19.3.09

Cuando el cielo no parece escuchar

Entro al aeropuerto. Estoy hirviendo en fiebre. Paso el mostrador principal, pago los 20 Quetzales en el banco, paso los controles de maletas y me obligan a quitarme los zapatos y el abrigo.

Me sube la fiebre. Paso por los pequeños restaurantes y ni modo, la única sopa que hay, es una crema de tomates exprimidos de una bolsa metálica llena de preservantes. A la sopa, le agrego un té de mandarina. Como acabo de gastar mis últimos Quetzales en una tienda de regalos, pago con la tarjeta y después de firmar digo: "¿mi té puede ser con miel de abejas?" sí, pero eso se cobra extra. "¿con tarjeta?" (es más cara la transacción, dice otra empleada del Café Barista). Entonces no me dan la miel de abejas. Malditas alienadas... como si su patrón pudiera contar las gotas de miel que hay en una botella.

La sopa está horrible. No me la puedo terminar. Le agrego al té un sobre de azúcar sin blanquear (uno de los 5 que me traje en venganza por lo de la miel) y las veinte gotas de raíz de árbol milagroso del África. En México no las venden, por eso llevo dos frascos, a ver si la medicina natural hace mejor su trabajo.

Camino con el té milagroso. Siento que puedo desmayarme en cualquier momento. Lo más lamentable es que se caería el té y terminaría llorando de derrota en los pasillos. Pero no, no se cae.

Se me acerca la que trabaja en la aerolínea. Me pide el pasaporte y el pase de abordar para chequearlo de una vez. Me dice que si tengo frío y yo de mensa le digo que estoy un poco enferma. En ese instante pienso que no me van a dejar subir al avión. Si se acercara un poco más sentiría la nube de calor extremo que sale de mi cuerpo y tendría que prohibirme viajar. Pero solo me ofrece darme una cobija para el viaje.

Aparece una monja y se sienta a mi lado. Estoy a punto de claudicar y pedirle misericordia. ¿Será que la monja puede hacerme cariñitos en la cabeza y decirme que todo va a estar bien? Pero no. Me resisto.

Llaman a los pasajeros de las últimas filas. Ahí voy yo, tratando de caminar sin que se note que estoy a medio morir. Paso el control de la puerta y suspiro. Me siento como una terrorista que acaba de burlar los controles. Soy un arma bacteriológica que va a cruzar la frontera con México.

Se sienta una señora a mi lado. La compadezco pero no puedo hacer nada. El avión va muy lleno y no hay asientos donde pueda sentarme y evitar contaminarlos a todos. La señora viene a México al encuentro de mujeres. Inmediatamente pienso que las feministas de mentirillas me dan pena... acaba de recibir llamada de sus dos hijos, de su esposo y todos están desesperados porque ella salió de viaje sin su compañía. Después me doy cuenta que la señora no viene al Encuentro Feminista que hay en estos días, viene a un encuentro de mujeres cristianas . También me cuenta que cocinó todo el día para dejarle a sus hombres, el menú de la semana. Ahora todo calza. El único problema es que ya hablé con ella y ya no tarda en preguntarme de qué religión soy.

Me duelen los oídos. Me pongo las gotas que prudentemente llevo en la bolsa de la jacket. Me hago la dormida. Después le digo que soy católica (porque es peor decirle que estoy disponible y en temporada baja) y que voy a la iglesia de vez en cuando. Me dice que tengo suerte, que por suerte mis papás me dieron permiso de venirme sola a México. Contengo la risa y otra vez, me duermo.

Después me despido. Huyo con todas las fuerzas que me quedan. La fiebre ha bajado un poco... apenas, para retomar fuerza y que se repita la pesadilla de la noche anterior. Ruego que alguien me traiga agua. Nadie. Ruego que mi compañero de casa escuche mi mensaje. Nada. Ruego que encuentre el termómetro que tenía en Costa Rica. No lo traje.

Pero no rezo. Ni se me ocurre.

Hoy iré a la otra iglesia, a la de la ciencia. A ver si la doctora que le salvó la vida a mi hermano, puede salvármela a mí.

5 comentarios:

Solentiname dijo...

Pucha que le pega a uno duro la realidad cuando uno se enferma. Apenas estés sana, primera parada: farmacia a comprarse todos los remedios que si bien no curan, por lo menos lo hacen sentirse a uno menos mal.

Panda en la bañera... dijo...

sirenita, ya mejórate

Ana dijo...

Ay horror
¡Lo siento tanto!

¿Será el cuerpo expúlsando mala vibra? En ese caso deberías dejarla salir todita...

Humo en tus ojos dijo...

¿y qué dijo la tía Cencia?
Té de boldo, necesitás té de boldo y yo no tengo como pasar a dejarte dos cajas (sí, te oís grave, ocupás dos cajas)

Sirena de mentiras dijo...

Sole: no creás... las gotas de Renikan son excelentes... sin antibióticos, la fiebre anoche ni se apareció... pero ya comencé tratamiento con esas cosas feas que matan bichos...

Panda: ya casi, ya casi...

Ana: sí, mala vibra... pero que me deje en paz!!!!!!

Humo: la ciencia dice que le dé mi alma completita... o mi cartera... y té de boldo no sirve para eso ¡vos lo que querés es amargarme más! ;-)