24.3.09

Dis-culpa

Calamaro dice que la culpa es un invento muy poco generoso. Yo he hecho de eso una ley. No cargo con las culpas. Cuando alguien me dice que soy culpable de algo, para liberarme de ella, pido perdón cuantas veces sea necesario (y lo hago de veras, con convicción), explico por qué hice las cosas que hice y si hace falta, dejo que la persona que se sintió ofendida me humille. Si necesita que yo riegue cariñosamente el jardín de su ego, lo hago sin dudar y lo hago bien. Si necesita escuchar una y mil veces lo mucho que me importa, lo mucho que me duele haberle hecho daño, lo mala persona que soy y lo injusta que fui, no tengo ninguna pena en hacerlo.

Así, si todo falla, si no hay perdón posible, si no hay negociación que valga, no cargo ninguna culpa en mis espaldas. Siempre me aseguro de haber hecho todo lo que estaba a mi alcance para remediar el error que cometí o el error que alguien piensa que cometí.

Eso no me evita el dolor de saber que a pesar de mi esfuerzo, no fui perdonada. No me evita sentirme mal por haber echado algo a perder. Pero me ayuda a mirar con claridad que la responsabilidad no es sólo mía. Me tranquiliza que incluso, sabiendo que no soy culpable de los cargos, cuando alguien me importa soy capaz de aceptarlos, de ponerme en el lugar del otro y de pedirle una sincera disculpa.

Culpa, lo que se llama culpa, aquí no hay. Tampoco hay arrepentimientos. Queda cierta sensación de que la única explicación para tanto enredo es que estás bien loco (así como la única explicación que vos te das es que estoy bien loca). Estamos a mano entonces. La única diferencia es que yo soy una loca adulta, vos no. Nadie dijo que ser adulta era ser coherente y sensata. Yo creo que ser adulto es ser responsable de lo que se hace, de lo que se dice y de lo que se siente y estar dispuesto a confrontar las consecuencias de decir las cosas con honestidad.

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