9.3.09

Una busca y no encuentra. Una encuentra y no mira. Una mira y no sabe.



Muchas veces he pensado, que la felicidad de una sociedad puede medirse por la risa de sus niños. Estaba equivocada. Los niños pueden reír en las situaciones más siniestras. Le encuentran diversión a muchas cosas y pueden construirse un mundo dentro de una caja de cartón (aunque no les dure demasiado y la vida los golpee apenas termina el juego).

Hay cosas que no se entienden con las ideas, con las palabras. No importa cuántos libros leamos, cuántas discusiones terminemos a altas horas de la madrugada. Para algunas cosas (¿más de las que pensamos?) las ideas no sirven para entender. Sirven los hechos.

Cuando llegué a los hechos, mis ideas se pelearon, discutieron, se arrebataron, no estaban claras, no sabían lo que opinan, se contradecían, se enojaban, se resentían, concordaban, argumentaban... hasta que a todo éso, una sola escena le dijo "bah, esas son tonterías, callate y mirá. Mirá, pero limpiate los ojos y guardá tu libreta, olvidate del mundo afuera y tratá de entrar".

Entonces, dejé todas las categorías en mi mochila (y estoy tratando de que no regresen ahora, pero son como un sombrero que he llevado por mucho tiempo en la cabeza) y pude mirar un mundo donde la risa de los niños se acompaña de la risa de sus papás. Cuando una mamá puede reírse sin parar o mirar a su niña reír y no tener que esconder una tristeza, las cuentas sin pagar, los golpes de su pareja, las congojas que acompañan la falta de pago de la renta... algo se detiene en el universo. Yo me detuve. Me detuve, respiré, sonreí, me transformé y me salieron alas. Por eso, no paraba de besar. ¿Cómo se expresa la alegría si no es con besos? (a falta de baile, claro está).

Si se mira desde afuera, parece una ilusión. Parece un engaño. Parece que todo está ahí como en un escenario. Tendemos a no creer que es real, lo que es demasiado hermoso o demasiado contundente. Es más fácil pensar que la vida es como es y que así siempre será. Pero el mundo es como lo vamos haciendo y si lo hacemos entre todos, en 15 años ya podemos decir que lo cambiamos.

Y las palabras son inútiles. Las fotos también son inútiles. No hay forma de contar ni describir. Comencemos pues. No sabemos por dónde, si cada quien por su lado o por el mismo, pero más o menos sabemos cómo.

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