22.2.09

No doy paso sin huarache

Esta semana no estaré. Me toca ir a una fiesta de disfraces que durará seis largos, tediosos y superfluos días. Tal vez no la soporte.

No pienso maquillarme (no lo hago hace miles de años, no veo por qué deba regresar a esos tiempos). No llevo ni una gota de rubor (más que el que me hace la pena por estar ahí). Los zapatos de tacón van como último recurso. Por si acaso. Por si todos los disfraces que llevo no me alcanzaran. Ojalá no me los tenga que poner porque ya se sabe, eso me hace chispas por dentro cuando la chancletuda inside quiere ganar la partida.

Esta semana no. Ni modo. Tocará disfrazarse. Mi único acto posible de rebeldía lo hice hoy en el salón de belleza. Juro que usaron la máquina, lo juro... tengo el cabello tan corto que no habrá nadie que crea que soy una chica convencional que quiere triunfar en el mundo de los negocios. Ese será -humildemente- mi único manifiesto de rebeldía, frente a ese mundo en el que casi por accidente, por un poco por aventura, me metí.

Sin embargo, la fiesta de disfraces será decisiva. A veces, hace falta llegar al fondo del pozo para salir a respirar. No quiero eso. Quiero evitar llegar al fondo del pozo, así que comenzaré a salirme poco a poco.

El Panda dice que tendré mucho material. Creo que tiene razón. Debo mantenerme muy atenta, aprenderme los diálogos y escribir una novela que se llame "Llegué a Silicon Valley y pregunté dónde estaban los genios". Si descifran, guárdenme el secreto... aún necesito ese trabajo.

1 comentario:

LuisRicardo dijo...

¿Seis días? Podrías aplicar la de 'futbolista llanero' es el disfraz más barato. Menos de cien pesos, seguro.