14.1.09

Cayó sobre mí y me envolvió con sus alas

Escapé de la oficina. No tenía otro remedio. Sólo se me ocurría caminar, esperando que como muchas veces, el cerebro funcionara con la energía que generan los pies.

Igual, no quiso despertarse. El zopilote me inundó con esa cruda y brutal tristeza que carga (porque a los zopilotes, nadie los quiere ni ver) y se me ocurrieron varias excusas: "estoy infinitamente triste porque en mi casa hubo un terremoto y se murió mi gente", "estoy triste porque mi trabajo es una mierda", "estoy triste porque no tengo claro qué estoy haciendo aquí", "estoy triste por Palestina", "estoy triste porque los negocios aquí están cerrando". Y descubrí que hay más de una razón de peso para estar triste. Pero en la mezcla, me falta admitir otras.

Estoy triste porque este mundo es una mierda (estoy cansada de repetirlo, pero nunca se gasta) y seguimos viviendo como si nada ocurriera, como si pudiéramos darnos el lujo de desperdiciar abrazos, encuentros, días de sol y noches de encuentros (sexuales, literarios, terapéuticos, borrachísticos).

Estoy triste, porque por estar cargando penas ajenas, olvidé divertirme como sabía hacerlo y porque al parecer, soy la única que se emociona como si la vida pudiera acabarse mañana y la única que cree que es una pena desperdiciarla en necedades, en excusas, en palabras vacías y en planes truncados. Entonces, si sumamos uno más uno nos da aburrimiento, tedio y más minutos para analizar que el mundo es y será una porquería.

Las drogas no se me dan... pobre de mí. Otros, compensan los desencuentros con marihuana o con licor... se sientan frente al televisor y esperan a que llegue el día siguiente para repetir lo mismo, siempre lo mismo. Yo, lamentablemente, necesito acompañarme de algo más que una película en el cine, me alimentan las historias de los taxistas, los niños en el parque, las que me invento cuando me compro una torta en la esquina... pero no basta. Todas las historias son mejores si tienen más de un narrador (y por supuesto, ninguna historia está completa sin escenas amorosas o pasionales).

He tenido que cargar con demasiadas ausencias y ya no lo soporto. También estoy triste porque no soportarlo me hace mirar hacia adentro y ver lo tremendamente rota que estoy. Y estoy triste porque no puedo repararme sola. Y porque volvemos a lo mismo.

Creo firmemente que en esta vida, todos somos enfermos terminales. Tal vez se necesitan algunos años para llegar a esa sentencia... tal vez se necesitan golpes. El caso es que yo (lo que soy yo, como decía el Gran Estafador) conozco bien esa sentencia y en lugar de tomarla con amargura, quiero tomarla con pasión.

De la frustración por el choque entre la realidad y mi filosofía de vida, de ahí sale el drama.

Buenas tardes, buena suerte y feliz fin de semana.



La imagen es del Cozcacuauhtli (zopilote), el que marca el día 16 en el calendario azteca. Ni modo, seguro no se irá de mi lado hasta el viernes.

3 comentarios:

Mr. Melcocha dijo...

yo ando aguevadísimo también, pero puta, no puedo ceder. varias cosas en este momento necesitan de mi fortaleza y de la mejor de mis sonrisas , y ya vendrá luego el tiempo en que me sienta capaz de volver a ser yo mismo

Sirena de mentiras dijo...

Mr. Melcocha (¿lo despidieron capitán?)... esta soy yo mismísima... el asunto es que aún así, soy capaz de mover montañas... lo que me agueva es que los demás no las quieran mover conmigo.
Espero que mejoren tus esperanzas y sonrisas.

Panda en la bañera... dijo...

Yo quiero mover montañas!!
Cómo de que no????
Claro que no estás sola...
cabanguearemos por ahí...hasta que estemos listas para volver a apostar el corazón, para volverlo a perder, para cavanguear por ahí, hasta que estemos listas para volverlo a apostar...y así, hasta que no haya más que apostar...