25.11.08

Los momentos más tristes de mi vida siempre se dan a solas. No hay peor soledad, que cuando ni yo misma me defiendo, me quiero y soy incapaz de justificarme. Cuando nadie en el inmenso mundo me comprende pero tampoco me comprendo yo, ahí sí la vida se convierte en el mito de Sísifo y me rodea un acantilado por los cuatro costados.

No pasa frecuentemente, no hay quién lo sobreviva, pero sucede. En esos momentos, me miro al espejo y me descubro teniendo expectativas basadas en la pura ilusión o me doy cuenta de repente que nuevamente estoy metida dentro de la telaraña de la muerte.

Pero el peor de esos momentos desolados en los que se desnudan las excusas, las razones y sólo aparezco yo con mi cuerpo y el corazón destrozado, es cuando me doy cuenta (en pequeñas dosis, algo de bueno tendrá que no sean todas de golpe) que soy capaz de amar a seres que según mis principios, tendría que despreciar.

No se trata de engaño, no puedo esconderme detrás de esa desviación de la responsabilidad. No puedo decir que no sabía, que iba a ciegas, que me enredaron con palabras bonitas.

Si reviso mi lista de prohibidos y lo que me da asco, tengo labradas muchas de las características de personas que dejé entrar en mi vida (y por lo menos, de un guey-so que dejé entrar hasta lo más profundo de lo que soy y soñé con ser).

Algo está muy, pero muy mal.

No se trata de cambiar de lista, claro está. Se trata de dejar de mirar las maravillas que la gente podría llegar a ser y ver de una vez por todas la porquería que ahora es. Si me dice "soy un trapo" debo aceptar que sí, que es un trapo. Si me dice "no te vayas" debo escuchar que en el fondo, esas palabras vienen de un pobre egoísta que se aprovecha del amor. Si me imagino que en el futuro, tendré que cuidar de un desvalido incapaz de hacer un acto de amor, debo alejarme con toda la velocidad que den mis aventureros pies.

La lista no es la que está mal, la que está mal soy yo. Mirar a las personas como realmente son, despojarme de mis ojos de amor, es de las cosas más tristes que me han pasado. Sin embargo, se me ocurre que encontrar muy pocas maravillas, en lugar de creer que existen muchas, puede ser el principio de algo hermoso que depende solamente de mi.





(Lo malo, es que la madurez
y las buenas costumbres
no me quitan las ganas
de escupirte la cara).

5 comentarios:

www.lafotosaliomovida.com dijo...

Es muy fuerte este post, muy fuerte. Y por fuerte en este caso certero. Pero hay algo que lo inunda y le da vida: lo mucho en lo poco. El fin del principio, quizás. Un abrazo,

Panda en la bañera... dijo...

Tú sabes, yo creo firmemente que escupir en la cara puede ser la mejor manera de educar...bien usado, el escupitajo se convierte en una excelente herramienta pedagógica, pregúntale a Teo, èl será un hombre de bien gracias a ese oportuno y temprano escupitajo.

Amalthea dijo...

Primera vez que leo tu blog y pues el último post -que es lo que he leído primero- me ha gustado mucho :)
Te encontré porque hice un click en tu nombre en el blog de Panda (ya que pensamos lo mismo sobre los Radiohead).
Como decía, tu post me ha gustado porque me identifico mucho con lo que has escrito, pero ya sabes, lo primero cuando algo anda mal es "darse cuenta".. ya identificado, yo también recomiendo escupitajo en la cara.. yo no le he hecho (aún) pero ahora creo que sería algo delicioso hacerlo, no?.. Escupirle todo el veneno, antes de que yo termine envenenada.. jaaaaaaa
Saludos desde Lima :)

Sirena de mentiras dijo...

Sergito: es fuerte pero yo también! Otro abrazo para vos.

Pandita: creo lo mismo, algunos niños sólo entienden a escupitajos... Tal vez la psicomagia me lleva a realizar ese acto en el justo lugar donde todo comenzó.

Amalthea: ¿podés creer que me quedé sin entrada a Radiohead????? No me merezco eso... Yo digo que formemos el escuadrón internacional de escupitajos vengadores... (gracias por venir y por dejar comentario).

Humo en tus ojos dijo...

Ayer estabamos hablando algo de la proyección, y me acordé de este post, volteando el espejo, ¿qué tal empezar por en vez de ver las cosas maravillosas en el otro, proyectarlas en la Sirenamisma, en una-misma, que es quien al fin y al cabo tiene todo eso dentro y lo proyecta cinematográficamente en los demás?