31.1.09

No sé qué sigue después de la tercera caída

Anoche le quitaron la máscara a El Místico. Se la quitaron pero no se estaban jugando máscaras. Lo más que pasó es que tuvo que ponerse una máscara ajena para salir de la lona.

Hoy, me despertó un corto beso. Pensé que es de lo más triste despertarse los demás días con el aberrante timbrazo del teléfono celular. También pensé algo más triste: me siento como si en el campeonato anterior hubiera perdido la máscara. Ya no es lo mismo. Perdí mis poderes y ahora los besos cortos y sinceros me dan mucho miedo. Tuve ganas de confesar que "puedo presumir de poco porque todo lo que toco se rompe. Te presté un corazón loco que se dobla con el viento y se rompe" (como dice Calamaro), pero no pude.

Por cierto, El Santo cumple 25 años de muerto hoy.

La despoesía no es lo mismo que leer un querido diario bajo un reflector

Dice RF que la poesía debería declararse muerta. Dice que el problema con la poesía es que quienes por mucho tiempo trataron de escribir cuentos y les salieron gachos, después pensaron que la poesía era más fácil y le entraron al oficio de la rima y la métrica... Pero eso resultó muy complicado. Casi, casi desistían, hasta que leyeron las letras de Cerati y dijeron "¡pero si ahí está! la poesía no tiene que rimar". Desde entonces, cualquiera dice que escribe poesía.

Yo a veces digo que escribo poesía (no en este blog) y a veces rayando con casi siempre, me da pena llamarles así. Cuando RF hablaba, me preguntaba si padezco del mismo síndrome de "la poesía facilista". No lo sé.

Lo mismo me pasó cuando leí el libro que el Panda me regaló en navidad. No lo he terminado aún, me siento como si Virginia Woolf fuera mi tía sabia y yo la hubiera dejado hablando sola, con la excusa de "tengo que irme, luego te llamo". No la he llamado y la conversación sobre El Cuarto Propio se quedó en suspenso, aunque la llevo por dentro todo el tiempo. La "tía Virginia" me preguntó más o menos ¿creés que tenés derecho de escribir berreos a estas alturas de la historia? ¡una cosa eran la Bronté y otra sos vos! ¿No va siendo hora de salirse un poco de las circunstancias del yo y entrarle a escribir de verdad? Si ya tenés un cuarto propio ¿qué estás esperando?

Y más o menos las mismas preguntas, quería hacer yo la otra noche en el "Miércoles de Poesía" en la Cafebrería El Péndulo. Cafebrería es un término que le queda grande, porque en ese evento no vendían café (algo que por supuesto, inspiró nuestra máxima indignación y nuestra mejor e insultante inspiración poética, obra que algún día El Panda y yo ofreceremos al público). Y poesía es un término que también le queda grande a los mamarrachos que se leyeron esa noche (para ser justa, debo aclarar que sólo soportamos cuatro de los 15 "poetas" prometidos y uno que leyó a Pessoa y Neruda. Quién sabe si la poesía se apareció más tarde, cuando ya había ido RF a rescatarnos).

El caso es que no soportamos. Para no subirnos a un escenario a leer nuestros llamados de auxilio es que tenemos un blog donde berrear. Para no leer ante un público que cree que asiste a un grupo de autoayuda, no volveremos jamás a ese lugar. Todos tenemos derecho a escribir lo que queramos, pero ¿tenemos derecho a llamarle poesía? ¿es algo subjetivo llamarlo así? (al estilo de, si a mí me parece que es poesía, es poesía) ¿se puede tomar en serio un espacio de lectura de "poesía" que está absolutamente viciado, donde la crítica es imposible y los aplausos se dan por simpatía?

No, no y no.

Ahora, ¿es necesario ser experto en qué es un soneto, un tetrástico, un rispetto para escribir poesía? Tampoco. Eso creo. Tal vez quienes leyeron el miércoles están peleados con las normas y la academia. Pero eso no basta. ¿De qué se trata entonces? ¿Cuál es la clave? ¿Alguien o algo dice qué es poesía y qué no? No sé quién es el alguien o el algo. Técnicamente sé lo mismo de poesía que de pintura (casi nada) pero reconozco ese algo que pasa en el cuerpo, en el espíritu cuando alguien lee una poesía o cuando miro una obra que contiene alguna idea potente. De alguna manera, es como cuando alguien toca un violín perfectamente afinado. Es maravilloso y nadie duda que lo es. Por el contrario, cuando suena un violín desafinado, no nos queda más remedio que arrugar la cara, salir corriendo y dejar hasta la mitad una copa de vino.

Mi segunda búsqueda de un taller de poesía en la Ciudad de México ha sido un fracaso más rotundo que el de la búsqueda anterior. Mientras encuentro interlocutores críticos pero también, relativamente conectados con mis historias, retomaré mi conversación con la tía o reiré con Roberto Bolaño y Los Detectives Salvajes. O tal vez, sea hora de abrir nuestro propio deshuesadero de palabras. O tal vez, debamos ir a efectuar un acto reivindicativo del escuadrón.

26.1.09

La pesadilla soy yo (pero se me quita)

Últimamente tengo la sensación de haberlo dicho todo. Tal vez todo lo que soy y cómo pienso, se almacena en las palabras que he puesto aquí desde el 2004. Estoy casi segura, quien sabe leer entre líneas y encontrar relaciones, tiene aquí mi alma completa.

En todo caso, esa introducción era para decir, que es muy probable que todo lo que escribo ya lo haya dicho antes. Por ejemplo:

Soy una persona extraña por las mañanas, cuando aún no he tomado mi taza de café. Soy un zombie desaliñado y malhumorado. Y a veces esa situación puede empeorar.

A ninguna hora del día soy una buena persona si me sirven un mal café. He probado el Noescafé® solamente cuando una persona a la que jamás le despreciaría un ofrecimiento, me lo sirve con orgullo. En otras circunstancias y sobre todo, cuando se paga un dineral por una taza de una bebida oscura que alguna gente llama inmerecidamente café, soy horrible.

Por eso decía que la situación puede empeorar... como en la mañana de hoy cuando Ch. tuvo la genial idea de invitarme a desayunar en VIPS (una cafetería tipo... tipo... no tenemos en Costa Rica... digamos que como Soda Tapia si existieran cientos de sucursales).

Yo: Quiero un café americano con leche (aquí, sepa san iGNUcio por qué, el café simple se llama "americano").
Mesera: Le ofrecemos americano con crema o café con leche, pero americano con leche no.
Yo: Esteee.... (de qué estará hablando esta babosa... malditas ideas, yo tengo excelente café en mi casa, ¿por qué me dejé arrastrar por este Ch. inmisericorde?)... bueno, tráigame un café con leche.
(La mesera se acerca peligrosamente con un frasco de Noescafé® descafeinado... o sea, el Noescafé® al cuadrado)
Yo: ¿ese es el café que me va a servir?
Mesera: Sí... es que americano con leche no se puede.
Yo: ¿Usted le llama café a eso???? Pues tráigame un "café gourmet" (así dice en el menú, café gourmet) porque yo no me arriesgo a tomar de eso.

Desde ese momento, supe que no sería un buen día. Pero sobreviví... también al "café gourmet" que era agua teñida con algo un poco mejor que las mentirillas molidas de Nestlé.

24.1.09

Una llamada telefónica no es como un abrazo, no se siente como un abrazo, si siquiera cuando pronunciamos esa palabra. No me doy cuenta cuánto extraño a la gente, hasta que escucho su voz en el teléfono y sé que es posible hacer planes. No puedo decir "nos vemos mañana" o "¿vamos al cine?". Nada.


20.1.09

Apágame la vela...

3 p.m. Mercado "Medellín" (así le digo yo, creo que se llama Melchor Ocampo pero está en la calle Medellín y venden puras cosas colombianas, no me salgan con ésas).

3 p.m. Mercado Medellín. Fuimos por un helado después de comer. Una bola de chocolate, 20 pesos. ¡Qué caro! les pareció a mis compañeras de la oficina. A mí no. Desde que descubrí a los cubanos que venden helados hechos con leche y no con grasa vegetal como esos Holanda y esos infames que se hacen llamar helados... no quiero comer ningún otro, excepto las nieves de tamarindo con chile.

3 p.m. Mercado Medellín. "Vamos a que nos lean la vela" (ellas). "¿Aaaahhhh?" (yo). Nunca entendí. Una señora nos hizo esperar mediahora, puso tres velas en un cuenco con chunches y le dijo a ella unas cuantas verdades que bien podía haberle dicho yo, pero no es lo mismo. Le dio buenas noticias para todas. "Tenés que hacerle una pregunta concreta, ella revuelve las velas y te va diciendo" (ella). "No quiero preguntar nada, no tengo algo claro qué preguntar" (yo). Así que no pedí que me leyeran la vela. Y entiéndase, no es el humo, la vela no se enciende hasta que una llega a la casa, le pone trigo y miel y la quema hasta que se acabe.

Pensé en algún momento, entrarle a la experiencia. No recordé a mi hermana aquella vez que la gitana en España me leyó la mano y me sacó unas pesetas... "Hay un moreno que te ama" me diijo hace más de... ¿cuántos años serán? Aún no entraba el Euro... Ni sé... el caso es que aún estoy esperando al moreno que me ama... para decirle que yo no...

Pensé preguntar "¿debo quedarme en México?" pero no lo hice. Esa pregunta se supone, que la responda yo. Para eso, estoy pagando la reconstrucción (a un costo de arquitecto famoso condecorado por las altas academias de obras arquitectónicas).

Y sin embargo, hoy recibí un correo que dice "ya venció su contrato de alquiler". "¿Ahhhhhhhhhhhhhh?" (yo) . Después vi el contrato que me traje de CR y dice que lo empecé en el 2006. "No pude ser... ¿hace tanto tiempo?" (yo). "Hay que renegociar el contrato" (dijo ella, la hija del casero que por cierto, acaba de morir -él, no ella- y sin embargo, escribió correo hoy con su dirección de antes). Y la pregunta "¿Debo quedarme en México?" sigue ahí, sólo que ahora con más urgencia. Ahora mismo no quiero irme, pero se me hace que vender la refri es como quemar las naves... Esa refri ha inspirado poemas, mis electrodomésticos me hablaban en los días de demasiada soledad... No puedo pensar qué haré si tengo que desocupar el apartamento estando aquí... pero bueno, mañana, me iré a leer las velas!!!!

18.1.09

Las olas

Cuando llevaba cuatro horas de caminar por el centro, en el momento en que dije "mirá, si por aquí se llega a la Plaza de Santo Domingo", el zopilote estiró sus alas, se soltó de mí y dijo hasta pronto.

Tal vez se cansó de caminar, de buscar y buscar en los estantes de libros usados, de discutir con el vendedor que decía que 349 menos 25% son 299 pesos... de buscar una cafetería con espacios vacíos...de buscar películas piratas y encontrar la primera de mi colección de Woody Allen... de comprar discos de rock mexicano con artistas como El Haragán, Heavy Nopal o Liran Roll...

Tal vez vio que yo estaba disfrutando demasiado el paseo, que ya no me iba su color negro con mi blusa azul y mi sonrisa...

El caso es que se fue. No dijo adiós - claro está- para dejar abierta la posibilidad de volver (y pronto).

15.1.09

La profesión va por dentro

El problema no es la ciudad. Tampoco la idea recurrente de que enero es el mes de más sol, calor y paseos a la playa en mi tierra. Tampoco la idea fija de que sigue temblando y que en pocos minutos, la vida puede acabarse. No pensé que mi vida se acabaría, pero en el momento de mayor fuerza del terremoto, pensé que se acabaría la vida como la conocemos. Pero después, los edificios estaban en su lugar, el candelero que cayó al piso, fue levantado por algún visitante (yo pensaba dejarlo ahí, como recuerdo), y seguimos la vida. Fue fácil seguir la vida hasta que miramos la t.v. No hay Internet que alcance, que me perdonen los fans del twitter... así como la t.v. pocas veces permite profundidad, las palabras se convierten en esfuerzos tontos y caen vacías ante las imágenes de un desastre o de la muerte de dos niñitas que los rescatistas sacaron de la tierra.

Fue fácil seguir la vida, hasta que despertaron las preguntas. Entonces, pocos amigos (demasiado pocos, la verdad, decepcionantemente pocos) salimos a recolectar cobijas, colchonetas, pañales, enlatados. Compramos libros para colorear y paquetes de crayolas. Y después, yo tomé un avión y llegué aquí, a la ciudad gris que cuando dejé, tenía colores.

Aquí, enero es un octubre frío.

Ahora, el zopilote me acompaña y de vez en cuando me recuerda que no he leído el periódico de Costa Rica. Lo leo y me entero que tembló cinco veces en una hora. Es desesperante, en una forma aún peor, tristeza. Creo que lo peor es estar desesperada y no poder hacer más que estar triste.

Y me da por llorar. Y llorar es tan inútil.




Antes de fin de año, tuve un sueño extraño. El médico me decía que tenía un tumor en el cerebro. Yo reaccionaba con alegría, aliviada de que por fin, hubiera alguna explicación para los dolores de cabeza, mareos y otros síntomas. Después, lloraba mucho pensando en todo lo que querría hacer todavía en la poca vida que quedaba. Pensaba también que donaría mi cuerpo a cierto instituto mexicano de cierta ciencia. Eso quiere decir, que le donaría mi cuerpo al Gran Estafador para que se divirtiera estudiando las causas de mi muerte.

Ya despierta, me senté frente al mar y me llegó la clave del sueño. Ya se sabe, el corazón con el que amamos y odiamos, no está en el pecho, está en el cerebro. Yo no tengo un tumor en el cerebro pero sí tengo un tumor en esa zona que seguramente debemos llamar alma en lugar de buscarle nombres científicos. El alma es una función, no un lugar... y yo en la función del alma (que no es otra que la función de amar) tengo una lesión severa.

De ahí surge la reacción ante el médico del sueño. Es que no era un neurólogo, era un psicólogo. La reacción es la propia del descubrimiento de algo importante sobre una misma. Es el "eureka", el "darse cuenta" y el "me cae".

Y me cae que ese es un grave problema. Tener dañada la capacidad de amar es una grave lesión. Por eso, no es posible postergarlo más y el lunes comenzaremos las labores de reconstrucción. Los tumores en el alma no se extirpan fácilmente. Creo, que en lugar de arrancarse, deben disolverse. Por eso toma tiempo y a veces, parece que crecieran antes de desaparecer.

14.1.09





Cayó sobre mí y me envolvió con sus alas

Escapé de la oficina. No tenía otro remedio. Sólo se me ocurría caminar, esperando que como muchas veces, el cerebro funcionara con la energía que generan los pies.

Igual, no quiso despertarse. El zopilote me inundó con esa cruda y brutal tristeza que carga (porque a los zopilotes, nadie los quiere ni ver) y se me ocurrieron varias excusas: "estoy infinitamente triste porque en mi casa hubo un terremoto y se murió mi gente", "estoy triste porque mi trabajo es una mierda", "estoy triste porque no tengo claro qué estoy haciendo aquí", "estoy triste por Palestina", "estoy triste porque los negocios aquí están cerrando". Y descubrí que hay más de una razón de peso para estar triste. Pero en la mezcla, me falta admitir otras.

Estoy triste porque este mundo es una mierda (estoy cansada de repetirlo, pero nunca se gasta) y seguimos viviendo como si nada ocurriera, como si pudiéramos darnos el lujo de desperdiciar abrazos, encuentros, días de sol y noches de encuentros (sexuales, literarios, terapéuticos, borrachísticos).

Estoy triste, porque por estar cargando penas ajenas, olvidé divertirme como sabía hacerlo y porque al parecer, soy la única que se emociona como si la vida pudiera acabarse mañana y la única que cree que es una pena desperdiciarla en necedades, en excusas, en palabras vacías y en planes truncados. Entonces, si sumamos uno más uno nos da aburrimiento, tedio y más minutos para analizar que el mundo es y será una porquería.

Las drogas no se me dan... pobre de mí. Otros, compensan los desencuentros con marihuana o con licor... se sientan frente al televisor y esperan a que llegue el día siguiente para repetir lo mismo, siempre lo mismo. Yo, lamentablemente, necesito acompañarme de algo más que una película en el cine, me alimentan las historias de los taxistas, los niños en el parque, las que me invento cuando me compro una torta en la esquina... pero no basta. Todas las historias son mejores si tienen más de un narrador (y por supuesto, ninguna historia está completa sin escenas amorosas o pasionales).

He tenido que cargar con demasiadas ausencias y ya no lo soporto. También estoy triste porque no soportarlo me hace mirar hacia adentro y ver lo tremendamente rota que estoy. Y estoy triste porque no puedo repararme sola. Y porque volvemos a lo mismo.

Creo firmemente que en esta vida, todos somos enfermos terminales. Tal vez se necesitan algunos años para llegar a esa sentencia... tal vez se necesitan golpes. El caso es que yo (lo que soy yo, como decía el Gran Estafador) conozco bien esa sentencia y en lugar de tomarla con amargura, quiero tomarla con pasión.

De la frustración por el choque entre la realidad y mi filosofía de vida, de ahí sale el drama.

Buenas tardes, buena suerte y feliz fin de semana.



La imagen es del Cozcacuauhtli (zopilote), el que marca el día 16 en el calendario azteca. Ni modo, seguro no se irá de mi lado hasta el viernes.

13.1.09

Sin mucho ritual

No pienso hacer recuento del año pasado... no tiene caso alguno para mí... Sin amargura puedo decir que a pesar de haberme comportado el 70% del tiempo como una tonta, aprendí tantas cosas importantes y disfruté tanto del 30% restante... que no puedo quejarme.

Y en este año, el único propósito que tengo es el trato con Woody Allen que ya mencioné (no se emocionen, él no sabe nada de mi apoyo a la piratería de su obra cinematográfica)...

No quiero hablar en serio de los demás planes, ni de lo que está pendiente desde hace años... ni de lo que pienso hacer... ya vendrán las cosas (si vienen), ya lograré superar los retos (si lo logro)... Ya realizaremos los proyectos (eso sí) y ya me tomaré en serio a mí... etcétera...

Pero ahora... en el futuro inmediato del fin de semana, sólo pienso saborear la Anarquía...

10.1.09

El menú III

El principito y la macarela

Seguramente es extraño, pero uno de los mayores antojos era ver al principito, el bebé de unos amigos que nació días antes de que me fuera... lo pude ver unas tres veces en diez días (o sea, fui la visita molesta del post-parto) y desde entonces, lo he visto crecer en fotos.

Coincidió mi visita con el cumpleaños de la madre del principito... (la tocaya) y entonces Ixiptla mostró sus excelentes dotes de cocinero... Es tan buen cocinero y tan espléndido, que en su casa de soltero (que extrañamos, por cierto) la cocina era el lugar de las fiestas... donde todo ocurría, donde se hacían y se deshacían las parejas, llegaban los mariachis, mirábamos las elecciones gringas, recibíamos las noticias del asesinato de Parmenio y comíamos pejibayes ante los ojos asqueados de los amigos guatemaltecos... "Los pejibayes son para los coches" decían... (los coches son los cerdos... En Guatemala, a los cerdos les dan los frutos ¿son frutos? de las palmeras, que son unas cosas de color naranja y sabor extraño que a los ticos nos encanta comer con mayonesa).

Pejibaye fue lo que usó Ixiplta esa noche... harina de pejibaye para cubrir los trozos de macarela que cocinó en aceite hirviendo y después sirvió con mayonesa con pejibaye también... una perfección que por supuesto, ni siquiera estaba en mi lista porque no existía en mi cabeza aquella maravilla... (voy a salir a comprar harina de pejibaye... cosa que no sé usar pero aprenderé para invitar a comer a los chilangos).

Y sí, me quité el antojo de ver al principito... dos días lo pude ver, alzar y hacer sonreir.

Pollo Mutante

De todos los manjares... este es el vergonzoso y políticamente incorrecto... el pollo mutante que comía en las cavangas o los días de pulsión de muerte y autodestrucción...

Y el asunto es que el pollo mutante de KFC no es igual en ninguna parte del mundo... y los ticos somos unos desgraciados delicadísimos... así que la receta del pollo es de lo más difícil de equilibrar si se trata de nuestro paladar... Pollo Campero por ejemplo (una cadena guatemalteca muy exitosa en muchos lugares del mundo) tuvo que cambiar su receta por completo para sobrevivir en Costa Rica... porque el exceso de condimentos no nos gusta... tampoco la carne seca del pollo frito... Es para que se entienda mejor por qué el pollo de KFC no puedo ir a comérmelo en el KFC de la avenida Chapultepec... sobre todo porque no dan la salsa de mostaza con miel que dan aquí...

Entonces, sin cabanga ni fase depre... me fui con la hermana sirena a buscar el pollo mutante con mazorca y papas... Así pudimos ponernos al día y conversar de los detalles de nuestras diferentísimas vidas...

El chifrijo

Nunca había comido chifrijo (un plato de arroz con frijoles llamados cubaces, (ji)tomate picado y chicharrón (carnitas de cerdo fritas)). Cuando el chifrijo apareció en la escena de las bocas de los bares (en Costa Rica es común que una cerveza se acompañe de un plato pequeño de comida y a eso se le llama "boca") yo ya no comía chicharrones... así que siempre fue un misterio.

Cuando le dije al Comando Marañón que eso pasaba... decidimos ir a buscar el chifrijo en cuestión... según la catadora (Ana la del Bosque)... no nos fue tan bien... todo estaba en su lugar pero faltaba sal y los chicharrones eran un poco falsos... eran carne de cerdo pero no chicharrón... y así no se vale... Lo que sí se vale es que ya me comí mi primer chifrijo y puedo comparar los demás... lo que no sé es cuándo. Tampoco urge... no será mi plato favorito del menú.

Plátano maduro con queso (me lo sirvieron con terremoto)

El plátano maduro en México se llama plátano macho... dice El Panda, que en Cuba también le dicen así... debe ser un asunto masculino... no hay machos más machos que los cubanos y los mexicanos (para bien y para mal).

Aquí, no se sirve de postre... se sirve acompañando las comidas... pero a mí me gusta tanto que a veces lo pido como plato único (así lo hice esta vez, sobre todo porque ya no puedo almorzar "comer" a las 12 del día). Era un almuerzo con Ana la del Bosque y con J. y era a esa hora porque tenía que regresar a trabajar... así que fue como de hola y adiós...

Y como ya lo dije, las casualidades aquí son ley... apareció la P. que estaba en San José y entonces el almuerzo se alargó hasta que el terremoto nos alcanzó desprevenidas y sentadas bajo un ventilador que amenazaba (al menos en mi imaginación macabra) con cortarnos la cabeza.

La verdad, ningún antojo tenía yo de vivir eso... comenzó a temblar y todo parecía normal (para un país donde la actividad sísimica es común y corriente). Después, siguió temblando, cada vez con más fuerza... hasta que yo pensé que era el final del viaje... No pensé que moriríamos, pensé que el país entero estaría destrozado, que era el final de lo que conocíamos y que algo muy grave había pasado.

Y sí, algo muy grave pasa... pero no en la ciudad... no se cayeron edificios en San José y la única persona que murió fue por un ataque al corazón...

Pero en Vara Blanca, en San Pedro de Poás, en Fraijanes... el mundo está caído y muchos cuerpos aún están bajo tierra. No sabemos cuánta gente murió pero seguramente serán cientos de personas...

Los cuerpos de rescate del país no son suficientes ni están preparados para este tipo de desastre... un terremoto como éste no ocurre desde 1992 y las características de la zona (llueve sin parar, hay derrumbes por todas partes, la carretera desapareció en grandes tramos y hay personas atrapadas en medio de las montañas) hacen que esta vez, los servicios de emergencia no sepan cómo responder. No quiero ser injusta, hacen su mejor esfuerzo, pero no es suficiente... necesitamos gente capacitada en deslizamientos o rescates ¿en nieve? porque el terreno está falseado y los helicópteros no pueden aterrizar.

Para empeorarlo todo, ayer se incendió la bodega donde la Comisión Nacional de Emergencias tenía los suministros de comida y colchones que por ley, siempre debe tener en sus depósitos... Y yo no puedo evitar pensar si de verdad esas bodegas estaban en orden... o si tuvieron que quemarlas porque los alimentos estaban vencidos y los políticos de turno se había gastado el dinero para eso, en sus campañas de miedo o en sus sobornos.

Así que ya no hay antojos... y seguramente no habrá más menú. Ahora voy a salir a comprar el café para mis provisiones de seis meses... pero también agua, enlatados, pañales, leche en polvo y lo que sirva para enviar a las zonas afectadas.

Si alguien quiere colaborar, puede escribirme y nos ponemos de acuerdo. Vamos a recoger suministros esta noche para llevarlos a centros de acopio en la mañana... justo antes de que tome un avión que me alejará del desastre y me hará sentirme aún más frustrada que ahora.

El menú II

Comida china

La comida china en cada país es diferente... en Costa Rica por ejemplo, los primeros chinos se instalaron en Puntarenas y en los tiempos de juventud de mi papá, sólo había un restaurante chino en el puerto del Pacífico... sigue existiendo y se llama "El Primero". Cuando éramos niños, íbamos a comer arroz frito con camarones (bueno yo, que siempre pedía los mismo y siempre tomaba fanta naranja hasta que me empaché).

Entonces, tenía que ir a buscar comida china y fuimos el J. y yo... en el camino, recogí el libro primogénito de Malasombra, me encontré con los piropos de mi poeta tico favorito (y lo vi a tiempo, porque media hora después se tambaleaba como borracho de caño) y saludé a un par de amigos. Ese es San José, un pueblito donde las casualidades se dan todos los días.

Comimos como cerdos de engorde... hablamos como si no hubiera Internet (porque el J. no escribe nunca) y salimos a buscar algún bar donde seguir la conversa. No encontramos. San José es un pueblito y un 2 de enero, los negocios están de vacaciones... sobre todo porque todos los buscadores de bares están en las fiestas de Zapote.


Trucha al vapor y tortilla con queso

"Voy por vos a tu casa y nos vamos de paseo", me dijo W. Yo al regreso, cuando me traía a casa, le dije que no estoy acostumbrada a ese trato de princesita... "es que ahora sos turista y queremos que regresés al país", me dijo.

Nos fuimos a buscar un restaurante de truchas... "Yo no como nada que antes haya visto en vida" le aclaré... "así que si las venden sin tener que pescarlas, está bien". Comimos trucha y después inciamos la búsqueda de una tortilla aliñada (una tortilla gruesa que en la masa tiene queso y natilla y se cocina ya con todo). Nos equivocamos de lugar (más bien de cocinera, el lugar era hermoso) y en el intento, nos comimos el peor arroz con carne de la historia y el peor pozol del mundo mundial... Le expliqué a W. que ese intento de sopa con maíz en realidad se llama pozole, que el pozol es no sé qué bebida que el otro día me comentó el anarko... quien se burló de mi cuando le dije que no había probado el pozol porque no comía cerdo... "¡eso es pozole!" a lo que siguió la explicación que olvidé.

Entonces nos fuimos a las ruinas de Ujarrás (una de las pocas iglesias de principios de la colonia) y encontramos una mujer nicaraguense con un puesto de tortillas aliñadas y chorreadas. Las chorreadas son de maiz también, pero son dulces y se comen con natilla encima (crema agria). Caminamos por el parquecito, husmeamos en las plantaciones de albahaca y retomamos el camino hacia San José... Como una princesita, mis antojos fueron órdenes.


Pupusas

"No hay repollo en todo Zapote" me dijo la O. "Al parecer, el ministerio de salud lo confiscó, estaba contaminado". Ni modo, no comería pupusas entonces...

Las pupusas (son una comida salvadoreña que expliqué aquí) se quedaron en la lista de pendientes... aunque en Álvaro Obregón el otro día vi a una señora vendiendo esas delicias y como buena admiradora, anoté el teléfono por si un antojo me ataca en México.

De todas maneras, nos fuimos a Zapote... con el temor del arrepentimiento tradicional que todas las veces que iba, sentía cuando estaba ahí... Usualmente, esta feria gigante (para nuestros tamaños de feria) está llena de borrachos, manos tontas que sin pedir permiso se colocan en las nalgas de los y las transeúntes (de uno y otro género, sin distingo de preferencia sexual) y de miles de personas que no permiten ni caminar... Pero este año, estaba en orden absoluto, había suficiente espacio para que los borrachos circularan bien lejos y las manos tontas no se pudieran esconder.

Entonces, pude estar con el Yis y su novio, con J. y unos vodkas enlatados que resolvieron fácilmente eso de tomarse algo alcohólico para no desentonar con el resto de la humanidad... "No puedo tomar más" decía el Yis. pero lo convencimos para que no se fuera temprano...


Un sushi sin salsa tampico y a mitad de precio

El asunto con el sushi en México no lo he podido dilucidar... no sé si es por el limón que le ponen a la salsa de soya... no sé si es porque el pescado no es fresco, no sé si es porque a todo le ponen chipotle o salsas llenas de mayonesa... pero ha sido difícil para una admiradora ferviente del sushi, encontrar el plato justo en el D.F.

Por eso, tenía en mi lista ir a atiborrarme del sushi que más me gusta y así fue como el padre sireno dijo que sí, que eso comeríamos el domingo. El antojo apenas quedó enjuagado, la verdad... un barco entero era lo que yo necesitaba pero mi estómago no podía recibir...

Lo mejor fue que almorzamos los cuatro, como hace años no almorzábamos... y como hasta dentro de quién sabe cuánto tiempo no almorzaremos.

... continuará (sí, seguro llevo como dos kilos de más de regreso)

9.1.09

El menú I

Nunca dejo de sorprenderme. Las propiedades mágicas del tiempo hacen que 13 días se conviertan en miles y miles de escenas.

Rice and Beans con patacones

El rice and beans es una comida caribeña que se prepara con frijoles negros, arroz cocinado en leche de coco con chile panameño y ramitas de tomillo. Los patacones son rebanadas gruesas de plátano verde, que se machacan y se fríen en aceite.

Apenas me dio tiempo de dejar las maletas y ya estaba yo saboreando el primer plato de la lista de antojos. Ya no lo sirven en el barcito de madera que me transportaba al Caribe, pero Sergio y Corina ahora tienen un restaurante grande, con pista de baile y mesera que cobra el 10% de servicio (en Costa Rica, la propina siempre se incluye en la cuenta, no es voluntaria). Les va bien. A nosotros también, según entiendo, conforme va va avanzando la noche y O. me hace reportes detallados de la farándula de la producción audiovisual y de su premio. Fueron muy buenos momentos y yo me los perdí.

El asado

Hace muchos años ya, que religiosamente tenía que rechazar el único plato que mi papá cocina: carne asada. Su cara de alegría cuando le dije "ya como carne de nuevo, no me hagan nada especial" es indescriptible... Almorzamos en su casa de la montaña. Me interrogaron sobre México y arrugaron la cara con un par de historias... "pero no voy a regresar todavía" les dije, todavía sin haber procesado que en realidad, ya sobreviví al desencanto del des-turista y que ahora tengo los pies bien puestos en la tierra... como si fuera este el momento de iniciar la aventura.

La tortilla guanacasteca

El bus de Liberia tardó sólo tres horas con veinte minutos. El bosque -hasta ahora desconocido para mí- refugiaba a P. de los huracanes internos. Yo, en cambio, fui a eso, a ver si servía de algo ir a ayudarle a poner la tienda de campaña. La tienda ya estaba puesta, las cosas estaban en su lugar y con una tortilla guanacasteca (las de verdad, palmeadas, gruesas y de maiz no transgénico como el de marca Maseca) descubrimos de nuevo que la vida se reinventa a ella misma y que por muchos planes que hacemos, los giros en el guión no nos pertenecen. Un abrazo y una esperanza después, ya estaba yo rumbo a Huacas con Humo y el Inge...


El cielo lleno de estrellas

La noche de año nuevo transcurrió al frente del otro mar... no pude evitar recordar la misma noche de un año antes, cuando se comenzó a tejer la telaraña que poco tiempo después, se pudrió, llevándose con ella una irrecuperable parte de mi alma.

Pero la noche de año nuevo era distinta. En lugar de la venta de simulacros y las buenas intenciones que empedraron el camino al infierno, esta noche estaba todo en calma... Humo, el Inge, y los eMes mirábamos el cielo, cocinábamos a la orilla del mar, bailábamos al ritmo y desafino de un grupillo de cuarta y recibíamos el año nuevo viendo colores en el cielo... tirando los sustos al mar y recordando que la vida es cambio, es apuesta...

Mientras tanto, yo pensaba que cuando estamos muy felices, inventamos el drama... como para pellizcarnos y desempolvar los pies... y que el drama puede ser cualquier cosa, como mirar un cabello despeinado y sentir un poco de decepción... Eso también, deberíamos tirarlo al mar.

Arroz a la marinera

No hay cosa mejor, que esos restaurantes que están al lado de la playa... tan al lado, que violan la ley y nos amenazan con quitarlos de ahí... No hay cosa mejor porque podemos ver el atardecer mientras comemos mariscos que saben a sal, arena y a que nunca han sido congelados...



Gallo Pinto con cuajada frita... en La Poesía

El plan estaba hecho... de camino a la estación de autobuses, pasaríamos por La Poesía (sin importar lo que vendieran, cuánto cobraran ni esas pequeñeces... a la soda íbamos por su nombre). De todas maneras, no hubo decepción. Cuajada frita (digamos que es como un queso en su fase más tierna) y gallo pinto (arroz con frijoles preparados de una forma especial... en este caso, tostadito). De ahí al bus de Santa Cruz.

Cuajada para llevar

"Mami ¿usted va de pie?"
"sí, por eso me cambié los zapatos, porque es muy cansado"
"Si no le tiene miedo a los banquitos de ordeñar, le presto el mío"

Cuando uno ve a una mujer sentada en el banquito junto al chofer, conversando con él, comprando quesos de camino y sentándose con él en la estación antes de retomar la ruta... evidentemente piensa "esa es la novia del chofer"... y esa era yo. Aunque Roy me mostraba las fotos de sus hijos, de su esposa, de su familia entera... nada importaba... nadie sabía que yo no soy la novia del chofer. Y yo, extrañada de mí, iba tranquila... como si no me dijera "mami" cada cinco minutos, tratando de olvidarme de esa desconfianza con la que siempre recibo los derroches de amabilidad (mi mente diciendo "de alguna manera me lo va a cobrar")... pensaba lo fácil que se hace todo cuando se está en el país propio (en México, me daría mucho miedo representar a la novia del chofer en una obra de cuatro horas y media).

De beso y abrazo nos despedimos... me prestó un disco que le dejé en la estación unos días después, le di mi correo electrónico y le dije "ojalá me toque viajar con usted otra vez".

... continuará

7.1.09

¡qué pena ajena!

Lamentablemente no está subtitulado... pero este video es simplemente un round de boxeo entre un periodista que repite slogans y muestra su ignorancia a los cuatro vientos, y Zbigniew Brzezinski (Consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter en Estados Unidos). No hay palabras...



Me lo traje del Huffington Post

2.1.09

Se vale, sí se vale desear un feliz año nuevo

Jamás sabremos por qué pasan las cosas como pasan, por qué la vida da los giros que da, ni por qué a veces nos arrulla como una madre cariñosa, a veces nos tranquiliza como cuando flotábamos en una de esas pozas de agua limpia a la que nos íbamos de paseo en los veranos. Jamás sabremos por qué a veces, la vida nos sacude como si tuviéramos un demonio debajo de la cama. El asunto es que ella es así y el arte está en aprenderle los ritmos, los giros inesperados, las volteretas, las neblinas engañosas, las travesuras que a veces hace con nuestro incauto corazón.

Para unos (y unas), el arte estaría en aprenderse el camino para evadir los huecos, conocer bien dónde están las curvas y en cuál restaurantcito de la ruta, se come el mejor gallo de queso frito posible. En ese caso, el toque sería irse siempre por el mismo camino. O sea, buscar la estabilidad, llevar un mapa y disfrutar del viaje con una piña colada en mano (que como no hay huecos, no se le riega a una encima).

Para otras (y otros), el arte estaría en desarrollar los reflejos y poner muchísima atención a las señales, sorpresas y parajes desconocidos. En este caso, nunca se sabe dónde parar a comer, no se sabe dónde se puede estallar una llanta, si una se va a doblar un tobillo o si el lugar de descanso que está al lado es el último en miles de kilómetros. Toca probar, ni modo... y eso implicará algunos tropiezos más o menos graves (dependiendo de la velocidad, el nivel de ceguera temporal o las nubes de ilusiones pasajeras).

Para otr@s, el arte de vivir está en un poco de todo. Quiere decir que después de un par de caídas o malos gallos de queso... tocaría viajar un buen trayecto por los caminos conocidos de la estabilidad hasta que un buen día ¡zaz! aparecerá un desvío que más o menos seduce, como diciendo "por aquí hay maravillas y si se sube un poco más, se ve mejor el atardecer". Es el caso de lo que mi querido artista llamaba la Disconformidad Disyuntiva (así, con mucho bla bla bla y cervezas de por medio).

Para otros (y otras) se hace una mezcla extraña entre el arte de ir por caminos siempre desconocidos pero a una velocidad tan prudente... que desespera a los que van detrás. En este caso, se conocen muchos hermosos lugares, se comen buenos picadillos de papa, se disfruta del viaje... pero (como los turistas japoneses) sus ojos jamás miran algo sin estar detrás del lente de una cámara. Es como si coleccionaran aventuras excitantes dentro de una burbuja y viajaran para contarle a los demás pero olvidaran que el chiste está en el contacto, en un poquitín de riesgo, sorpresa y peligro. Aunque se decida estar en el arte de la tranquilidad estable, la vida siempre se trata de apostar.

El asunto es que entre todos nosotros, tenemos muchas maneras de tomarnos la vida... y cuando pensé en escribir un mensaje de año nuevo (ahora que estamos todos repartidos por todas partes) no pude comenzar sin describir esas formas de arte que elegimos. Creo que sí, lo elegimos.

Ustedes saben cuál es el arte que yo elegí. Pobres... no sólo lo saben... lamentablemente aunque hayan escogido formas distintas y mucho más seguras para el alma propia... les ha tocado acompañarme en mis aventuras, leerse mis crónicas y atajarme cuando se rompen los bejucos en plena selva. Quisiera decir que eso no se repetirá pero no puedo asegurarlo... y tampoco es que lo diga yo con orgullo y actitud temeraria... No sé si pueda cambiar de modalidad, aunque evidentemente habrá que hacer ajustes serios y darle mantenimiento a los frenos. Espero no usar las luces de emergencia con frecuencia, pero tampoco prometo rutas muy definidas. Como que no me sale, aunque lo intente.

Eso no tiene nada que ver con un saludo de año nuevo... pero ya saben más o menos la cantidad de monitos relojeros o platilleros que andan en mi cabeza. Uno dice que es un nuevo año y que al menos, tenemos derecho a desear que no sea peor que el que pasó. El otro dice que ese es un monito malagradecido, que el año que pasó fue hermoso (a pesar de todo) porque a todos nos permitió vivir y crecer (como al recién llegado pequeño príncipe), nos permitió aprender (con o sin golpes), nos dio premios (bueno, a O. al V. y al Malasombra ¡amigos tan fachentos no los tiene cualquiera!), nos permitió trabajar más o menos en lo que nos gusta hacer (aunque eso implicara irse a los EEUU como E. o acercarnos a eso... de maneras misteriosas a veces), nos cambió de paisajes y de ideas (a Humo y el Inge y a mi), nos hizo comprometernos más con lo que queremos construir, nos hizo enfrentarnos con realidades duras que sin embargo, no nos vencerán... (todos de una manera u otra, tuvimos un año retador y alentador).

Otro monito relojero dice que el año pasado cometimos errores imperdonables... que la idiotez a nuestra edad ya no se nos ve bien (cada quien sabrá cuáles, pero nadie se salva... como dice Drexler "soy jardinero de mis dilemas"). Dice además (ese es medio necio) que nos hemos dado el lujo de desperdiciar nuestros talentos, que hemos dejado el tiempo pasar sin ponerle más ganas a los sueños... dice que ojalá este año no posterguemos más lo concreto. Eso dice.

La monita parrandera dice que sí, que todo eso es cierto... pero que este año, debemos aprovechar el desorden y lo triste de afuera, para arreglarnos por dentro. Que las cosas se van a poner cuesta arriba pero contamos con la enorme dicha de tenernos unos a los otros para empujar. Si uno siembra tomates, el otro siembra frijoles... Dice la monita que hay mucha gente que no tiene eso y que nosotros que lo tenemos, no debemos descuidarlo jamás, porque sabemos que pase lo que pase, se ponga la situación como se ponga, siempre tendremos voz, brazos, fuerza y amor para ponerle ganas (y para tirarle zapatos a quien haya que tirárselos, que no se trata esto de encuevarse en el miedo).

Así que haciendo balance, sí tenemos muchas razones para celebrar el comienzo de un nuevo año, porque aprovechamos el empuje para pasarnos la cuenta a nosotros mismos, ver bien qué nos debemos, qué nos sobró, qué reciclamos, qué dejamos en la basura (ojalá que sea biodegradable), qué queremos conseguir y qué necesitamos lograr.

No podemos saber dónde estaremos, con quiénes o hasta cuándo... pero sabemos que contamos con la pasión y el ingenio... lo demás es no dejarse amedrentar, saberse más o menos el camino y decidir (con algo de precaución) si nos desviamos o no.














Se vale. ¡Feliz año nuevo 2009! El año en el que al menos, se va Bush a arriar vacas a su rancho... ya sólo eso es ganancia...