30.6.12

Yo niaputas me regreso a Yucatán

Regresé a leer las entradas de enero de 2008 en este blog. Estaba buscando la foto de las benditas limas que necesito para la sopa de mañana. ¿Se acuerdan de las limas? Pues mi papá no. Me trajo unos limones extraños que no provienen del mismo árbol del 2008. Pero tengo un plan b.

En ese mismo mes, me encontré esto:

" La única manera de saltar de escenario es olvidarse del público. De otra manera, se termina siendo esa que regresa al escenario inicial a tratar de teñir de luces extravagantes lo que en palabras no se puede decir, como si le debiéramos a alguien el tiquete del viaje y lleváramos facturas que justifiquen el gasto. La única manera de cambiar de escenario es pagarse una misma el tiquete, no dejar deudas ni casas abiertas llenas de muebles a donde regresar. No se debe pensar en regresar, aunque se vaya a regresar de todas maneras. Cada escena debe vivirse como si no hubiera otra escena posible".

No me había ido a México aún. Ni siquiera sabía que iría. Es decir, conscientemente no sabía que iba a saltar de escenario pero evidentemente ese párrafo delata al inconsciente. Y lo más raro de todo, es que es perfectamente descriptivo de lo que pasó después. Pagué mi propio tiquete, no dejé deudas ni casa a dónde regresar. Pensé incluso en quedarme. Vivía cada escena y cada día como si no hubiera mañana o un pasado.

Pero de todos los viajes, una siempre se trae algo. Del primer viaje a México me traje una promesa vacía, una ilusión que terminó convirtiéndose en lo que parecía un cáncer o dolía como una muela podrida. La muela la extirpé y dolió pero después de un tiempo solo queda el recuerdo.

El recuerdo de que en el 2008 esa sopa de lima la hice para alguien. La hice para sumarle a esa ilusión. ¡Qué tan maravillosos mis amigos y amigas que se apuntaron a esa locura junto a mí! Tienen que estar bien locos todos. Por eso los amo tanto.

Y esos locos (algunos) vendrán mañana a la segunda sopa de lima. Vamos a esperar resultados de las elecciones en México, porque si algo no se muere en este mar es la esperanza, el amor y la ilusión. Y es posible que esta vez, también haya un fraude de por medio. Ya veremos. Lo que me importa de aquel fraude, del más grande fraude del que mi amor ha sido ¿cómplice?, no queda más que una sorpresa pequeñita por dentro. Esa sorpresa de descubrir la magnitud de mi voluntad y la enorme fe que tenía en las leyes de la poesía.

¿Tenía? A veces creo que no. A veces siento que Sirena sigue ahí, por debajo, llenando todo de burbujas de colores que explotan en la boca.


1 comentario:

La de la pila de los trastos dijo...

Resistencia bloguera. Esto me recuerda que debería volver pero saltando de escenario. Si es que lo logro entre uno y otro lugar.