9.6.08

Despedida 2

Compré Kleenex, me preparé para llorar, me senté junto a mi amiga del alma y escuché durante dos horas a Pedro Aznar, esperando que los recuerdos inundaran el auditorio, previendo si el cierre con él era más bien un zipper (como escribí alguna vez). Ningún pañuelo fue necesario, yo estaba en éxtasis y ni siquiera lo recordaba, aunque estuviera a tres asientos del mío. Nada queda de aquello tan enorme. No queda nada por hacer ni por decir... no hay rencor, tampoco arrepentimientos. No hay brillo en sus ojos, no hay chispas, no hay ni palabras que cruzar. Todo eso se ha ido, para bien. Y sí, Pedro Aznar seguirá siendo parte del soundtrack de una historia que nació, creció y nunca terminará, pero que ahora cada uno escribe en otros libros.

No hay comentarios.: