13.2.09

A veces, dan ganas de tomar el machete. Otras, me acomodo fácilmente en mi suave almohada

Nuestros derechos se nos violentan todos los días hasta en las cosas que nos parecen insignificantes. Mis derechos son violados cada vez que voy a un banco y alguien me salta en la fila porque tiene una tarjeta de cliente preferencial. Se me violentan cuando un conductor acelera mientras se acerca a la esquina que yo acabo de cruzar. Por eso me encanta cuando somos muchos y entre nosotros, desconocidos, simplemente peatones, hacemos nuestra "pequeña revolución triunfante" y nos tiramos a cruzar.

México supera a Costa Rica en esto. Lo siento mucho, no me gusta quejarme (mucho) del país que ahora me acoge, pero es así. Por ejemplo, en otros países del mundo, los peatones tienen prioridad, aquí no. Aquí, cuando el semáforo peatonal me dice que pase, los carros van primero y yo debo cuidarme de que uno de los que va a girar, no me pase por encima. Si a esto le sumamos que en la Ciudad de México la gente puede andar manejando un carro sin saber ni una sola de las disposiciones de tránsito, violenta mis derechos o al menos, le da un menor valor a mi vida.

Y yo me quejo. Y no me da la gana acostumbrarme. El día que deje de quejarme, será porque mis cenizas ya habrán sido esparcidas en no sé dónde *

Aquí el problema es la arbitrariedad. Cuando las cosas son arbitrarias caemos en el abismo de la inseguridad, la incertidumbre y no sabemos qué podemos esperar. Como dice Lawrence Lessig: "Una «sociedad libre» está regulada por leyes. Pero hay límites que cualquier sociedad libre pone a esa regulación legal: ninguna sociedad que mantenga sus leyes en secreto podría llamarse, nunca, libre. Ningún gobierno que esconda sus normas a los gobernados podría incluirse, nunca, en nuestra tradición. El Derecho gobierna. Pero sólo, precisamente, cuando lo hace a la vista. Y el Derecho sólo está a la vista cuando sus términos pueden ser conocidos por los gobernados o por los agentes de los gobernados —abogados, parlamentos".

Pero el mayor problema no son mis berrinches de mujer libre y de clase acomodada. Yo me la llevo fácil (tan fácil, que los únicos derechos que se me violentan en el nivel micro -en el macro todos estamos jodidos- son cualquier cosa). Aunque llore, aunque me duela la injusticia, de todas maneras estoy afuera. No importa cuánto pueda solidarizarme, soy incapaz de sentir la furia, la indignación y la infinita tristeza de las víctimas.

Ayer, la Corte Suprema de Justicia de México (sic) "declaró (...) a mediodía, con un gran gesto, el fin de la sesión del pleno: cuatro días, poco más de 20 horas de debates jurisconsultos que concluyeron que, si bien hubo “violaciones graves a las garantías individuales” en mayo de 2006 en San Salvador Atenco, ningún funcionario de alto o medido nivel, ni del estado de México ni del gobierno federal, fue responsable de estos hechos que provocaron la muerte de dos jóvenes, agresiones sexuales de policías contra una treintena de mujeres arrestadas, centenares de detenciones arbitrarias y torturas". Estoy en México, a poca distancia de las protestas y no me he movido de la silla de oficina. Tendría que estar afuera, gritando (pero me aplicarían el famoso 33 y me expulsarían del país).

Apenas hace dos semanas, las noticias acerca de "El Pozolero" llenaban las conversaciones en la calle. Hoy, se habla de incorporar cambios en las leyes para que se pueda penar como se debe el hecho de descuartizar, desaparecer y cocinar (supongo que no lo redactarán así) a más de una persona. Por ahora, esta persona no será condenada a más de dos años porque "El Código Penal Federal (CPF), en su artículo 280, precisa que una conducta de este tipo sólo se castiga de tres días a dos años de prisión o con el pago de una multa económica, que va de los 30 a 90 días de salario mínimo vigente (de 100 a 300 €)".

Cuando miro estas cosas, cuando pienso en mi país, me pregunto cómo fue que se perdió la batalla. ¿Hubo alguna vez seguridad jurídica en este país? ¿La gente alguna vez tuvo derechos? ¿Se perdieron? ¿Nunca existieron? ¿Los dejaron morir? En Guatemala he sentido lo mismo, pero la historia me permite explicármelo. Aquí no. Aquí parece que una guerra hubiera arrasado el país entero, es un tipo de fatalismo que no logro comprender ni encontrar en sus orígenes. ¿Será el régimen del PRI? ¿Serán los caudillos? ¿A qué se debe?

Tal vez por eso, aquí dicen "¡qué poca madre!" para referirse a algo injusto. Tal vez porque la madre representa al amor y hay muy poco amor en estas calles, en estas leyes, en estos policías, en estos militares, en estos gobernantes. Este país me fascina (no quiero que quede una impresión equivocada), pero a veces, muchas veces, especialmente en esta ciudad, siento que estoy viviendo en una tierra arrasada, que esparcieron agente naranja en las conciencias, que el terremoto rompió algo que no se ha podido reparar.

Si no recuerdan el caso Atenco, por favor (por favor) vean estos videos:





* Aprovecho para dejar en claro aquí (del cumplimiento de esto serán responsables los amigos de la vida no-virtual que leen este blog) que 18 meses en estado de eso que llaman "muerte cerebral" es el plazo que permito que me mantengan "con vida"; que todos mis órganos deben ser donados a otras personas que los necesiten y las sobras, a eso que llaman "la ciencia"; que quiero que me incineren (y si no decido, tiren mis cenizas en la cara de algún gobernante corrupto (de preferencia, asmático); y que no quiero que hagan ningún acto en ninguna iglesia mencionando a ningún dios.

2 comentarios:

Xili dijo...

Una pregunta: ¿qué estudió la sirena?

Me encantó este post. No se trata de si México es peor o mejor que Costa Rica o Guatemala, se trata de derechos, sin embargo, los humanos tenemos esa estúpida tendencia del nacionalismo, ¿no? de quedarnos enfrascados discutiendo lo menos importante.

Te tengo un secreto: creo que lo hacemos a propósito. Sabemos que el día que nos toque hablar de los temas realmente jodidos, los niveles de vergüenza y depresión crónica provocarán suicidios colectivos en masa.

Besos!

Sirena de mentiras dijo...

Hola Xili: No es un asunto de mejor o peor... pero sí hay diferencias que no tienen que ver con nacionalismos (ni nacionalidades), tienen que ver con gobernantes y las decisiones que han tomado sistemáticamente. En Costa Rica por ejemplo, el Estado de Derecho se ha deteriorado de forma atroz con el último gobierno (empezando porque llegó al poder con doble fraude).

Creo que tu broma tiene mucho de verdad... a veces la realidad es tan cruda que preferimos evadirla, pero hay que despertarse y mirar que no se trata de volarse la cabeza, se trata de generar cambios (y eso empieza, por la queja).