura que quiere acumular el mal y esparcirlo por toda la tierra... Pero para quienes no podemos esperar o no creemos en esa salida ¿Cuándo vamos a despertar? ¿Quién quiere un código de barras en su frente? Hemos dejado que algunos científicos sean como niños caprichosos y perversos que no conocen límites y que las grandes corporaciones se apropien de esos conocimientos para monopolizar.

"Cuando uno negocia, todo tiene un precio" dijo con cinismo Amparo Pacheco en un debate sobre ambiente... A ver cómo les cae leerse esta noticia...

Campesinos de India se suicidan empobrecidos por transgénicos Leer la noticia

Otra "Syngenta: milicias privadas y asesinatos"

El pasado 21 de octubre, una milicia armada contratada por la trasnacional de transgénicos Syngenta, invadió el campamento Terra Livre en Paraná, Brasil, matando de dos tiros a quemarropa a Valmir Mota de Oliveira, conocido como Keno, militante del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), de 34 años, padre de tres hijos. Además hirió gravemente a otras personas del mismo movimiento.

9 comentarios:

wílliam venegas segura dijo...

Sirena: Me encanta su templanza de lucha, me acuerdo de compañeras en mi juventud, firmes, inconmovibles, de primera línea, contra Alcoa, con la lucha contra Somoza, contra la guerra en Vietnam, por el amor y paz, por la Revolución Cubana, por el Che..., en fin. Por aquellos años conocí a Julia Ardón y sus hermanas, solo que eran niñas muy niñas, de brazos. De una de las compañeras valientes de entonces me enamoré, fuimos novios por años y terminó el noviazgo, mas no el amor. Otras renunciaron a los ideales, les encontraron el precio, no sé, pero se acomodaron, como Amelia Rueda (tan beligerante entonces)y como la propia Amparito (Amparo Pacheco que usted menciona ahí, sí, ella). ¿Cuál será tu suerte, Sirena?

Julia Ardón dijo...

Gracias William...por la mención...ve vos...tanta agua debajo de los puentes...

La gente cambia...para un lado y para otro...al igual que Amparito y Amelia...muchas comenzaron en otro lado y ahora están en otro...

Yo recuerdo cuando un vasito de agua nunca se negaba a nadie y siempre, siempre, era regalado...
Cuando comenzamos a ir a Nicaragua, recuerdo cómo nos llamaba la atención que se vendiera "agua helada" en bolsas...nos parecía "tan loco".
Y ya ves...yo me resito...sigo tomando agua del tubo!

Susana dijo...

Conozco poco a esta sirena, pero no puedo imaginarla en otro mar que no sea este.

Lau Fu dijo...

¡Cuánta lucidez Sirena! Gracias por este post.

marcelo dijo...

Me quedo con un mal sabor de boca: estoy de acuerdo con lo que estás diciendo, nada más no me gusta la forma.

(Así, entre paréntesis, eso de ponerle nombres de personas a los cometas en realidad es una moda nueva, Sir Edmund Halley no le puso su nombre al cometa, sino que gente después de él le quiso hacer un homenaje, creo que postumo, bautizándolo de esa forma. Y los nombres de los huracanes no tienen que ver con personas específicas, se crea una lista al inicio del año con nombres como Ana, Berta, Carmen, Diana, etc y conforme aparecen los bichos esos se va sacando el primer nombre de la lista y se les asigna a cada uno)

Tal vez lo que no me agrada es la noción de que esto es producto de los científicos. Si uno escarba hacia atrás, esto en realidad es producto de 1) los ingenieros (diga hola, don Henry Ford, gracias) 2) los alquimistas (secretivos hasta la muerte, literalmente) que degeneraron en los médicos que a su vez degeneraron en los farmeceutas que degeneraron en "empresarios" 3) los economistas que mutaron en empresarios.

Y hoy en día tenemos a toda una tropa de biólogos (que no es lo mismo que todos los biólogos) que vendieron a su profesión.

Entonces creo que lo que pasó fue que cuando matamos a ese dios que vos decís fue substituído por otro: el dios dinero.

Sirena dijo...

Marcelo: hice unas correcciones tomando en cuenta lo que decís... entiendo que no soy lo suficientemente rigurosa... es que o escribo lo que siento como lo siento o no escribo nada por estar buscando la exactitud del dato... Por suerte viniste ;-) y no te incluyo entre esos científicos...

Lau fu: ¿lucidez? no creo... es que me atragantaba si no lo decía...

Susana: ¡eso espero! Un abrazote, vos también sos una de esas que no se venden...

Julia: Yo no conocía de tu pasado revoltoso... qué bien que seguís estando de nuestro lado porque vos con tu fuerza nos llevarías en banda...

William: andas medio melancólico... no? Gracias por seguir viniendo y or comentar siempre... además por los datos esos del pasado que son tan interesantes... ¿qué hace que las personas cambien tanto su visión de la vida? o ¿será que el compromiso siempre les quedó grande?

:: Cianuro :: dijo...

pues que la ciencia busque mejor vida.. porque con eso de aliarse con la economia, nos jodimos toditos!!

ahora artificializamos lo natural y lo embotellamos, mientras matamos lo verdaderamente natural.. apocalipsis? quien sabe.. tal vez mas bien "causa y efecto"...

elopio dijo...

"Entrad, señor, comprad patria y terreno,
habitaciones, bendiciones, ostras,
todo se vende aquí donde llegasteis.
No hay torre que no caiga en vuestra pólvora,
no hay presidencia que rechace nada,
no hay red que no reserve su tesoro.
Como somos tan "libres" como el viento,
podéis comprar el viento, la cascada,
y en la desarrollada celulosa
ordenar las impuras opiniones,
o recoger amor sin albedrío,
destronado en el lino mercenario."

De El Camino del Oro de Neruda.

SCHINDLERIA PRAEMATURUS dijo...

disfruto y disfruto leyendo este blog. no se nada más que la dicha de leer al fin, algo sesudo en este mierdero de mundo.

Saludos!