21.12.08

Te daría 99 globos rojos si pudiera

A O. como disculpa por lo imperdonable


Una vez me tocó escuchar al grupo de terapeutas en formación de mi universidad, reírse de un motivo de consulta. Yo lo entendí a la perfección, no sólo porque quien lo dijo era mi amigo (a quien yo -equivocadamente- había recomendado asistir al centro) sino porque era clarísimo. Si uno dice que acude a consulta porque "no sabe querer" está claro que conoce de lo que habla. Los idiotas son los que se ríen.

Lo pensé el otro día... si comenzara una psicoterapia ahora (que a precio de $1000 por sesión, es poco probable) le diría al terapeuta que mi motivo de consulta es que estoy buscando amor. Ese es de los problemas más graves que hay. Primero, porque el amor es el recurso más escaso y del que hay más falsificaciones en el mercado. Segundo, porque aunque lo encontrara (como ya me ha pasado), sé que tiendo a confiarme, hacer nido y mirar a las estrellas con el descuido propio de quién creee que ya tiene el mundo en sus manos... creyendo que nadie se lo puede arrebatar o que es imposible que se esfume.

O sea, estoy jodida... como ya todos los que leen aquí, sabrán.

El amor lo he encontrado en muchas maneras. Soy una persona afortunada. Mis amigos y yo tenemos relaciones de amor (no de cariño, que no es menos, pero es distinto). Nos amamos, nos ayudamos, nos reunimos, hacemos planes, y sabemos que sin importar qué pase, siempre estaremos ahí de una u otra manera. Pero yo, por mis lamentables tendencias, cuando sé que alguien me ama sinceramente olvido que debo cuidar de ese jardín. Me convierto en algo así como un caracol, una ostra, alguna de esas criaturas aburridas y lentas que creen que ya no tienen que hacer nada para conservar ese amor (no sé si las ostras hacen eso, pero los caracoles sí, de fijo).

Es inconsciente, claro está. Ahora está en la superficie porque puedo mirarlo desde lejos. Cuando estoy haciendo mis actos de descuido, no me doy cuenta. No me doy cuenta tampoco cuando ya han pasado, a menos que la persona afectada me ame lo suficiente, como para decirme abiertamente que la cagué.

Debe ser algo así como mirar el amor como un premio. Cuando te dan un premio, ya nadie puede quitártelo (a menos que descubran que usaste drogas, plagiaste o quién sabe qué). Pero el amor no es un premio, es una casa de alquiler (como ya dije en El Otro Lugar). No sólo hay que renovar cada cierto tiempo el contrato, también hay que darle mantenimiento. Si dejamos los bombillos quemados, que rechinen las puertas, que las goteras hagan hongos en las paredes, que la grasa se acumule en el techo de la cocina... un día de tantos nos echan de ahí. Y no es tan fácil como buscarse otra casa. Yo no quiero otra casa, quiero esa casa que construimos hace 17 años, quiero cuidarla, conservarla, remodelarla y abrirle espacios en el techo para que entre el sol.

Entonces, ¿cómo es que estoy buscando amor y el que tengo lo descuido? Si pudiera responder a esa pregunta, no necesitaría los mil pesos semanales, claro está. Obviamente son dos amores diferentes, pero el descuido es el mismo, ya lo he vivido. De todas maneras, del que no tengo, no debo preocuparme demasiado porque es poco probable que lo encuentre. Eso no quita que sea un problema serio. No se debe -jamás- buscar amor porque no es un objeto perdido en la paquetería de una tienda. El amor no se encuentra, se construye y en estos tiempos, lo que abundan son voluntarios para la demolición. Ya saben, la crisis del sector inmobiliario alcanza todas las construcciones, las casas de alquiler y los parques.

Lo que debo hacer es aprender a cuidar lo que ya tengo sin pensar en lo que falta (buaghh, malditos psicoANAListas franceses), sobre todo, porque no hay vulnerabilidad mayor, que tratar de construir cuando el terreno es acuoso (como lo es, por completo, Ciudad de México).

(Ya se, termino hablando de mi... pero es que estoy tratando de entender)

2 comentarios:

Ondina dijo...

buaaa!!!!

Panda en la bañera... dijo...

beso-abrazo-beso-abrazo-bezo-abrazo...ánimo que la casa no se ha caído.