6.1.08

"Use su cojín como flotador"

Tirso, convenientemente, esperó hasta que estuviéramos lagañosos, desvelados y sin bañar en la salita del aeropuerto, para recordarme este post. ¿Cómo pude olvidarlo? Y ahí estaba yo, con mi boleto de Aerocalifornia en mano, las mil maletas llenas de artesanías en los hombros, recordando las aventuras de las azafatas sexys (que sí lo son por cierto) y el avión destartalado (que no lo es tanto). Como dijo Livi, ese fue uno de los mitos del Gran Fornicador, pues al menos a mí, la aerolínea no me generó fantasías macabras de ningún tipo. La espera de tres horas (no exagero, redondeo hacia abajo de hecho) se debió a la neblina que cubría el aeropuerto del D.F.

Llegué viva y renqueando por tanto peso... y me negué a pagar 300 pesos de taxi... lo cual convertí en algunos pasos, un transbordo del metro y taxi de 20 ya cercano a la casa... Fue la primera vez que pensé "en mexicano" cuando dije para mi solita: "me estoy ahorrando un chingo de dinero"... Y sí, el metro es un invento generoso y fantástico, no hay duda alguna de eso.

Mi estancia en Mérida fue algo irregular e incluyó dos días en Playa del Carmen. Ya dije, pero repito, la playa se parece más a un centro comercial (¿quién putas va a la playa a comprar perfumes o jeans?) que a esa belleza que yo denomino playa. Es Tamarindo elevada al cuadrado con una inflación del 200%, mezclada con bares escazuceños. Da lo mismo, la pasamos extremadamente bien porque muchas veces, los lugares no importan, lo que sí importa es la compañía.

De regreso a Mérida, la vida fue tranquila, tan tranquila que parecía estar en casa... aunque sin casa... es que a veces no se trata de un edificio... puede ser una taza de café, un abrazo o una visita al médico.

La ciudad no me mostró muchos encantos, pero el centro histórico me conquistó de misteriosas maneras... en forma de nieve de elote, en lágrimas y abrazos callejeros, en payasos de parque, deliciosa sopa de lima, en camisetas que mezclan expresiones mayas con el lenguaje cotidiano. Y están -oración aparte- los vestidos de lino y manta característicos de Mérida. Ya dije ¿o no dije?, que me cruzó la mente la idea más tonta que haya tenido jamás, pero como el ridículo no sirve de nada si no se hace público... confesaré que pensé que bien valdría la pena casarse, para tener la excusa de ponerse uno de esos vestidos que deben ser los más hermosos del mundo...

Estar en casa es algo indefinible. Es una sensación más que una idea transmisible. Fue reencontrarnos, reconocernos y someternos a esa dura prueba de los días y las noches de existencia en el mundo real.

La casa la dejé para subirme en el avión de Aerocalifornia. Dejé también a Suspiria para que Tirso cuide de ella. Cuando nos despedimos, ya ella no estaba seria, y ahora sonríe para siempre.

Con ustedes, Suspiria:

antes

ya sonriendo

2 comentarios:

Julia Ardón dijo...

qué bonita!!!


"muchas veces, los lugares no importan, lo que sí importa es la compañía."

GRAN VERDAD!!!

Gran Fornicador dijo...

Suspiria estuvo con el jesús en la boca todo tu vuelo.