19.6.08

Despedida 4

Mucho ha cambiado desde entonces... la planta traída de Cocles murió por mi impericia... la servilleta hace mucho estaba en la gaveta del olvido, Margarito hace tiempo que acompaña a la Humo (y ahora a el Inge) en sus aventuras... Simona ya no está en casa (aunque algunas mañanas alucino con ella) y ahora hay nuevas fotos, además de un Janitzio (y la temperamental esperanza de conservarlo para siempre).

Ayer entregué La Burbujita. No sentí nada especial, la verdad. Quité las pocas cosas mías que estaban dentro, recibí el dinero y firmé el papel. No sentí nada especial pero lo pienso ahora: tantos años de historia que pueden terminarse con una firma en un papel.

Entonces me da por recordar la historia del carro. Los objetos guardan tantos secretos (sexuales no, nunca "salé el carro" como se dice en estas tierras a usar el asento trasero como cama) que se merecen muchos posts... ¿no? Sobre todo, merecen posts, porque los objetos están cargados con todos esos significados (significantes, símbolos, representaciones, güarever) que les ponemos encima...

La Burbujita fue el carro que teníamos un exnovio y yo cuando vivíamos juntos. En ese tiempo se llamaba "el pisuicas" y yo no lo manejaba jamás. El ex me llevaba y me traía de todas partes, así que era bien cómodo no aprender a manejar el carro, no lo necesitaba.

Tiempo después terminamos y el carro se quedó como un legado, ¿un lastre tal vez? y durante meses estuvo estacionado sin que nadie lo usara. Un día por fin me decidí a aprender y después ya no me bajé jamás del carro.

Cuando recibí la licencia, era clarísimo que no sabía manejar... de hecho me encontré con mi evaluador unos días después y me dijo jocosamente: "no la he visto en La Extra todavía ¿no ha matado a nadie?" pero me dije "si no te tirás ahora, no lo vas a hacer jamás" (era el tiempo en el que mi filosofía de vida era al estilo Kamikaze, ahora estoy en negociaciones para cambiar algunas cláusulas). Esa misma noche me fui a estrenar estatus (mi amigo aún recuerda que yo no encendía las luces) y lo demás pues ya ni para qué contarlo... el carro me dio una independencia deliciosa que yo desconocía...

Ahora, esa independencia ya no está. Anoche sufrí de nuevo ese no encontrar un taxi y la inutilidad de los pies cuando es de noche y la ruta incluye cruzar pasajes oscuros... hasta ahora no puedo encontrarle las ventajas a eso de ser de nuevo dependiente de los horarios de los buses, de lo vacío o lleno de un taxi... No encuentro hermosura alguna en tener que ir al banco a sacar más dinero del que gano en tres meses, ir a pagar la tarjeta, comprar los pejibayes que me pide el tico que vive en Guatemala, comprar carpetas, sacar fotocopias, recoger libros que pesan 10 kilos (pensando que me van a asaltar en cualquier momento y tendré que trabajar tres meses de gratis para pagar semejante suma), encontrarme con alguien que me quiere entrevistar y decirle que vengo a recogerla sin carro...

Pero bueno, si lo veo desde otro lugar, dejar ir a La Burbujita es un acto mayor de libertad. No puedo cambiarme de país llevándome un carro a cuestas (tampoco la refrigeradora, la t.v., el hornito, la lavadora, un escritorio y varias obras de arte). Que sirva esa línea para abrir la venta de garaje (vendo todo menos las obras de arte, esas me las llevo a como pueda, aunque tenga que sobornar pilotos).

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