4.4.10

El retorno de lo reprimido

Sirena es mi mejor parte. No he podido acallarla pero la he obligado a andar por ahí con complejo de inferioridad: calladita, modosita, tímida, insegura.
Pero desde hace días, meses, no sé (es que no le pongo mucha atención cuando ando demasiado ocupada) está punzándome desde adentro. Primero le pidió a su hermano que le hiciera una sirena, después se puso los aretes de sirena comprados en Tlalpan el año pasado. Días después decidió escribir un correo, para saber si era posible perdonar. Ayer compró una sirena de madera para colgar en su nueva casa y hoy envió otro correo otorgando el perdón. Hace rato ya que anda leyendo blogs que no debe, como queriendo reencontrarse con este lugar.
Después habló con el Humo y leyó el blog de Sole. Entonces encontró las razones que necesitaba para convencerse de que volver aquí no es un retroceso, sino una estrategia de supervivencia de la libertad de escribirSE. Se puede bien escribir en otros lugares, pero Sirena necesita escribirse a ella misma y eso no tiene cabida en otro mar.
La autocensura es pésima consejera, cuando una lo que necesita es mirarse las mierdas como son (y también las maravillas). Si una necesita confesarse al espejo y las palabras son el espejo que se tiene a mano, entonces debe hacerlo, sin que importe mucho el nombre o el temor a regresar a un lugar donde alguna vez se fue tremendamente infeliz.
Y por eso estoy (estamos) aquí hoy. Porque hace falta dejar salir a la Sirena. Porque me había equivocado.

3 comentarios:

10.21 dijo...

Sirenita.

Solentiname dijo...

Ni siquiera digo bienvenida de vuelta. Vos nunca te fuiste. La diferencia es que ahora sí te vamos a poder leer. A vos, a la Sirena. Y eso alegra. Así como la cabra tira al monte, la sirena busca siempre sumergirse en sus letras.

Alicia la que hace los trastos dijo...

"La autocensura es pésima consejera". De un día de estos en adelante vas a comer en un plato que dice eso, para que no se te olvide nunca más.