4.1.08

Oaxaca sabe a chocolate, a polvo y a chile verde II




Al tour, Suspiria no quiso ir. Pensó -porque no habla- que se empolvaría, que no quería llegar mal presentada a las manos de quien cuidaría de ella por un tiempo. Igual, los turistas no son lo suyo... aunque algunos la intentaron llevar con ellos cuando aún estaba en San José.

No había manera: para ver los pendientes de la lista oaxaqueña en un sólo día y tomar el bus a las 8 p.m. con rumbo a Tuxtla Gutiérrez, la única manera era tomar un autobús lleno de gente y ajustarme a eso de "15 minutos para ver eĺ árbol de Tule... que en realidad es un pino porque ya sabrán ustedes que el Tule es como una caña de bambú... que no es el árbol más viejo ni el más alto pero sí el más grueso del mundo... y que tiene unos 2000 años...". Todo eso lo decía Alberto, el guía, con una gracia digna de muchos dólares de propina. Hacer eso día tras día con una sonrisa no debe ser tarea fácil Suspiria -le conté de noche cuando el autobús daba vueltas y vueltas hacia Palenque- esperando que abriera sus ojos por la sorpresa.

En la iglesia de Santa María de Tule había un quinceaños. La música tradicional la tocaban unos músicos con trompetas. Los adornos del templo eran faroles de papel, como las piñatas. Se necesitaban más de 15 minutos para escuchar y ver todo aquello. No los había.

Suspiria me conoce... y pregunta si pude abrazar al árbol, como lo hago cada vez que visito mi árbol de Guanaste. Me tocó explicarle -pobre, es joven para aprender de represiones- que el árbol está rodeado de una cerca que nos aleja a los buenos por culpa de los malos. Ni modo.

Nos reímos entonces -bueno, yo reí... a ella se le iluminaron sus ojitos porque aún no aprendía a sonreir- de una turista francesa, que enojada, preguntó por qué no vamos a la mezcalera primero, en lugar de ir a ver cómo, los indígenas han teñido sus textiles de forma natural durante miles de años. Al parecer para ella, los encantos del agave son mayores que los de un parásito que crece en los cactus y que al ser estripado, despide gran cantidad de tinte rojo... y que los encantos del limón mezclados con ese rojo... y que los encantos del bicarbonato... y que el arcoiris que se forma del índigo, de las hojas de un árbol, de la fermentación de unas raíces... Nada de eso es mejor que probar cien tipos de mexcal y/o tequila... en fin, ni supe, porque no tuve tiempo de ir a la mezcalera si de veras quería tomar el bus de las 8... A mí, la mezcalera me valió madres, con tal de ver cómo se limpia la lana y cómo se hacen los hilos para tejer el tiempo, las diosas de maíz y las alfombras.

De pronto, como diría la canción... "todo se derumbó" y el tour tan correcto, tan exacto se convirtió en una excelente muestra de las casualidades, las causalidades, el caos y las teorías de la conspiración... Para ver Mitla (lugar sagrado del encuentro con el mundo de los muertos) tuvimos 15 minutos... como quien dice, hacer el mundo en tres días...

El sol, cruel y despiadado... ya no daba tregua y a mí me daban igual los miles de años que irrespetábamos mirando de reojo y como quien no quiere la cosa... Hermoso lugar, para regresar como se debe... sin minutos y sin buses descoordinados... Alebrijes incluidos, seguimos el camino al almuerzo.

De todos los compañeros posibles... elegí a dos señores octagenarios... ni sé por qué... pero resultó agradable el experimento y mi almuerzo, gratis... fue la señal inequívoca de que realmente me había convertido yo en mochilera de esas de a de veras...

Y de final... el desastre verdadero del tour... la llegada a una especie de cataratas de agua fosilizada ¿ahhh? que incluía un encuentro con la mafia del pueblo donde se ubican...

Las causalidades y casualidades que generaron el desastre fueron las mismas que salvaron mi viaje. Logré saltar la mezcalera y llegar a la estación a las 7:40 p.m. para abordar el autobús rumbo a Tuxtla... No sabíamos, ni Suspiria ni yo, que nos esperaban 16 horas en autobús y un día de clases.

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