6.1.08

sol mayor, muy mayor

Dábamos vueltas y vueltas. Era de noche y nada hacía gracia aunque mirara por las ventanas. 16 horas tardó el autobús en llegar a Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, donde había decidido pasar el día. A las 5:30, salíamos Suspiria y yo para Mérida.

En Tuxtla no hay mucho que hacer en un día. Hay muchos lugares para ir en Chiapas, pero un día no basta. De todas maneras, Tuxtla no quiso abrirse a mí y simplemente me mostró calles parecidas a todas, comercios parecidos a cualquiera y un sol que amenazaba con matarme en plena calle.

Eso sí, me regaló el mejor café del viaje, una clase de música y un nuevo amigo octogenario llamado David Gómez.

En Tuxtla existe un Museo de la Marimba. No hay mucho que verle, aunque es fundamental que a este instrumento se le dé el lugar que se merece.

Apenas entrando, don David se abalanzó sobre mí, como si supiera que tenía todo el día para escucharlo, que no me urgía nada, que el tiempo mío era suyo. Me mostró primero la marimba donde tocaba su abuelo. Después, apareció él en las fotos del museo, como uno de los grandes exponentes de ese arte de golpear la madera y hacer que broten los sonidos. Poco después se puso a tocar y a enseñarme el solfeo.

Yo, me hacía la que nunca había escuchado algo como silencios de negra, semicorchea, clave de fa y tresillo... y don David me enseñaba una a una las letras de aquel alfabeto. Después se levantaba, tocaba alguna obra de música clásica y al final se sentaba de nuevo a preguntarme cosas.

No fue el día perdido que esperaba. BIen se puede pasar un día en Tuxtla Gutiérrez, si don David está sentado en la puerta del museo esperando a que entre alguien y le sonría.

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