2.1.09

Se vale, sí se vale desear un feliz año nuevo

Jamás sabremos por qué pasan las cosas como pasan, por qué la vida da los giros que da, ni por qué a veces nos arrulla como una madre cariñosa, a veces nos tranquiliza como cuando flotábamos en una de esas pozas de agua limpia a la que nos íbamos de paseo en los veranos. Jamás sabremos por qué a veces, la vida nos sacude como si tuviéramos un demonio debajo de la cama. El asunto es que ella es así y el arte está en aprenderle los ritmos, los giros inesperados, las volteretas, las neblinas engañosas, las travesuras que a veces hace con nuestro incauto corazón.

Para unos (y unas), el arte estaría en aprenderse el camino para evadir los huecos, conocer bien dónde están las curvas y en cuál restaurantcito de la ruta, se come el mejor gallo de queso frito posible. En ese caso, el toque sería irse siempre por el mismo camino. O sea, buscar la estabilidad, llevar un mapa y disfrutar del viaje con una piña colada en mano (que como no hay huecos, no se le riega a una encima).

Para otras (y otros), el arte estaría en desarrollar los reflejos y poner muchísima atención a las señales, sorpresas y parajes desconocidos. En este caso, nunca se sabe dónde parar a comer, no se sabe dónde se puede estallar una llanta, si una se va a doblar un tobillo o si el lugar de descanso que está al lado es el último en miles de kilómetros. Toca probar, ni modo... y eso implicará algunos tropiezos más o menos graves (dependiendo de la velocidad, el nivel de ceguera temporal o las nubes de ilusiones pasajeras).

Para otr@s, el arte de vivir está en un poco de todo. Quiere decir que después de un par de caídas o malos gallos de queso... tocaría viajar un buen trayecto por los caminos conocidos de la estabilidad hasta que un buen día ¡zaz! aparecerá un desvío que más o menos seduce, como diciendo "por aquí hay maravillas y si se sube un poco más, se ve mejor el atardecer". Es el caso de lo que mi querido artista llamaba la Disconformidad Disyuntiva (así, con mucho bla bla bla y cervezas de por medio).

Para otros (y otras) se hace una mezcla extraña entre el arte de ir por caminos siempre desconocidos pero a una velocidad tan prudente... que desespera a los que van detrás. En este caso, se conocen muchos hermosos lugares, se comen buenos picadillos de papa, se disfruta del viaje... pero (como los turistas japoneses) sus ojos jamás miran algo sin estar detrás del lente de una cámara. Es como si coleccionaran aventuras excitantes dentro de una burbuja y viajaran para contarle a los demás pero olvidaran que el chiste está en el contacto, en un poquitín de riesgo, sorpresa y peligro. Aunque se decida estar en el arte de la tranquilidad estable, la vida siempre se trata de apostar.

El asunto es que entre todos nosotros, tenemos muchas maneras de tomarnos la vida... y cuando pensé en escribir un mensaje de año nuevo (ahora que estamos todos repartidos por todas partes) no pude comenzar sin describir esas formas de arte que elegimos. Creo que sí, lo elegimos.

Ustedes saben cuál es el arte que yo elegí. Pobres... no sólo lo saben... lamentablemente aunque hayan escogido formas distintas y mucho más seguras para el alma propia... les ha tocado acompañarme en mis aventuras, leerse mis crónicas y atajarme cuando se rompen los bejucos en plena selva. Quisiera decir que eso no se repetirá pero no puedo asegurarlo... y tampoco es que lo diga yo con orgullo y actitud temeraria... No sé si pueda cambiar de modalidad, aunque evidentemente habrá que hacer ajustes serios y darle mantenimiento a los frenos. Espero no usar las luces de emergencia con frecuencia, pero tampoco prometo rutas muy definidas. Como que no me sale, aunque lo intente.

Eso no tiene nada que ver con un saludo de año nuevo... pero ya saben más o menos la cantidad de monitos relojeros o platilleros que andan en mi cabeza. Uno dice que es un nuevo año y que al menos, tenemos derecho a desear que no sea peor que el que pasó. El otro dice que ese es un monito malagradecido, que el año que pasó fue hermoso (a pesar de todo) porque a todos nos permitió vivir y crecer (como al recién llegado pequeño príncipe), nos permitió aprender (con o sin golpes), nos dio premios (bueno, a O. al V. y al Malasombra ¡amigos tan fachentos no los tiene cualquiera!), nos permitió trabajar más o menos en lo que nos gusta hacer (aunque eso implicara irse a los EEUU como E. o acercarnos a eso... de maneras misteriosas a veces), nos cambió de paisajes y de ideas (a Humo y el Inge y a mi), nos hizo comprometernos más con lo que queremos construir, nos hizo enfrentarnos con realidades duras que sin embargo, no nos vencerán... (todos de una manera u otra, tuvimos un año retador y alentador).

Otro monito relojero dice que el año pasado cometimos errores imperdonables... que la idiotez a nuestra edad ya no se nos ve bien (cada quien sabrá cuáles, pero nadie se salva... como dice Drexler "soy jardinero de mis dilemas"). Dice además (ese es medio necio) que nos hemos dado el lujo de desperdiciar nuestros talentos, que hemos dejado el tiempo pasar sin ponerle más ganas a los sueños... dice que ojalá este año no posterguemos más lo concreto. Eso dice.

La monita parrandera dice que sí, que todo eso es cierto... pero que este año, debemos aprovechar el desorden y lo triste de afuera, para arreglarnos por dentro. Que las cosas se van a poner cuesta arriba pero contamos con la enorme dicha de tenernos unos a los otros para empujar. Si uno siembra tomates, el otro siembra frijoles... Dice la monita que hay mucha gente que no tiene eso y que nosotros que lo tenemos, no debemos descuidarlo jamás, porque sabemos que pase lo que pase, se ponga la situación como se ponga, siempre tendremos voz, brazos, fuerza y amor para ponerle ganas (y para tirarle zapatos a quien haya que tirárselos, que no se trata esto de encuevarse en el miedo).

Así que haciendo balance, sí tenemos muchas razones para celebrar el comienzo de un nuevo año, porque aprovechamos el empuje para pasarnos la cuenta a nosotros mismos, ver bien qué nos debemos, qué nos sobró, qué reciclamos, qué dejamos en la basura (ojalá que sea biodegradable), qué queremos conseguir y qué necesitamos lograr.

No podemos saber dónde estaremos, con quiénes o hasta cuándo... pero sabemos que contamos con la pasión y el ingenio... lo demás es no dejarse amedrentar, saberse más o menos el camino y decidir (con algo de precaución) si nos desviamos o no.














Se vale. ¡Feliz año nuevo 2009! El año en el que al menos, se va Bush a arriar vacas a su rancho... ya sólo eso es ganancia...

1 comentario:

kleptØ dijo...

¡Feliz 2009, Sirena!
Creo que debes cuidar de todos tus monitos relojeros, son realmente sabios.
Ö_Ö