23.10.11

"Tranquilizate"

Lo de los castillos en el aire fue una exageración. La verdad, me pareció linda la figura de los castillos explotando en la cara, pero no era para tanto. Habiéndome llevado tantos trancazos, la verdad es que ya no me hago muchas ilusiones. Me hago ideas.

Hacerse ideas es calcular, medir, imaginar con los pies puestos en la tierra cómo sería si... Es un ejercicio de los más inútiles, claro, pero pues, hay que darle algo para hacer a la mente cuando empieza a darle vueltas y vueltas a alguna incertidumbre.

Y como eran ideas, no ilusiones, todo es más sencillo. Basta con darse cuenta que se trataba de un error, de una confusión, de una hipótesis que no sobrevive a la aplicación del método científico.

Hoy, cuando almorcé con el ingeniero, me quedaron muy claras algunas cosas: no me gusta el ingeniero. Es decir, me gusta lo que él representa, lo que tiene, lo que hace, cómo lo hace, lo que habla, pero no me gusta él.

Y me hizo gracia, porque confirmé lo que hablaba ayer con Anita: algunas personas cumplen funciones en la vida y hay que meterse dentro de esos paréntesis, hacer sustituciones y resolver el problema. Para eso son y a eso llegan.

De ahí, que el hacerme ideas me haya permitido ver qué quiero y qué no quiero. Más que lo que quiero, cómo lo quiero. Ahora es cuándo. Pero ¿dónde?

18.10.11

La vejentud





Sería difícil ponernos al día. Son demasiadas cosas y a la vez, todo sigue exactamente igual. Un poco más cínica, más resistente a los golpes. Como vajilla de melamina, con algunas grietas pero nada grave.


Mis días de juventud han terminado, eso sí. Es decir, me declaro adulta. El otro día leía un reportaje sobre eso y me quedé pensando si el asunto de pasar de la adolescencia eterna a la adultez tiene que ver con el tener hijos (algo que explicaría por qué algunas personas no la alcanzan jamás y siguen viviendo en el hedonismo puro y delicioso, la verdad). Luego pensé que en mi caso, la llegada de mi sobrino tiene un poco ese efecto. Yo me siento responsable de alguien, tomo las decisiones pensando si eso podrá traerle estabilidad a él en el futuro, si con esa decisión me acerco un poco más a la tía que quiero ser. Es algo extraño. Quien no lo ha vivido, tal vez no entenderá.

Pero el paso a la adultez tiene que ver también con otras decisiones: se acabó la búsqueda del poeta, del guerrillero, del que piensa que alcanzar a duras penas el fin de mes y que le corten el celular de vez en cuando es cool y signo de rebeldía. Se acabó entonces, aquel terror a encontrarme de pronto sentada frente a un hombre serio, que usa corbata en su trabajo, que tiene responsabilidades, que supo definir qué quería y lo reinventa constantemente sin hacer saltos al vacío. Se acabó el terror al ingeniero (perdone usté, querido inge, pero así son mis rollos). Se terminó ese huequito en el estómago que me hacía creer que todas las historias tendrían que repetirse y que así como el alma artista de mi madre ha terminado por ser una grulla de origami que se dejó a medio doblar, así igualito algún ingeniero vampiro me robaría la mía.

Y apenas estaba yo descubriendo eso y sonriéndole a un ingeniero en específico, con una corbata en específico, con responsabilidades en específico y unos giros artísticos en el guión (que tampoco exageremos, algo de poeta debía tener)... cuando de pronto él dice:

"es que ese día no puedo, porque quedé de salir con una chica" (ouch)

y más tarde dice:

"pero por ejemplo, la chica con la que me estoy mensajeando..." (re-ouch)

"escribe todo en resumen. Me toma cuatro minutos entender los mensajes. Escribe como 600 palabras por minuto, porque no usa vocales y..." (plop)

-¿Cuantos años tiene? -dije yo

"20"- dijo él (mega-plop)

Y entonces no pude ver ni escuchar nada más, por el sonido de las medallas cayendo estrepitósamente bajo la mesa, sumado a la niebla que hacen los castillos en el aire cuando me explotan en la cara.

Recordé entonces, el asunto del espiral. De cómo podemos pensar que caminamos al lado de alguien sin saber que vamos en diferentes giros de la vida. Recordé aquella frase de mi mamá: "es que cuando usted va, yo ya vengo de vuelta" y comprendí a qué se refieren mis amigas con eso de que los hombres de nuestra edad quieren una de 20 y que el público meta está en los 40s ¿o 50s? (RE-MEGA-PLOP).

Y yo ya vengo de vuelta. En los últimos años he asaltado tantas cunas que corro peligro de ser demandada por madres indignadas, exnovias, amigas con esperanzas, instituciones de protección a la niñez, entre otras. Pero (que siempre hay uno) al parecer me harté demasiado tarde. Cuando ya se ha pasado a la adultez, comienza a enfrentarse una a las crisis de la mediana edad de las criaturas masculinas. Y estoy que me lleva el diablo.

Gracias.