12.10.08

El tímido regreso de Valentina

Hace muchas noches no fantaseaba. Hasta se había olvidado cómo se siente eso de acostarse, mirar el techo y crear ensoñaciones de lo que muy probablemente nunca ocurrirá.

Valentina pensaba justamente en un amigo que es unilateralmente amigo, o sea, es su amigo sólo en sus fantasías, porque hace tiempo ya que dejó de responderle sus correos. Por mucho que Valentina lo quiera, la dialéctica falla. Él es su amigo imaginario aunque exista como persona real.

A ella le gusta como es, no importa si ni siquiera le dirige la palabra. El asunto es que fantaseaba con él la otra noche y Valentina se encontró de pronto con la alegría de lo posible. Soñó las cosas que harían, lo que se dirian y también lo que él no se atrevería a decir. Después de todo son sus fantasías y en ellas Vale puede imaginarse hasta lo que se imaginaría en el momento imaginado. Zaz, está bien dicho, aunque esté enredado.

En todo caso, Valentina es así, un poco lanzada, así que hasta en sus fantasías dijo cosas de más y entonces él huyó. Dijo un tímido hola pero salió corriendo hacia su grupo de amigos. Vale se imaginó que a ella le salía una lagrimita y todo, pero igual entró al concierto y lo disfrutó. Esa fue una versión.

La segunda versión fue que salía la lagrimita y él regresaba para darle un abrazo que le debía. Entonces, como miraba que ella estaba llorando un poquitillo, la abrazaba más, con mucho miedo. Entonces la fantasía daba un giro inesperado, sus respectivos amigos intercambiaban las entradas y ellos entraban juntos. Prometieron besarse sólo en las canciones poco importantes, para no perderse ningún detalle. El problema fue que adoraban todas y cada una de las canciones.

Ni modo. Nadie dijo que las fantasías siempre tenían final feliz.

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