13.11.07

No, las tortugas no pueden volar (a menos que exploten)

Género: Drama... “Eso no es drama”, dijimos las dos... “Es realidad”, dije yo... No hay género posible para catalogar algo como eso.

“Levanten sus miserables existencias y vámonos” les dije. No podíamos movernos de las butacas del cine. Dos de nosotros encendimos nuestros teléfonos ¡Qué burda manera de regresar a nuestro mundo cómodo! Luego nos preguntamos a dónde ir. Nadie quería comer, nadie quería existir. Nos daba vergüenza existir, caminar con libertad, pensar si íbamos a tomar una copa de vino o si nos íbamos a casa, a cobijarnos con edredones suaves, a revolcar en nuestras almohadas esas imágenes terribles que la pantalla nos clavó en las miradas.

Yo, a ratos pensé en Mohammed. Mis lágrimas salían al pensar en ese muchacho a quien nunca conoceré, a quien nunca podré dar un abrazo.

“¿Para qué vemos eso?”, preguntó uno. Después de un silencio dije “el mínimo tributo que podemos hacer a esas personas que viven eso todos los días es saberlo, saber lo que sufren y conmovernos”. Con eso calmamos nuestras conciencias momentáneamente... porque ¡es tan poco eso de conmoverse!.

Es terrible, es simplemente terrible este mundo. A veces creo que lo mejor que puede pasar es que la especie humana se extinga. Para eso, sería necesario que dejáramos de luchar contra corriente, que dejáramos que pasen todos los TLC's del mundo, que se patenten todas las semillas para apresurar las hambrunas, que permitiéramos que toda la caña y el maíz se usaran para alimentar los automóviles. Tal vez deberíamos dejar que las fábricas tiren todo el humo, toda el agua contaminada... que las mineras llenen el agua de cianuro, que las guerras siembren uranio degradado y minas en todos los campos... que sea tan terrible la vida, que nadie quiera traer hijos al mundo... y que vayamos despoblando poco a poco este planeta...

Yo hoy ya no quiero traer hijos al mundo. Me ha parecido siempre algo tonto ese argumento de no tener hijos porque este mundo es una mierda... pero hoy, este mes, en este país, en este mundo, después de ver esa película, me suena demasiado razonable.

A veces me arrepiento de no ser tonta, de no ser una de tantas amas de casa que crían hijos en cápsulas privadas. Me imagino que yo también pude haberme convertido en una de esas que andan en carros grandes, van al gimnasio, luego van a hacerse las uñas, recogen a los niños de la escuela, llegan a casa a leerse una revista de modas y salen por la tarde a tomarse un café para hablar tonterías con las amigas que han ido en la mañana al ginmasio, a hacerse las uñas, a recoger sus niños de la escuela. Tal vez hablan de sus revistas o de lo mal que decoran sus empleadas domésticas sus cuartos de baño... o de la secretaria del marido infiel de su enemiga. En todo caso, no creo que hablen de cómo hemos convertido este mundo en un infierno.

A veces, por uno o dos días, yo pierdo la esperanza y me canso de luchar. Hasta nuevo aviso, ando en días grises.




9 comentarios:

Ana dijo...

Yo intenté e intenté y no, no te puedo imaginar como una de esas de carros grandes y revistas de modas. No puedo creer que vos también pudiste haber sido una de ellas.
Pero bueno, algunas espirales llevan a lugares extraños (por dicha esta no).

Yo sé que de gris en gris no hay mucha variación, pero por ratitos de ver colores en un par de hilos se me pinta un poco el panorama. Ese lo puedo compartir, como el domingo.

¡Un abrazo!

elopio dijo...

no te veo poniendole más atención a las uñas que a la libertad.

Caro dijo...

Esa película tiene ese efecto. Yo tragué grueso y me quedé con la boca cerrada y el alma hecha un puño. No supe que decir o que pensar. Hay momentos en que a uno se le olvida que hay persona cuya realidad es esa, tener cuidado de donde ponen el pie porque en segundos puede volar en pedacitos su futuro.
Esa película, definitivamente lo deja a uno pensando y dandose cuenta de que es verdad, es muy muy poco lo de conmoverse.

meleobro dijo...

mierda de mundo.

hay personas que no deberian tener días grises, o negros...

como las sirenas y otras criaturas silvestres en constante peligro de extinción...

Susana dijo...

Pues sí... porque la otra opción es traer hijos al mundo y tratar de que crean y luchen por la utopías... Pero eso es también condenarlos a tener muchos días grises. Entonces, la cosa es más ruda, porque te toca luchar contra tu desesperanza y contra la de ellos...

Un abrazo.

Sirena dijo...

Susana: No había pensado en eso... creo que no soy tan fuerte para hacer lo que has hecho... ¿cómo se hace? Yo de verdad, me siento apenada por no haber siquiera mencionado que se pueden hacer ambas cosas si se tiene la fuerza suficiente... ¡un abrazo que ahora te daré!

Meleobro: a veces me dan ganas de abrazarte, pero no así jajajaja... o tal vez...

Caro: lo terrible de todo es que todos estamos rodeados de minas y ni nos damos cuenta... porque tenemos el privilegio de que sean de otro tipo, pero minas al fin. Cuidado.

Elopio de mi vida... yo tampoco pero a veces dan ganas de escapar...

Anita: ¡ya sé que no me podés imaginar! pero creeme, yo pude haber sido una de esas... si no fuera la que soy... O sea, ya no puedo...

Susana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Susana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Susana dijo...

Ay sirena, gracias por el abrazo, aunque no sabía que era por esto.

Peguntás cómo se hace. Sinceramente no sé, lo mío no ha sido intencionado. Muchas cosas en mi vida no han sido intencionadas, pero sigo tratando ;).

Creo que un buen ingrediente para que este asunto resulte, es la congruencia. No le puedo pedir a mis hijos que no tiren basura a la calle, si yo voy por ahí dejando un rastro de porquería.

El resto de la receta amerita un blog aparte.

Otro abrazo...