5.1.08

Mi cajita de música

Estoy un poco perdida. Al parecer, hacer repaso del año que terminó y hacer una lista de propósitos de año nuevo sirve para algo. Esta vez no hice listas y ya es tarde para hacerlas. Estoy en el desorden, en el caos. Ya no es hora de comenzar a pensar en qué quiero hacer porque en momentos confusos, no se deben tomar decisiones. La lista era preventiva, ya no lo es.
De pronto, estar en otro país en año nuevo no sea buena idea. Se comienza a creer que todo es posible, que se podría bien, bastante bien, vivir aquí, estudiar aquí, crecer hacia otras ramas. El año nuevo se convierte entonces en una incertidumbre sin disfraz. Porque evidentemente, el año nuevo en mi país es y será una incertidumbre, pero la enmascaraba con la seguridad que me da el moverme en terrenos ya conocidos. Uso las probabilidades (nunca he entendido cómo se calculan pero existen) para hacerme un marco de referencia de lo que es posible que suceda en un nuevo año. Aquí, es posible que suceda cualquier cosa y todo sería una sorpresa. Es demasiado abrumador y a la vez es emocionante. Si lo pienso un poco más, es terrorífico.

Pensar en una decisión tan importante como cambiar de país para vivir, trae consigo un remolino de cambios. Como si la vida fuera un teatro con cuatro, cinco, mil escenarios y yo brincara de pronto a otro y tuviera que comenzar a improvisar las líneas del diálogo, conocer a los personajes ya sobre la marcha, sentir el peso del público sobre mis hombros esperando que haga un buen papel. La única manera de saltar de escenario es olvidarse del público. De otra manera, se termina siendo esa que regresa al escenario inicial a tratar de teñir de luces extravagantes lo que en palabras no se puede decir, como si le debiéramos a alguien el tiquete del viaje y lleváramos facturas que justifiquen el gasto. La única manera de cambiar de escenario es pagarse una misma el tiquete, no dejar deudas ni casas abiertas llenas de muebles a donde regresar. No se debe pensar en regresar, aunque se vaya a regresar de todas maneras. Cada escena debe vivirse como si no hubiera otra escena posible.

Y sin embargo, no he saltado de escenario. Sólo estoy caminando de alguna manera por el mismo rumbo sin saber hacia dónde iba. No recuerdo hacia dónde iba. Tal vez sea como esas pérdidas momentáneas de las llaves, que cuando desandamos los pasos vamos rememorando dónde las dejamos. Bueno, a decir verdad, yo lo que pierdo todos los días son los lentes, en un acto fallido en el que los coloco en un deslugar y pienso que no debo hacer eso... luego los pierdo y los busco hasta que recuerdo. Entonces, tal vez sea como esas pérdidas momentáneas y cuando vaya de regreso a casa recuerde hacia dónde iba. Ahora mismo no tengo ni idea.

Tal vez, lo que hago es un intento de evitar el dolor de mirar la lista anterior y saber que no he cumplido. Por otra parte, siento que la lista no se hace para cumplirla, sino para tener una especie de pasamanos para subir las escaleras de los días. Necesito un pasamanos. Ya lo construiré al llegar a casa. Espero.

1 comentario:

meleobro dijo...

pertubadora la idea del pasamanos... como para pensar un rato y reducirme a hacer una lista y subir la puta escalera... y bajarla porque en mi lista es innegable bajarla... igual uno nunca sabe de que estará hecha la escalera esa y ni que ocupara saberlo...