19.12.08

Ya saben... esa de los objetos en el retrovisor están más cerca de lo que parecen

La distancia tiene efectos. Podría decir que son efectos curativos pero no estoy segura. No sé si la distancia permite ver con más claridad o si por el contrario, distorsiona los recuerdos, los sentimientos, las ideas que tengo acerca de las personas, la forma en la que veo mis reacciones, mis problemas, mis errores.

Lo cierto es que de pronto, me sorprendo postergando los cierres, como ya he dicho antes... algunos cierres son zippers (o cremalleras). En el fondo, creo que intento abrir una puerta que alguien ya cerró en mi cara una y otra vez. Entonces me engaño diciendo que es un cierre y no, es un zipper. Leo una carta añeja y vuelvo a guardar sus palabras en conserva. Pronto se pudrirán pero aún huelen bien, como el cariño.

También tomé las tijeras y corté los hilos con los que había cosido un cierre, un cancelado. Comencé a abrir las costuras y me dolió de nuevo. No debo hacerlo, no debo, ya lo sé. Un tipo grosero (por muy genial que sea) no es digno de segundas oportunidades... No me regañen... es un asunto de contraste con los mexicanos de mi edad, que se creyeron el cuento de la adultez y el aburrimiento... y los de 24 que por andar en el anarcopunk están más confundidos que perro en misa (que me perdone la perrita Camila, que en paz descanse).

No soy más sabia ahora, estoy más sola y eso me deja ver en crudo que no sólo no soy más sabia... puedo ver que la mayoría de las veces me comporto como una tonta a escondidas... Quien sabe ver, lo nota... quien no se deja apantallar, lo sabe.

Por eso, voy al menos por unos días donde me quieren mucho y me dicen que estoy equivocada... que los tontos son los demás... Así, recargo un poquito el amor propio y regreso con energía a confrontarme con el espejo de la casa de México.

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