21.2.09

Los tesoros (ni tan) escondidos de México

Está el Panda.
Está el taller literario de los sábados.
Están las conversaciones con el señor sindicalista de verdad.
Está el Panda.
Está mi amigo irlandés con su ternura que conmueve.
Está el navegante. Qué lujo.
Está mi amigo, conocido como el Punk (aunque no es punk) y su pureza.
Está el Panda (¿ya lo dije?).
Está el Cuau... aderezando la hora de la cena con sus historias de terror de la vida real.
Está Luis Ricardo (aunque nunca lo vea y me avise tarde de las fiestas).
Están el nopal, la guayaba en almíbar, las nieves, los tlacoyos de habas y el queso oaxaca.
Están el centro histórico y mis paseos (mejor si son con la Nuececita).
Está mi entrada para el concierto de Radiohead y estará la del Peter Gabriel.
Está El Chamuco.
Está lo que viene con el Panda (¡qué familia tan bonita!, la Sopita, el humor ácido de RF , El Loco Max y Leny).
Está alguien más que aún no he podido nombrar y de quien no quiero hablar para no alborotar los agüizotes.

Toda esa gente está, esas cosas están y soy muy afortunada. No todo puede ser queja en esta vida.