18.5.09

Nada que lamentar, poeta

Por mucho que digan los dinosaurios, Benedetti es y será un gran poeta. Por mucho que digan los elitistas mierda posmodernos, ellos escriben como escriben, gracias a que Benedetti se atrevió a romper esquemas. Por mucho que los esquemas ya estaban rotos en otras partes, América Latina es una aldea y necesitábamos de un valiente que nos trajera las noticias y escribiera poesía sin recovecos, sin medias tintas y sin poses añejas.

Coloco este poema, no porque sea el mejor (de hecho, ni siquiera está entre os mejores), sino porque me cae. También porque el final, salva todo el camino fácil por donde se escribió lo anterior.

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

o sea, resumiendo
estoy jodido y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también viceversa.


14.5.09

Me muerdo los dedos

Llegué a la casa con ganas de contarte, que hoy me despertaron de improviso del sueño. Según yo, podría seguir sin disfraz, sin tomarme en serio los superfluos asuntos, pero si no tomo el toro por los cuernos, terminarán por volverme loca.

También quise contarte que casi me dan un beso. O que yo pensé que me lo iban a dar. En fin, que me asusté y que ya tengo pruebas de lo que sospechaba. Yo no quiero los besos de nadie. Estoy jodida y radiante, como dice Benedetti.

Pensé en mandarte una canción que dice algo de la "sabia virtud, de conocer el tiempo" pero después leí la letra y dice cosas como "martirizome". ¿Quién escribe palabras como ésa? (también quise contarte que al fin aprendí cuándo se acentúa la palabra "esa", tanto que te costó).

Pero mejor, me mordí los dedos y lo puse todo aquí. Y no es igual ni calma las ganas. Pero me aguanto.

Oh oh

Industrias Superfluas es toda una novela de detectives. Yo estoy en medio de los hilos que pasan de un lado para otro y a veces creo ver claro, a veces no.

Si el abogado no fuera además mi psicoterapeuta improvisado o mi amigo aún no sabemos de qué tipo, creo que me volvería loca.

Me gustaría que mi vida fuera menos dramática. Pero cuando no hay drama yo se lo inyecto en cantidades que podrían matar a un elefante. Cuando no quiero drama, la vida me lo pone en bandeja.

Voy a salir a almorzar conmigo. Tal vez evite pensar y lea a Alessandro Baricco, que ahora es mi nuevo amor.

12.5.09

Recolectando Expresiones II

¿No le pierdes?

A veces, la gente hace cálculos que claramente le favorecen y ponen en desventaja a los demás. Entonces, cuando una se da cuenta puede decir: "¿y no le pierdes?" (simulando que nos preocupa que sea el otro el que quede en desventaja, pero con un tono claramente sarcástico).

El comentario me lo reservo. El verbo perder no es mi amigo últimamente, pero la expresión me gusta.

Estoy de acuerdo con los gatos


(Un regalito de Humo y El Inge)

11.5.09

Salir de la cama

Hoy me toca regresar a las IS. No puedo describir la sensación tan horrible que tuve al despertar. Tal vez la recuerden, es un hueco en el estómago pero no de emoción ni de nervios antes de un examen, es la angustia ¿han sentido angustia alguna vez? La angustia es muda (les gusta decir a los psicoanalistas) y más o menos es cierto... es muda y hay que tratar se sacarle el significado, a veces con cuchillo, a veces con un blog.

No se debe nada más al hecho de haber pasado tres semanas siendo felizmente quien soy, yo-misma, sin disfraces, sin tener que esconder mis opiniones ni mis pulseras chiapanecas. Han sido tres semanas muy duras y cansadas, pero he tenido un viaje fructífero como pocos.

Lo que pasa ahora, es que aparece la incomodidad. Creo que no se debe a México ni a la ciudad (aunque apenas llegué volvió la alergia, la resequedad en la piel y la nariz irritada), la incomodidad está adentro pero aún ni siquiera empiezo a descifrar por dónde viene. No estaba en Nicaragua, no estaba en El Salvador, pero sí estaba en Costa Rica y está aquí. Pero no estaba aquí ayer, está aquí hoy que es lunes y tengo que ir a trabajar a una oficina, a meterme en un rol del que me quiero escapar...

No sé nada aún, pero vienen días extraños. Es probable que el blog se ponga demasiado "querido diario" pero si no puedo pagar terapia, tendré que hacerla aquí.

"hay dias en que valdria mas,
no salir de casa.
si solo era un juego pregunte,
¿donde esta la gracia?"

(Nacho Vegas, Días extraños)

6.5.09

Para el regreso

Ha sido un viaje largo. Horriblemente largo. Cuando digo horriblemente, no se invalida que la he pasado muy bien, he conocido gente con la que puedo sembrar, he podido abrazar a muchos amigos y pude hasta realizar trámites retrasados.

Horriblemente se refiere, a eso de dormir en tres camas diferentes en una misma semana. A dormir en un sofá una semana entera. A llegar a un hotel el lunes y descubrir que el colchón está dañado y que si quiero evitar los resortes reventados, debo dormir en posición horizontal a los pies de la cama. A cambiarme de hotel y al fin, poder dormir.

Horriblemente se refiere, a empacar igual número de veces y a tener la ropa apretujada en una maleta. A estar en uno de mis países favoritos y no tener ganas ni energía para salir a la calle a aventurar

Horriblemente también quiere decir que cuando regrese a México, muchas cosas no estarán donde las dejé y la ciudad me preguntará dónde andaba mientras ella estaba en cuarentena.

Le voy a explicar, le voy a decir que lo pensé y que si hubiera sido un terremoto o alguna situación en la que pudiera ayudar en algo, hubiera regresado. Pero no era. No se puede pelear con un virus que anda por la calle. Tampoco se puede pelear cuando se duda si el enemigo existe, es fuerte o en realidad es débil pero le inflaron el ego. Eso le voy a decir. Ojalá no tome represalias. Esa ciudad puede ser implacable y dura como ninguna.

Si no fuera porque elegí muy bien el par de libros que me traje, hubiera perdido la cordura. He pasado varias semanas sin estar sola ni un momento. Ahora, disfruto tanto de mi cuarto de hotel que no quiero ni salir.

4.5.09

Domingo pasado

Caminamos por Granada. La calzada es de adoquines y los negocios comienzan a ser todos iguales a los bares fresas de La Antigua o de San Cristóbal. Hace calor, pero el viento lo adorna todo y nos refresca un poco. En media calle, varios jóvenes se retuercen haciendo break dance y contorsiones que ya quisieran lograr los de los circos oficiales. Se divierten estorbándole a los carros. Los de los carros amenazan con embestirlos.

- ¿Seguimos o nos devolvemos? -dice N.
- "seguimos" le digo yo, mientras V. y él me siguen.

De pronto, de una gran casa blanca sale el sonido de un piano. Una señora mayor toca un tango. "Es la abuela de Claudia" dice V., y entramos.

El piano tiene un letrero que dice "Nosotros los pianos somos muy delicados y difíciles de reparar cuerdas rotas. Regalamos melodías con caricias. Si usted no sabe acariciar un piano, por favor no me toque. Gracias".

- Tal vez deberiamos usar un letrero de esos -digo yo: "Si no sabés como tratar a una mujer, alejate"

Pedimos algo de tomar. V. se aleja de los brazos de N. y se va a conversar con la pianista.

- ¿Ves? así es la vida (digo yo)... a veces doblamos en la esquina equivocada o nos devolvemos cuando estábamos a punto de encontrar un tesoro.

La pianista se llama Esperanza González. Está los sábados y domingos en una casa blanca. Calle La Calzada de Catedral, 2 1/2 al lago. Granada, Nicaragua.

2.5.09

Un antes y un después

Ayer nació una casa, como nacen los árboles. Será fuerte como un roble y llena de colores, como un durazno en flor con fondo de cielo azul y montaña verde de Chiapas.

La casa tiene ojos de agua, semillas y grandes pies para dar de patadas a los intrusos y los ladrones.

En esta casa, habitará buena gente. De esa gente que es como una mazorca, de donde se alimentan los niños y los pájaros, de donde salen nuevos granos de maíz para sembrar por todas partes.

En sus jardines, se regarán los sueños, se harán las fiestas y se enseñará a bailar. Se aprenderá poco a poco cómo quitar telarañas de los ojos, cómo cambiar los focos por unos que den luz para todos y cómo pintar el mundo de colores.

Ya no puedo esperar para tocar esa puerta y que me dejen pasar a visitarla.

1.5.09

Cambiar de pies

No sé si el zapato es grande o es pequeño. Lo que sé es que es incómodo.
No sé si se debe a mi visita de improviso. No me avisé con tiempo, no me preparé.

Lo que sé, es que ya aquí, yo no tengo una casa. En algunas películas gringas, los hijos que ya no viven son sus papás, cuando visitan, regresan a la habitación donde vivieron su adolescencia. Se ríen cuando ven los posters de los New Kids on the Block en las paredes, se acurrucan con los perros de peluche. En mi caso, esa habitación dejó de existir hace mucho tiempo y desde entonces, no ha habido algo como una casa familiar. Llegar ahora a Costa Rica, quedarme donde mi amiga más antigüa (la que se conoce mi historia mejor que yo), estar rodeada de tanta gente que quiere verme (algo que agradezco y celebro) y tener que seguir con mis ocupaciones... ha sido una dura prueba que voy a pasar, dejando los pelos en el alambre.

No entiendo bien qué pasa, pero sé que tiene que ver con la soledad. Me he acostumbrado a la soledad, a tener más espacios conmigo, a escucharme más y con más calma. Me he acostumbrado a escribir y me atraganto con todo si no tengo tiempo para sacar las palabras. Además, el nomadismo nunca me ha gustado. Salir de gira por una semana y que terminen siendo tres o cuatro, llevar la vida en una maleta y tener la ropa apretujada (un poco como imitando al alma) y sentir de pronto que mi tiempo ya dejó de ser mío... con eso se hace el zapato incómodo.

Y sé que en este instante, en México, se viven otras condiciones que son realmente graves (las mías son apenas un pañuelito al aire, tirado con dramatismo). Leo y leo todo lo que aparece, me peleo con la gente que comenta puras teorías de conspiración (como si el hecho de que en efecto, esto favorezca a ciertas empresas, le restara realidad a los muertos y al desastre), paso pensando en cómo estarán, y de verdad, ya no puedo esperar para regresar.

Ya no sé qué pasará con este zapato. No lo sé. Pero ya no me queda, y no puedo definir si es porque ando los pies hinchados, o si crecieron o qué cosa.