15.1.09

La profesión va por dentro

El problema no es la ciudad. Tampoco la idea recurrente de que enero es el mes de más sol, calor y paseos a la playa en mi tierra. Tampoco la idea fija de que sigue temblando y que en pocos minutos, la vida puede acabarse. No pensé que mi vida se acabaría, pero en el momento de mayor fuerza del terremoto, pensé que se acabaría la vida como la conocemos. Pero después, los edificios estaban en su lugar, el candelero que cayó al piso, fue levantado por algún visitante (yo pensaba dejarlo ahí, como recuerdo), y seguimos la vida. Fue fácil seguir la vida hasta que miramos la t.v. No hay Internet que alcance, que me perdonen los fans del twitter... así como la t.v. pocas veces permite profundidad, las palabras se convierten en esfuerzos tontos y caen vacías ante las imágenes de un desastre o de la muerte de dos niñitas que los rescatistas sacaron de la tierra.

Fue fácil seguir la vida, hasta que despertaron las preguntas. Entonces, pocos amigos (demasiado pocos, la verdad, decepcionantemente pocos) salimos a recolectar cobijas, colchonetas, pañales, enlatados. Compramos libros para colorear y paquetes de crayolas. Y después, yo tomé un avión y llegué aquí, a la ciudad gris que cuando dejé, tenía colores.

Aquí, enero es un octubre frío.

Ahora, el zopilote me acompaña y de vez en cuando me recuerda que no he leído el periódico de Costa Rica. Lo leo y me entero que tembló cinco veces en una hora. Es desesperante, en una forma aún peor, tristeza. Creo que lo peor es estar desesperada y no poder hacer más que estar triste.

Y me da por llorar. Y llorar es tan inútil.




Antes de fin de año, tuve un sueño extraño. El médico me decía que tenía un tumor en el cerebro. Yo reaccionaba con alegría, aliviada de que por fin, hubiera alguna explicación para los dolores de cabeza, mareos y otros síntomas. Después, lloraba mucho pensando en todo lo que querría hacer todavía en la poca vida que quedaba. Pensaba también que donaría mi cuerpo a cierto instituto mexicano de cierta ciencia. Eso quiere decir, que le donaría mi cuerpo al Gran Estafador para que se divirtiera estudiando las causas de mi muerte.

Ya despierta, me senté frente al mar y me llegó la clave del sueño. Ya se sabe, el corazón con el que amamos y odiamos, no está en el pecho, está en el cerebro. Yo no tengo un tumor en el cerebro pero sí tengo un tumor en esa zona que seguramente debemos llamar alma en lugar de buscarle nombres científicos. El alma es una función, no un lugar... y yo en la función del alma (que no es otra que la función de amar) tengo una lesión severa.

De ahí surge la reacción ante el médico del sueño. Es que no era un neurólogo, era un psicólogo. La reacción es la propia del descubrimiento de algo importante sobre una misma. Es el "eureka", el "darse cuenta" y el "me cae".

Y me cae que ese es un grave problema. Tener dañada la capacidad de amar es una grave lesión. Por eso, no es posible postergarlo más y el lunes comenzaremos las labores de reconstrucción. Los tumores en el alma no se extirpan fácilmente. Creo, que en lugar de arrancarse, deben disolverse. Por eso toma tiempo y a veces, parece que crecieran antes de desaparecer.

8 comentarios:

Panda en la bañera... dijo...

Aquí estamos.

10.21 dijo...

usté si que es linda, señorita sirena.

meleobro dijo...

Sirena, usted escribe y yo siento cosas platónicas...

(oh..! pero que veo... es un panda no? ahí arriba?)

Solentiname dijo...

debe ser curioso eso de interpretar sus propios sueños. Y sumamente útil, además.

Mr. Melcocha dijo...

ayer cuando me bajé en casa de mi novia, pensé que ese podría ser el último día que pisara esa tierra..y me sentí así..como con un tumor de amor...

por dicha se disolvió en palabras y besos

Sirena de mentiras dijo...

Yo sé Pandita, yo sé!!! ;-)

10.21 querido... gracias por el abracito (yo sé que esas palabras son un abrazo)

Amigo-del-nombre-impronunciable: ¿cosas platónicas qué son? (shh, sí, es un panda)

Sole: es útil, sí lo es... pero ha que estar atenta pa'no engañarse...

Señor Melcocha:me alegra que se disolviera. Ojalá lo resuelvan, porque sentir eso es de lo más feo que hay.

Humo en tus ojos dijo...

Me alegra mucho por el inicio de lo que sea que traiga la disolución de los fantasmas y de los muertos (y eventualmente una solución para los vivos). POrque vas a atender la llamada de la profesión. No me alegro tanto pos los días zopilotos. Pero si me alegro cuando me acuerdo que aunque nos la creemos, no somos lo que sentimos, porque eso va y viene y lo que somos en el fondo no es tan volátil.

Humo en tus ojos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.