15.3.09

Sirena 1 La Otra que Soy 1

- Es que no me respetás, me pedís mi opinión sólo para pasártela por el arco del triunfo.
- Ok, entonces ¿qué querés que hagamos?
- Huir. Éste es el momento, tenemos que huir.
- Entonces te parece que es suficiente motivo para mandarlo todo a la mierda...
- Sí, me parece que es suficiente motivo.
- Pero Sirena, ¿no te parece exagerado?
- Para vos es fácil, vos no estás hecha de ceros y unos... éste espacio, que vos usás cuando te da la gana, es el único espacio que yo tengo.
- ¡Pero si vos sos más yo, que yo misma!
- Pues dejame gobernar entonces. Si fuera por mí, no estaríamos trabajando en lo que trabajamos, estaríamos viajando a los lugares que aún no hemos conocido y estaríamos huyendo de ese pequeño demonio de ojos color de mar.
- Pero si todo es tu culpa, vos lo trajiste aquí, vos lo encontraste.
- Sí, pero ahora, las cosas son distintas. Vos no entendés que nos dañaron, no querés ver que algunas cosas, no se pueden perdonar.
- Sé muy bien que algunas cosas no se pueden perdonar, pero se trata de un error, muy triste, pero un error al fin y al cabo.
- Eso no es un error. Yo necesito tiempo, necesito un espacio de existencia, necesito un lugar y hoy, ése lugar está viciado.
- ¡Pero si ya lo sabíamos!
- Una cosa es saberlo y otra cosa es que nos lo restrieguen en la cara.
- Sirena, no sé qué debo hacer... siempre he pensado que el orgullo no sirve para nada.
- ¡Con razón nos va como nos va!
- No te burlés de mí, a mí también me duele.
- ¿Qué es lo que te duele? Tal vez sea lo mismo que a mí.
- No sé... ser parte de un montón, que se me cayera el vestido de princesa y quedara desnuda en plena calle, que él tenga una casa con tantas ventanas y mire hacia afuera mientras le estoy hablando, me duele saber que no me mira, que sólo me ve.
- Entonces es lo mismo... estarás de acuerdo conmigo cuando te digo que no podemos volver a encontrarnos con él.
- De eso no, no estoy tan segura.
- Pero lo que él ofrece no es lo que queremos.
- Pero es que no sabemos muy bien qué es lo que ofrece y lo que sí queremos, lo queremos con él.
- Pero eso no será posible, ya lo sabés muy bien.
- ¿Y qué hacemos con la Esperanza?
- La transformamos en una casa pintada de colores... en una compu que sea la envidia de las demás, en un portal de ensueño... en un amigo.
- Pero es que no vamos a poder hacer eso...
- Pues ya verás cómo hacerle... a mí, me vale una tonelada de mierda.
- ¡Sirena! vos no hablás así.
- Yo hablo como me da la gana... si vos no hacés nada por salvarme ¿por qué tengo yo que respetarte?

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