17.4.09

Yoyo-manía (o egotismo)

Recuerdo que en los ochentas, Costa Rica recibió la visita de varios mexicanos vendedores de yoyos. Por todas partes, andaban estos señores haciendo sus trucos. Aparecían en todas las pulperías, vestidos con trajes brillantes y vendiendo yoyos luminosos. Se anunciaban campeonatos de yoyo y mis compañeros de escuela, no hacían más que lanzar y lanzar hasta lograr -humildemente- hacer "el dormilón". No llegaban a mucho más.

Yo nunca supe lanzar un yoyo, como no supe hacer vueltas de carreta y me daba ¿miedo? ¿pereza? tirarme entre el molote que esperaba los confites que caían de las piñatas. Siempre fui una niña extraña.. (¡a poco!).

Acabo de recordar los yoyos. No sé por qué, no se me ocurre otro objeto para hacer metáfora de cuando alguien juega con el corazón de otra persona.

Por supuesto, la otra persona soy yo y el corazón no es otro que el mío. Y tal vez sea injusto decirlo, pero ¡los mexicanos sí que saben dormir un yoyo! ¿o será más bien que les gusta pegarlo contra el suelo y quebrarlo? (y yo sigo sin aprender).


Por algo existe la Asociación Mexicana de Yoyo

Y no se lo tomen a mal... yo sólo hago extrapolación de mis estadísticas.

2 comentarios:

Humo en tus ojos dijo...

Pues sí, de un yo-yo se trata el juego de las proyecciones en el enamoramiento y el desenamoramiento. Yo-yo, lo que veo en vos que me enloquece porque quisiera serlo y no lo soy (pero, surprise, existe todo para serlo). Yo-yo, lo que veo en el ex-sujeto de los suspiros que tanto odio: no es extraño que muy en el fondo haya que reconocer que nos reprochamos de lo mismo. Solo que es más fácil reprochar para afuera.

Sirena de mar y de ambulancia dijo...

¡qué complicado! YO ya no sé ni qué digo ni por qué... Mi YO anda con las antenas perdidas... debe ser el smog.