11.3.09

Carta de intenciones

No debería sentir miedo. Ya tuve miedo la otra vez, dejé un pie siempre afuera, mantuve un ojo siempre abierto, no me quité los zapatos. En el momento indicado, levanté mi campamento y me fui. El dolor, quedó del otro lado de la cama. Tal vez no fue dolor, sólo el orgullo herido de un macho que pensó que era él quien se las sabía de todas, todas.

No debería, pero lo siento. Cuando te extraño, siento miedo. Cuando no hay letras, siento miedo. Y cuando alumbran los rayos de sol y vienen las ráfagas de aire puro, me inunda la alegría. Eso también da miedo.

La diferencia, es que la otra vez, la fecha de caducidad estaba puesta desde el principio. Se extendió un poco más, pero solamente dentro de ese período que la ley exige al fabricante. Nada más. En cambio, esta vez, la fecha de caducidad no aparece, está latente, constantemente amenazante, pero no es un decreto.

Miento, no tengo miedo nada más, tengo ilusiones (y ya se sabe en qué terminan convirtiéndose esas cositas que juntamos como flores que crecen en el camino. Se marchitan). Tengo ilusiones que dicen que no hay fecha de caducidad y que será incómodo, cansado y bastante tonto, mantener un pie afuera, dejar un ojo abierto y mantener los zapatos en los pies.

Pero no cabe hacer otra cosa que ser prudente. Hasta que no te vea quitándote los zapatos, no me quitaré los míos. Si las flores echan raíces, las sembraremos. Mientras tanto, cuando te extrañe, voy a aprovechar para cerrar ambos ojos.

Y si cuando los abra, tu campamento ya no está, ni modo. Y ya.



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3 comentarios:

Solentiname dijo...

qué bonita la imagen de quitarse los zapatos.

Xili dijo...

lagrimitas en los ojos me dejaste niña...qué don el que tú tienes con las palabras...besos

Amalthea dijo...

simplemente
excelente :)