12.4.09

Un sobrenombre malvenido

Los sobrenombres pueden ser de las cosas más tiernas que hay... así como pueden ser despreciables. Creo que depende de quién vienen.

K. me dice (o decía): "Crayola"... ¿qué mejor que ser una crayola que pinta el mundo de colores? Viniendo de él, que me diga Crayola me estremece bonito.

Hoy alguien me dijo "flaquita" por teléfono. Sentí náuseas. La última vez que alguien me dijo "flaquita" por teléfono, lo convertí en el único hombre que he dejado plantado en mi vida. Si se tomaba esos derechos tan fácilmente ¿cuáles otros no se tomaría ya conociéndonos?

Yo no quiero que me digan "flaquita", ni "güerita", ni "pequeña"... Confieso que lo que realmente quiero es que K. otra vez me diga "Crayola" pero ya no se puede. Soy la crayola blanca de la familia y esa ¿pa qué sirve?

5 comentarios:

Panda en la bañera... dijo...

para pintar la nieve!!!!

Ana dijo...

¡¡para dibujar sobre papel de color!!

o sea, sobre todo lo no convencional

Xili dijo...

para dibujar una gran sonrisa sobre el papel más negro :)

Humo en tus ojos dijo...

En la U yo pintaba partes de mis tazas con crayolas. Sirven (sin discriminar el color) para "salvar" (así se dice) un esmalte de otro. Y además dejaban las marcas más bonitas que cualquier otra cosa que se usara para lo mismo.

Ya no me llamo Sirena dijo...

No, si es que tengo unas lectoras de lujo... gracias por la lección queridas chicas