1.5.09

Cambiar de pies

No sé si el zapato es grande o es pequeño. Lo que sé es que es incómodo.
No sé si se debe a mi visita de improviso. No me avisé con tiempo, no me preparé.

Lo que sé, es que ya aquí, yo no tengo una casa. En algunas películas gringas, los hijos que ya no viven son sus papás, cuando visitan, regresan a la habitación donde vivieron su adolescencia. Se ríen cuando ven los posters de los New Kids on the Block en las paredes, se acurrucan con los perros de peluche. En mi caso, esa habitación dejó de existir hace mucho tiempo y desde entonces, no ha habido algo como una casa familiar. Llegar ahora a Costa Rica, quedarme donde mi amiga más antigüa (la que se conoce mi historia mejor que yo), estar rodeada de tanta gente que quiere verme (algo que agradezco y celebro) y tener que seguir con mis ocupaciones... ha sido una dura prueba que voy a pasar, dejando los pelos en el alambre.

No entiendo bien qué pasa, pero sé que tiene que ver con la soledad. Me he acostumbrado a la soledad, a tener más espacios conmigo, a escucharme más y con más calma. Me he acostumbrado a escribir y me atraganto con todo si no tengo tiempo para sacar las palabras. Además, el nomadismo nunca me ha gustado. Salir de gira por una semana y que terminen siendo tres o cuatro, llevar la vida en una maleta y tener la ropa apretujada (un poco como imitando al alma) y sentir de pronto que mi tiempo ya dejó de ser mío... con eso se hace el zapato incómodo.

Y sé que en este instante, en México, se viven otras condiciones que son realmente graves (las mías son apenas un pañuelito al aire, tirado con dramatismo). Leo y leo todo lo que aparece, me peleo con la gente que comenta puras teorías de conspiración (como si el hecho de que en efecto, esto favorezca a ciertas empresas, le restara realidad a los muertos y al desastre), paso pensando en cómo estarán, y de verdad, ya no puedo esperar para regresar.

Ya no sé qué pasará con este zapato. No lo sé. Pero ya no me queda, y no puedo definir si es porque ando los pies hinchados, o si crecieron o qué cosa.

5 comentarios:

Panda en la bañera... dijo...

pues por mientras, quítese el zapato incómodo y póngase pantuflas.
Aqui se le extraña mucho. Tanto que soñe con Xavi!!! que venía y me decía: bueno si caro regresa hasta después ¿podría quedarme unos días? Y yo gritaba de desconsuelo e ira homicida!!!!
Pero luego llegabas tú y lo hacías callar-.
Mucho ánimo caro, estos días son raros y se ncesita temple y paciencia para pasarlos. Pero pasarán.
abrazos.

Solentiname dijo...

Yo también me enojo con la gente que dice que es una conspiración y que en nombre de eso, no toman las medidas y si se resfriaran, capaz que no lo reporten. Tal vez el zapato siempre chimó y ahora sí te das cuenta. En todo caso, me parece que es algo bueno.

Sirena de mar y de ambulancia dijo...

Panda... ¿qué sueños son esos? Qué bueno que lo hice callar... después lo amarré, le corté todo el pelo y lo dejé mirándose en el espejo por cuatro horas seguidas ;-)

Sole: No había pensado si el zapato siempre chimó... pero me tranquiliza que pensés que es algo bueno. Tus palabras siempre me tranquilizan. Abrazos.

Humo en tus ojos dijo...

Más que cambiar de pies parece un cambio de zapatos, tal vez tiene razón Sole, puede que hayan chimado por mucho tiempo y solo ahora que has estado más sola y has conocido otros zapatos es cuando volvés a notarlo. Ojalá que esta mañana, hayan aparecido las sandalias para caminar por aquí y por allá sin que moleste nada.

Humo en tus ojos dijo...

Y bueno, cosa fantástica que ahora la sirena con cola aprenda que también tiene pies y que pueden incomodarse o acomodarse!!!