4.5.09

Domingo pasado

Caminamos por Granada. La calzada es de adoquines y los negocios comienzan a ser todos iguales a los bares fresas de La Antigua o de San Cristóbal. Hace calor, pero el viento lo adorna todo y nos refresca un poco. En media calle, varios jóvenes se retuercen haciendo break dance y contorsiones que ya quisieran lograr los de los circos oficiales. Se divierten estorbándole a los carros. Los de los carros amenazan con embestirlos.

- ¿Seguimos o nos devolvemos? -dice N.
- "seguimos" le digo yo, mientras V. y él me siguen.

De pronto, de una gran casa blanca sale el sonido de un piano. Una señora mayor toca un tango. "Es la abuela de Claudia" dice V., y entramos.

El piano tiene un letrero que dice "Nosotros los pianos somos muy delicados y difíciles de reparar cuerdas rotas. Regalamos melodías con caricias. Si usted no sabe acariciar un piano, por favor no me toque. Gracias".

- Tal vez deberiamos usar un letrero de esos -digo yo: "Si no sabés como tratar a una mujer, alejate"

Pedimos algo de tomar. V. se aleja de los brazos de N. y se va a conversar con la pianista.

- ¿Ves? así es la vida (digo yo)... a veces doblamos en la esquina equivocada o nos devolvemos cuando estábamos a punto de encontrar un tesoro.

La pianista se llama Esperanza González. Está los sábados y domingos en una casa blanca. Calle La Calzada de Catedral, 2 1/2 al lago. Granada, Nicaragua.

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