5.7.08

Tres meses y dos días

Tenía muchas ganas de llegar a casa pero detrás de la puerta me esperaban LAS cosas, todas esas que dejé en una esquina antes de irme. En la maleta no viajaron, pasé dos semanas afuera y apenas recordaba algunas de ellas. Ayer, con sólo entrar, recordé su olor y la comezón que me generan.

Ayer pensé en cambiarme de casa. Después pensé que eso no tiene sentido, voy a cambiarme de casa de todas maneras. Entonces pensé si realmente voy a cambiarme de casa. Me pregunté por qué voy a cambiarme de país y por qué precisamente a ese país. Me sentí derrotada, pensé que no sería capaz de asumir todo lo que estos tres meses demandan de mí. Me pregunté ¿será que no soy tan fuerte? ¿será que no soy capaz de moverme? ¿será que soy una más de esas personas que permanecen, se enquistan, se quedan en una inhibición que no les permite arriesgar su estabilidad para ir a buscar ese algo más?

¿Qué es ese algo más? No sé muy bien qué es... ¿el amor? bien puede ser el amor ¿el silencio? bien puede ser el silencio.

Entonces soñé con mi artista, soñé que me prestaba su carro, ese carro que hace más de diez años dejó aquí cuando un buen día decidió tomar un avión e irse a España a ver qué le traía la vida. Me prestaba su carro, yo intentaba manejarlo y no podía subir una cuesta empinada en un camino de piedras. Hasta ahora que escribo, entiendo bien qué significa el sueño. Mi pensamiento sin escribir me había indicado que el mensaje era ¿será que nunca podré estar con el hombre con el que quiero estar? Y es que el artista y yo nunca pudimos... pero ese no era el mensaje, aunque sí hay un signo importante ahí, y es que siempre soy inoportuna, llego en momentos inapropiados. En realidad, si soy honesta, debo admitir que lo que sucede es eso pero a la vez es otra cosa, siempre se me antoja estar con esos que nunca estarán listos, con esos con los que siempre seré inoportuna, porque su tiempo nunca llega, porque de una u otra manera han decidido vivir así, atropellándose, haciéndose zancadillas. Así, alcanzan algo similar a la felicidad o la calma. Bien por ellos, mal por mí.

El asunto del sueño, además de ese... tiene que ver con ese camino de piedras... porque yo postulo que el amor es un camino de piedras y a veces queremos que sea una autopista. Y entonces sí, pienso cambiarme de casa porque el amor no está en esta casa donde vivo, ni en este país en el que está esta casa... como Palinuro, de pronto se me ocurre mover el mundo hacia ese lugar donde está una foto, apenas una foto de un instante que ya no es ni será jamás el mismo. Pero no malentendamos, no es un amor específico ese algo más, es el amor a secas, ese amor que no sé dónde estará pero debe estar en alguna parte... y la estadística me dice que no está cerca, que si está en un lugar o en una boca debo buscarlo en otra parte. Y ese amor no necesariamente está en ese barco donde ahora navega, puede ser otro y lo sabremos cuando el capitán y yo decidamos al fin qué haremos con éste que nos llena (¿ba?), si lo tiraremos al mar o lo llevaremos a tierra firme. Tal vez suceda eso de "El capitań salió a comer y los marineros tomaron el barco", eso que estaba en el messenger esa primera vez.

Entonces hoy es otro día. Hoy retomé mi casa. A veces, una taza de café, un cereal con leche de soya, una lavadora, incienso, ir al supermercado y tomar un taxi de regreso hacen que retomemos el control de los días, de la vida. Pequeñas cosas pueden hacer que esos tres meses arduos, tristes, difíciles y emocionantes, no se vean como una empinada cuesta que trato de subir sin tener éxito (como en el sueño).

Voy a irme, voy a irme porque quiero aventurarme, arriesgar, apostar. Porque así soy y esta vez, no voy a resguardarme. Tampoco estoy lanzándome desde un precipicio, el escenario es bastante seguro como para apostar. Es como si la máquina tuviera un acumulado grande y hace tiempo nadie gana con ella. Ya es hora y me puede tocar a mí ganar. Y si sale mal mi aventura, regresaré a mi casa, a esta misma casa donde ahora tengo mi hogar. Estoy en ese momento de la vida en el que no tengo miedo de crecer y quiero salir a encontrar lo que merezco. Si no lo hago ahora, no voy a perdonármelo jamás y si me equivoco, si todo será un error, lo asumiré como he asumido muchos otros.

Y ya.

5 comentarios:

A veces yo soy un panda dijo...

mudate, hay que mudar, todos los animales lo hacen y no te preocupes por lo que mereces que eso te encuentra a tí sin que te des cuenta de cuándo ni como. Las cosas a tiraralas porque pesan y en estos tiempos la capacidad de ser portátil es fundamental. Como decimos aquí: !A la chingada!!! (que sería como el equivalente a gritar !jerónimoooo! ántes de saltar al vacío)
Saludos sirena

Sirena de pie dijo...

la capacidad de ser portátil... me hace reír eso y a la vez como que asusta ¿no te asusta? Gracias Panda, necesito de esos empujones. Saludos de regreso.

Ana dijo...

Pues a eso que leí al final iba yo: el paso hay que darlo y si no funciona volvés y aquí tendrás tu hogar con todo lo que encierra. Por lo tanto, haciendo un balance, parecen mucho más grandes las posibles ganancias que las perdidas.

Dale, que aquí estamos todos detrás tuyo!

Humo en tus ojos dijo...

uuuuuuuuuuuffff como cuesta llegar aquì desde la pampaaaaaa...(los vecinos hicieron click)
Yo digo que la cuesta si se puede subir, tal vez no en el carro del artista, porque este es TU ride, pero ha de haber alguien arriba que jale, y siempre estamos los que empujamos para que al que jala se le haga màs fàcil, si caes apañamos y si no nos veremos como hormiguitas desde la cima. Y coincido con la a veces panda, ser portatil deberìa ser una materia enseñada desde el kinder.

Jen dijo...

y ya.